Opinión Política

¿Qué pasa cuando alguien llega tarde?

Con una crisis profunda e integral de fondo, Fara resignifica las elecciones de 2021 y destaca que ningún objetivo se alcanza sin visión estratégica. Inversionistas vs. apostadores.

Por Carlos Fara (7Miradas)

Hace un año atrás Alberto era Gardel, con altos niveles aprobación, imagen positiva y consenso. Había alumbrado algo parecido a un líder. Cristina estaba atenta desde el Senado. Horacio Rodríguez Larreta era el jefe del gobierno de la CABA, sin carisma pero hábil gestor, obligado a ser muy prudente después de la derrota electoral de Macri en la presidencial. El ex mandatario se había retirado con el 40 % de los votos, premio superlativo para alguien con mucha imagen negativa.

Hoy Rodríguez Larreta es el dirigente con mejor imagen de la Argentina, Alberto perdió al menos la mitad del cénit de lo que había logrado 12 meses atrás, Cristina sigue con su alto nivel de rechazo, solo superado por Macri a veces. En abril de 2020 el actual primer mandatario iba camino a la reelección, su antecesor no tenía posibilidades de volver. Juntos por el Cambio no tenía candidato competitivo porque su líder estaba desgastado y el actual alcalde porteño tenía intenciones pero no se sabía de qué madera estaba hecho.

Todo eso pasó en solo un año, de modo que aferrarse a la foto para predecir la película no parece ser un ejercicio inteligente. Las tres últimas elecciones legislativas (2009, 2013 y 2017) no lograron proyectar qué iba a suceder en la presidencial siguiente. Esto es importante para los que piensan – desde ambos grandes bandos -, que sin 2021 no hay 2023. Diría que “puede pasar cualquier cosa”. La crisis mundial es tan profunda e integral que todavía estamos asimilando los virajes conceptuales a que nos obliga.

Frente a semejante dinámica, los cortoplacistas de profesión se reafirman en su concepto de que “esto es muy dinámico, todos los días puede cambiar, por lo tanto no planifiques mucho porque no se sabe qué va a pasar”. Son los devotos de la estrategia del “vamos viendo”. Esa actitud guarda en su interior varios errores:

  1. Ningún objetivo relevante se alcanza sin visión estratégica, lo que no significa aferrarse a un camino pase lo que pase. Las vueltas de la vida hace que lo táctico deba estar en revisión constante. Pero los amantes de los cambios de viento siempre tienen las velas alzadas para que la fuerza de la naturaleza los lleve a donde sea. Los estrategas alzan o bajan las velas dependiendo de a dónde quieren ir. Los más profesionales se compran un motor para navegar hacia su destino pase lo que pase. Las tormentas que se encuentran por el camino retrasan pero no desvían.
  1. Ningún objetivo relevante se logra sin tiempo (si se quiere ser líder, no es el caso de Alberto). De modo que la lógica del “vamos viendo” se termina de convencer que como todo es tan dinámico, hay que esperar a la última jugada para hacer el gol que selle la suerte del partido. Lo que no contempla es qué pasa si el rival va 4 a 0 arriba, porque eso solo tiene sentido cuando el partido está implacablemente empatado y el triunfo está para cualquiera de los dos. Es cierto que el tiempo puede desgastar a cualquiera, por ejemplo Rodríguez Larreta. El tiempo, como todo, es un arma de doble filo: puede matar o cortar amarras para tener libertad.
  1. Todo posicionamiento adecuado, blindado, inatacable, lleva mucho tiempo. De modo que los tácticos nunca pueden asegurar un triunfo, salvo comprarse un billete de lotería a ver si aciertan y se convierten en millonarios. Eso sucede muchas veces, aunque el que hace una apuesta diaria solo a veces termina recuperando lo que invierte a lo largo del tiempo.

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Todos los jugadores que quieren tener alguna chance en 2021 y 2023 ya están trabajando para no depender exclusivamente de los vientos que ofrece la naturaleza. Algunos mejor, otros peor, algunos más rápido, otros más lento, pero TODOS YA EMPEZARON. Estos “inversionistas de largo plazo” saben o intuyen dos cosas: a) la opinión pública sedimenta muy lentamente, y b) aplicar una estrategia es como hacer un giro de 180 grados de un trasatlántico, lleva mucho tiempo y esfuerzo.

Por eso los interesantes son los que ya están trabajando, con bajo o alto perfil, no necesariamente los que ya delataron sus intenciones para este año, o para dentro de 2 años y medio. La actitud más profesional de los inversionistas de largo plazo hace que su probabilidad de instalarse sólidamente en un nicho complica la tarea posterior de los apostadores de lotería, que cuando llegan al territorio ya está bastante loteado de antemano y cuesta desalojar a los pioneros.

Cuando alguien llega tarde –al cine, al restaurante, a la playa, a la política- se tiene que conformar con lo que hay. O depender de un gran golpe de suerte.

¡Felices Pascuas! No se olviden que poner la casa en orden es tarea de todos!

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