Argentina Política

Abollados, Alberto y Cristina apelan a Massa para resolver la crisis del Gobierno

Las renuncias de funcionarios kirchneristas, conmocionaron al Presidente y crearon una situación institucional compleja. El cachetazo de las PASO sacudió a la coalición peronista, camino a las legislativas de noviembre.

¿La sangre no llegará al río o por, el contrario, está en marcha un autogolpe, como denunció, abrazada “a la religión y a la voluntad de Dios”, Elisa Carrió, desde su casa de Exaltación de la Cruz?

Con un expresidente (Eduardo Duhalde) anticipando escenas de “violencia callejera”, ayer se produjo una grave crisis en el Gobierno. Protagonistas: el presidente Alberto Fernández y los ministros que le responden (más gobernadores, dirigentes cegetistas un tanto lerdos y movimientos sociales que lanzaron para hoy una convocatoria a Plaza de Mayo), y la vice Cristina Kirchner, quien mandó a renunciar (no en forma indeclinable) a los miembros del gabinete K (encabezados por el ministro Wado de Pedro), pero suavizó la embestida (o “presión”) llamando al ministro Martín Guzmán, para aclarar que no es cierto que estuviese propiciando su despido. Todo, claro, derivación, del soberano “cachetazo” que recibió el domingo pasado el Frente de Todos en las urnas, en la encuesta en tiempo real (por las PASO), que dejó tendida la mesa para las elecciones de medio término del 14 de noviembre. Los parrilleros todavía tienen margen para conseguir más carne.

¿Posibilidades de recupero para el oficialismo? Pocas si uno se atiene a las condiciones objetivas que llevaron al tropezón, caída y trifulca, que catapultó a Sergio Massa al rol de componedor, con visos de retornar a un puesto clave en la Casa Rosada. Pero, si se toma en cuenta la volatibilidad de los descontentos votantes, más el porcentaje (¿un 10 o 15 %?) que participaría de la compulsa dentro de un par de meses, es posible que se achiquen las diferencias y se logre preservar los trapos a través de un acuerdo con los moderados de la oposición; que, esta vez, optaron por no hacer bulla ni se aprovecharon de la debilidad manifiesta que exhibió Alberto.

Horacio Rodríguez Larreta, el laborioso hombre fuerte de Juntos (sin el aditamento por el cambio, que le mochó a Mauricio Macri), se dejó ver en una confitería de Palermo dialogando con Diego Santilli, en apariencia ajenos al desbarajuste institucional, según dejaron trascender sus voceros.

Así, con cascotes, dirimen sus diferencias los peronistas. “En 48 horas estará todo resuelto”, aseguró a Humanidad un ferviente adherente de Cristina que, al mismo tiempo, pregona por el sostenimiento de Alberto con un razonamiento simple en medio de la complejidad: “Tenemos que identificar  al enemigo que está afuera y no adentro”, señaló. No dejó de hacer notar su estupor e indignación por el número de adhesiones recogidas por Javier Milei, superando al “verdaderamente liberal y democrático (sic)” Ricardo López Murphy.

La armonía preelectoral quedó hecha añicos tras la paliza en las PASO

La turbulencia – Santa Rosa llegó para quedarse -, conllevaría un aterrizaje forzoso. En la cabina viajan más de 45 millones de argentinos. Ricos, pudientes en distintos niveles, franjas de clase media que se resisten a ser condenados a la malaria sin fin, postergados, pobres, planeros, cuentapropistas, marginales, quisieran toparse con dirigentes políticos capaces de ponerse de acuerdo. ¿Para donde enfilará el país? Hace falta un programa que entusiasme y armonice la convivencia interna. Riquezas naturales, sobran. Con un “muerto-vivo” que debe espantar Guzmán, comisionado ante el Fondo Monetario Internacional.

Es difícil hacerlo sin felonías. Mientras más se rechaza el calificativo de traidor, más se nada en un mar de trampas, festejos y publicidades engañosas. Por un lado, danzan los que viven de la política, y por el otro transpira el grueso de la población, con barbijos, pues el virus aminoró su letalidad, pero sigue al acecho. La realidad colocó como prioridad la reactivación del aparato productivo,el control de la inflación y la inseguridad, la vuelta a clases presenciales y el fomento del turismo interno.

Continuará la coexistencia de núcleos radicales opuestos. La antigua dicotomía peronismo-antiperonismo se transformó en kirchnerismo-antikirchnerismo. No se disipará por arte de magia. Aprender vivir con libertad responsable y respeto llevará su tiempo y – como dijo la albertista Sabina Frederic -, no será “aburrido” como en Suiza.

En el ojo de la tormenta, Guzmán recibió el llamado de Cristina

Sin subestimar los riesgos de desbordes luctuosos, la pelea coyuntural tiene un aroma a conventillo. ¿Es tan poco inteligente Cristina para planificar voltear al Presidente por ella señalado? ¿Es útil para Alberto sostener a “los funcionarios que no funcionan”, después de reconocer errores, sin aplicar correctivos? ¿Con el viento a favor de las PASO, no debiera la oposición congeniar puertas adentro y tomar recaudos para transitar lo que resta para llegar a la renovación presidencial de 2023 y ofrecerse como alternativa seria?

Algún psicólogo por ahí insinuó una peligrosa tendencia al suicidio, que podría desbaratarse si el genio de la lámpara concede el deseo de lograr un Alberto reforzado, que facilite la transición y aplaque, por ejemplo, las diferencias con La Cámpora. Además de amortiguar la disputa por el poder en la que están embarcadas las dos grandes y heterogéneas coaliciones, la izquierda intransigente y el singular “liberal” Milei, quien alabado por Domingo Cavallo y secundado por jóvenes que exhiben simbologías nazis, solo acepta abrazarse con Patricia Bullrich. Pero llama “zurdo de mierda” a Larreta, el líder en construcción del centro-derecha. ¿Qué diría si viviese Torcuato Di Tella?

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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