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Francisco pidió alejarse de los “pesebres de la vanidad”

En una misa solitaria por la pandemia y apremiado por el toque de queda dispuesto por el Gobierno italiano, el Papa dijo que las personas hablan mucho, pero a veces son "analfabetas de bondad".

En una misa de Gallo marcada por la pandemia de coronavirus, Francisco pidió alejarse de los “pesebres de vanidad” y convocó a liberarse de “los círculos viciosos de la insatisfacción, de la ira y de la lamentación”. Propuso, en su lugar, “consolar las lágrimas de los que sufren”.

“Solo el amor de Jesús transforma la vida, sana las heridas más profundas y nos libera de los círculos viciosos de la insatisfacción, de la ira y de la lamentación”, planteó Jorge Bergoglio durante la celebración, más corta que en años anteriores para asegurar su fin antes del toque de queda dispuesto por el Gobierno italiano.

En esta ocasión, Francisco estuvo acompañado por sus concelebrantes y por unos 150 fieles, religiosos, religiosas y residentes del Estado pontificio, todos separados y con mascarillas.

En su homilía el pontífice explicó que la Navidad es un periodo que permite a los fieles “nacer interiormente de nuevo” y por eso lanzó un mensaje de fraternidad y religiosidad, citando incluso a la poetisa estadounidense Emily Dickinson.

Francisco se preguntó por qué el Mesías nació de noche, pobre y rechazado, sin un alojamiento digno: “Para hacernos entender hasta qué punto ama nuestra condición humana: hasta el punto de tocar con su amor concreto nuestra peor miseria”, sostuvo.

La Plaza San Pedro, por la pandemia, se mostró espectral

Por esa razón este periodo de renovación espiritual se antepone a la conducta de los hombres de nuestro tiempo que “hambrientos de entretenimiento, éxito y mundanidad” alimentan sus vidas “con comidas que no sacian y dejan un vacío dentro”.

Porque las personas, dijo, “hablamos mucho, pero a menudo somos analfabetos de bondad”.

“Es verdad: insaciables de poseer, nos lanzamos a tantos pesebres de vanidad, olvidando el pesebre de Belén. Ese pesebre, pobre en todo y rico de amor, nos enseña que el alimento de la vida es dejarse amar por Dios y amar a los demás”, apuntó.

Así, llamó a atender a las necesidades del prójimo: “Su amor indefenso, que nos desarma, nos recuerda que el tiempo que tenemos no es para autocompadecernos, sino para consolar las lágrimas de los que sufren”.

Fuera, la plaza de San Pedro aparecía espectral en una nublada jornada romana, iluminada eso sí por el árbol y el Portal de Belén pero solo poblada por unas patrullas de policía encargadas de la seguridad y de vigilar el cumplimiento de las normas.

En la mañana del 25 de diciembre Francisco leerá su mensaje de Navidad e impartirá la bendición “Urbi et Orbi”, dirigido “a la ciudad y al mundo”, dentro del Palacio Apostólico y no desde el balcón de la logia central de la basílica de San Pedro.

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