Sociedad Tecnología

Discursos del odio a la orden del día en Chile y la Argentina

Una investigación de la ONU afirma que los discursos de odio - en especial de género, pero también políticos - proliferan en las redes sociales de la región y coartan el debate civilizado y democrático.

Insultos, descalificaciones, amenazas, violencia y manipulación de la información proliferan en las redes sociales y más allá. El discurso público se está convirtiendo en un arma para cosechar ganancias políticas, con una retórica incendiaria que estigmatiza y deshumaniza a las minorías, los migrantes, los refugiados, las mujeres y todos aquellos etiquetados como “los otros”, afirmó las Naciones Unidas, en son de aplicar un plan de acción de lucha contra la intolerancia.

En este marco, una investigación regional aportó un contundente análisis de datos sobre el fenómeno en el Cono Sur latinoamericano. “El actual contexto de extrema violencia y viralización de discursos de odio en redes sociales – y en el entorno digital en general -, está limitando la libertad de expresión”, consignaron las autoras del estudio de la asociación civil Comunicación para la Igualdad, con el apoyo de la Fundación Heinrich Boll Cono Sur. Y esto vale “especialmente para los colectivos sociales y políticos habitualmente discriminados y marginalizados”, precisan.

“Nuestra investigación confirma que la violencia creciente está haciendo que estos colectivos se retiren de las redes sociales”, sostuvieron las responsables de la investigación, llevada a cabo en Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay.

En lo personal, me he visto enfrentada a discursos que utilizan la muerte como soporte para infundir temor, recordándonos que, como mujeres, podemos ser asesinadas en cualquier momento por alguien de nuestro entorno”, contó a DW la chilena Karen Vergara Sánchez, activista y comunicadora feminista. 

La proliferación del odio antigénero en la Argentina es una de las más altas de la región

“Lo que buscan estos discursos degradantes, humillantes y violentos es apartar de internet a quienes han utilizado estas plataformas para alzar la voz”, apuntó Vergara Sánchez, también magíster en estudios de género. “Cuando una mujer o una disidencia LGBTQI+ se va del espacio digital, se silencia una voz”, lamentó.

El trabajo incluyó el minucioso análisis de cuentas de Twitter de los cuatro países investigados, a lo largo de 12 meses; así como entrevistas en profundidad a referentes feministas de la región activas en las redes sociales.

“Decidimos focalizar nuestro análisis en el activismo feminista, como eventual centro de agresiones, preocupadas por la violencia creciente hacia este que veíamos en redes sociales”, explicó Sandra Chaher, coordinadora del estudio, en diálogo con DW.

“El 100 por cien de las y los activistas feministas que formaron parte de la investigación fue víctima de violencia, y, a partir de esto, el 50 por ciento redujo el diálogo con los sectores antigénero; y entre el 30  y el 60 por ciento dejó de leer las notificaciones de los muros de sus redes sociales”, compartió Chaher.

Al tiempo que sumó otro dato preocupante: “La violencia traspasa las redes sociales”, aseguró. “El 46 por ciento de las y los activistas que entrevistamos recibieron violencia también en su teléfono personal o correo electrónico, y el 33 por ciento en la vía pública”, detalló.

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¿Es este un fenómeno exclusivo de la era digital? No precisamente. “Siempre hubo diferentes tipos de discriminaciones y exclusiones relacionadas con la raza, el género, la orientación sexual, religión, clase social, etc., y vinculados, en general, a momentos históricos de carencias económicas, desigualdad y polarización política”, indicó la experta argentina.

“Sin embargo, las redes tienen algunas características que los potencian: viralización, anonimato y algoritmos. que ya de por sí son discriminatorios y, a su vez, fomentan las ‘burbujas’ sociales, políticas y temáticas”, sostuvo.

Efectivamente, la violencia colabora en la consolidación de “burbujas” al interior de cada universo ideológico afín, ya que los mensajes agresivos ocasionan el bloqueo de usuarios, la no lectura de comentarios, y la consiguiente reducción del intercambio de opiniones.

En este sentido, según el estudio, Chile y Argentina fueron los países donde más aumentó la violencia “antigénero” a nivel regional, y como contracara, donde menos debate hubo entre los dos sectores involucrados: activistas feministas y sectores “antigénero”.

En Uruguay, en cambio, las agresiones fueron menos frecuentes y se registró un aumento del debate.

Así las cosas, un nuevo marco regulatorio, y un trabajo conjunto entre los Estados, las empresas proveedoras de servicios de internet y las redes sociales, son algunas de las propuestas consignadas por las referentes, con el fin de contener la proliferación de estos discursos violentos.

No obstante, “los discursos de odio pierden asidero cuando ya no tienen público en el cual reproducirse”, recalcó Vergara Sánchez. Y llamó a la responsabilidad individual, dentro y fuera de las redes.

  • Informe de la Deutsche Welle

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