Argentina Política

Pacificadores, con presencia, se buscan

Opuesto al polo Cristina-Macri, Rodríguez Larreta, pretende tomar la posta política sin descuidar la gestión en CABA. Pese a la "traición" monetaria, no desdeña a Alberto.

Pacificadores se buscan. En la ciudad y en el campo, polos absurdamente conflictivos que contribuyen a que la Argentina no funcione como el faro latinoamericano, coronavirus no tan al margen. La vicepresidenta, con su carta, mostró cartas, previniendo antes que otros/as lo que podría acontecer de aquí a fin de año, y expuso: háganse cargo. ¡Apúrense! Le compete a ella lo que pase en el Frente de Todos, la coalición que prohijó el año pasado para acabar con el “nefasto” macrismo. Pero, también existe un conglomerado opositor, donde hay destaques inevitables, que aprendieron a jugar a las escondidas. Peligroso.

Es el caso del jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, en apariencia ya sin el paraguas del expresidente. El sitio EP, dentro del nerviosismo general y con hombres de armas tomar dando vueltas, consignó hoy que los moderados de Juntos con el Cambio, no quieren echar leña al fuego. Es más, si pudieran evitarían los desprendimientos de la grieta y pasarían a desechos el caos energético que transmiten los “duros”, caracterización considerada como una pavada por el “halcón” Miguel Pichetto.

Larreta es el eje central de una maquinaria que trabaja 24 horas en la gestión de la ciudad y, a pesar de que sufrió un sacudón en el bolsillo, alienta contribuir con el andamiento del presidente Alberto Fernández. Ser un pacificador del perenne desencuentro nacional – supone -, lo catapultaría hacia el lugar que por ahora no nombra (la Rosada), poniendo en caja a “los talibanes”. No se lo ve muy activo para neutralizar a los ultras, lo que no significa que se mueva con sigilo por detrás. Eso sí, la sociedad está esperando otra cosa. Ya lo dijo Cristina: la paciencia se agota. Y eso no es aconsejable, en vísperas de la temporada de las fiestas y la temporada de verano.

El pacificador protege ambos derechos

Según EP, disgustaron a Larreta, Diego Santilli y cía. “las reapariciones revanchistas” de Mauricio Macri, trocando el cartel de “Sí, se puede”, otro que dice “volveré”, en un símil burlón de una vieja consigna peronista. Su final económico estrepitoso, no le impide exhibir como un logro la terminación de su mandato. Otra cosa es retornar, rumia Horacio, ignorando el crecimiento de sus discípulos y las pretensiones de las fuerzas aliadas, entre ellas el radicalismo fragmentado.

Larreta rechaza por igual a Macri y Cristina. Alienta que el diálogo institucional pase por otro lado. Venía funcionando como un reloj suizo con Alberto y Axel Kicillof, hasta que le recortaron la coparticipación.

Esperar y ver que pasa no pareciera lo más aconsejable. Pero Larreta es un empecinado de la prudencia y está convencido que no hay que apartar a los que Macri le sacó tarjeta roja. Por el contrario, seguirá avanzando hacia una vertiente peronista republicana y democrática, como propone Pichetto, aún con sus graves barquinazos que minan en lugar de catapultar un remanido Pacto de la Moncloa. Hoy se apersonó en Entre Ríos, al lado del exministro Luis Etchevehere.

Larreta escucha y delega. Pero es el que manda, con un liderazgo dispuesto a poner en la misma carpa a Rogelio Frigerio, Emilio Monzó y otros peronistas no kirchneristas.

“Ojala tuviera un Horacio como jefe de gabinete”

Se pone, con razón, un escalón arriba de María Eugenia Vidal, que es ponderada pero carga con la derrota en la provincia de Buenos Aires. “Inevitable”, afirman que dijo sobre la candidatura de Mariú en el principal distrito, donde es la que más mide de la coalición opositora.

No es hora de apurar la compulsa electoral. El ministro de Salud, Fernán Quirós, está en una grilla delante de otros tapados: Federico Di Benedetto, de comunicación, contenidos y participación ciudadana; y Fernando Straface, de relaciones internacionales.

En el PRO porteño todos eran macristas. Santilli, cuando lo consultó hace un tiempo Humanidad, dijo con tono canchero que el peronismo había quedado en el pasado. Ahora rebobinó y canta la marchita. Larreta no llega a tanto, pero entiende los tiempos y el pragmatismo de la fuerza rectora política desde hace 75 años.

EP contó que a Larreta le resuena gratamente lo que le dijo Alberto al despedirse luego de una reunión por el coronavirus: “Ojalá tuviera un Horacio como jefe de gabinete”.

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