Internacional

Plebiscito contra Trump

Fara destaca la gran movilización de votantes. Biden, con 9 millones más que Hillary Clinton en 2016, es el segundo católico que llegará a la Casa Blanca, 60 años después de JFK.

Por Carlos Fara

60 años después otro demócrata, otro católico llega a la Casa Blanca, también peleando voto a voto hasta el final y con una alta participación. En 1960 JFK obtuvo solo 110.000 votos más que Richard Nixon, aunque estuvo cómodo en el colegio electoral. Quizá confirme una leyenda que dice que cada 30 años seguro le toca a los demócratas: Roosevelt, Kennedy, Clinton, Biden.

Con el resultado casi definitivo ahora sí se puede ver qué se le escapó a Trump de las manos: Arizona, Wisconsin, Michigan, Pensilvania y Georgia. Si se suma la diferencia de votos a favor de Biden en los últimos cuatro estados mencionados (donde estaban en juego 52 electores), todo dependió de 214.000 sufragios en un país donde votaron más de 145 millones. Con esos 52 electores del otro lado, hoy los titulares serían completamente distintos. Así de finita y concentrada es la mira que se debe hacer territorialmente de la elección.

Esos cuatro estados no son los únicos en donde hubo diferencias pequeñas. Sin embargo, eran Estados claves, porque Wisconsin, Michigan y Pensilvania eran demócratas hasta 2016 cuando se impuso el magnate y ahora volvieron al redil. Los republicanos tendrán que poner la lupa en Arizona y Georgia que eran considerados terreno propio en las ultimas cinco elecciones presidenciales previas (desde 2000).

Pero eso no es lo único que se debe observar, porque Biden –que ahora es el candidato más votado de la historia del país en votos absolutos- obtuvo 9 millones más que Hillary hace cuatro años, ¡pero Trump cosechó 7 millones más! Es decir que ambos bandos generaron una movilización mucho mayor esta vez. Este dato es interesante porque el comando de campaña demócrata, consciente de que ya no podría dar vuelta votantes del actual Presidente, se focalizó en incrementar la participación para convertir el comicio en un plebiscito contra el republicano.

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“Tienes deudas sin pagar; venimos a cobrarlas/Te vamos a matar con odio; sin ningún respeto”. Esta es una de las estrofas de la nueva canción de Boy Dylan, rememorando el asesinato de JFK, en 1963.

Trump no solo incrementó mucho su votación absoluta, sino que además hizo una elección mucho mejor a la proyectada. De los 51 distritos perdió participación porcentual en solo 6 (casi todos demócratas), creció en 11 (cinco demócratas y seis republicanos) y se mantuvo en los restantes (+/-1 punto). Y ni hablar de los 12 puntos porcentuales de progreso en Alaska y Utah.

El otro punto importante es que, más allá de los estados swingers, también hubo cambios relevantes en el compartimiento de los segmentos. Con las encuestas a boca de urna que se conocen hasta el momento, es cierto que las mujeres favorecieron al demócrata en detrimento del republicano, pero éste mejoró levemente entre ellas, mientras que decreció en los varones donde casi empata con Biden. Este también mejoró su participación entre los evangélicos, aunque fue superado ampliamente.

Lo más llamativo quizá sea la mejora de Trump en los afroamericanos, teniendo en cuenta que esta vez participaron muchos más. Algo semejante sucedió con los hispanos, que siguen siendo mayoritariamente demócratas pero menos que antes. Por ejemplo, en Florida, Ohio y Georgia el avance republicano en este segmento fue notable. Este es un llamado de atención para el partido de Biden.

¿Cuál es la gran conclusión de estos intercambios de votantes? Que todos los bastiones son cada vez menos inexpugnables. Es decir, están cada vez más abiertos a la competencia entre los actores. Este proceso, que en un paper hace 26 años hemos denominado “desregulación del electorado”, es un proceso que llevan los electorados en los últimos 40 años y que se profundiza con el tiempo. Esto debe a una multiplicidad de causas, pero sobre todo porque los factores coyunturales (por ejemplo, la imagen de los candidatos, evaluación de una gestión, las estrategias de campaña) desplazan a los estructurales (variables sociodemográficas, tradiciones partidarias) en la incidencia del voto.

Cuando Obama ganó su reelección en 2012 había analistas que decían que, si fuera por los cambios demográficos, en EEUU difícilmente volverían a ganar los republicanos dado el crecimiento constancia de las minorías. Pues parece que todo es un poco más complejo.

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