Literatura

Perdido

Un relato mas.

Sin rumbo y sin remos, Tomás se encontraba solo en el océano. Ya no recordaba cómo había llegado allí ni con qué alimento había sobrevivido. Lo único que sabía era que estaba perdido.

Acostado en el bote miraba al cielo que se dejaba acompañar por un bello y colorido amanecer. Aquello alumbró los ojos y el rostro de aquel muchacho. Veía al día nacer y a las olas haciéndose grandes para luego chocar contra la propia base que antes las había erguido.

Escuchó el sonido de unas gaviotas. Eso le llamó la atención pero no le causó ningún sentimiento. Ya no sentía euforia ni angustia. Lo que recibía a través de sus cinco sentidos no le movían el alma, si es que esta seguía allí.

Con el pasar del tiempo el joven iba cambiando de posiciones. Se sentaba, se volvía a acostar, se sentaba en la otra punta de su pequeña embarcación. Esos eran sus únicos movimientos, movimientos que parecían encarcelarlo o limitarlo. Pero Tomás no lo veía así. Él tenía frente a sus ojos el escenario más maravilloso de la Tierra.

Estaba perdido en el corazón de la vida, pero aún le quedaba algo de aliento. Y lo último en lo que él pensaba era en la muerte, porque sabía que eso no le serviría en nada. Así siguió viajando hasta que un día se encontró y se volvió a perder, y se volvió a encontrar.

Escritor y estudiante. Fundó Humanidad el 2016 a sus 15 años de edad.

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