Literatura Sociedad

El verdugo del pensamiento bondadoso

El País escribió sobre "Estados alterados", un ensayo inédito en el que Fogwill (1941-2010), dejó su visión sobre "la victoria económica de los poderosos" para seguir haciendo sus negocios tras la última dictadura militar.

Por José Pablo Criales (El País)

La leyenda que le acompaña a más de una década de su muerte dice que, en un par de noches en vela y dosificando 12 gramos de cocaína, Rodolfo Enrique Fogwill vislumbró el resultado de la guerra de Malvinas con una historia que escribió en trance mientras se desenredaba la rendición argentina. Pero Los pichiciegos, la novela que lo encumbró en 1983 imaginando la miserable supervivencia de un batallón que se escondía, no surgió de una desazón política. El escritor la imaginó como una respuesta voraz al discurso patriótico con el que la dictadura militar buscaba justificar el conflicto con el Reino Unido. “¡Hundimos otro barco!”, le escuchó gritar a su madre, tal como contó a este diario en una de sus últimas entrevistas, y el resto es la novela que empezó esa tarde. Sin orgullo nacional, con la derrota hecha hambre, no le obsesionó la pelea, sino cómo un grupo de adolescentes podría negociar comida a cambio de información para las filas enemigas.

La escritura de Fogwill (Buenos Aires, 1941-2010), fue una trinchera que disparó fuego amigo contra la hegemonía cultural argentina. Si en la agonía del proceso militar su narrativa se enfocó en la ironía del relato nacionalista, la democracia encontró en su obra ensayística una voz crítica contra las fuerzas que cantaron victoria tras la caída del régimen militar. Estados alterados, un ensayo inédito publicado este mes por la editorial Blatt & Ríos, da cuenta de sus últimas reflexiones en torno al Proceso de Reorganización Nacional – –como se autodenominó la junta militar que tomó el poder en su país tras el golpe de Estado de 1976 -, y el trágico viraje económico que, en visión del escritor, comenzó con la dictadura y se perpetuó en los tres gobiernos democráticos que le sucedieron hasta el estallido de la crisis en 2001.

Escrito en el año 2000, el libro se forma a partir de una serie de columnas encargadas para el regreso de la revista El Porteño, nacida en 1982 como uno de los bastiones de la cultura contra el régimen y disuelta en 1993. Una década antes, una bomba había explotado en su redacción tras la publicación de un reportaje sobre el robo de bebés durante la dictadura. En su regreso como columnista para la edición del 2000, Fogwill advierte sobre escribir en un “contexto” donde lo publicado se adscribe al pensamiento imperante, “en el turno de policías buenos y criminales malos, en cuyo transcurso nadie se va a tomar el trabajo de hacerle algo”.

Sociólogo y experto en mercadotecnia antes que narrador laureado y poeta maldito, Fogwill, que firmaba sus libros con el apellido a secas consciente de la creación de su personaje, hizo fortuna como publicista hasta que perdió todo en 1981. Fue apresado durante seis meses por “subversión ideológica” y salió de la cárcel arruinado, como le contó a la cronista Leila Guerriero. Después aceptó la dirección de la agencia del hijo del general Roberto Viola, presidente de facto en ese momento.

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Asumiendo la ironía de saberse “colaboracionista”, de haber jugado con el poder económico y conocerlo por dentro, Fogwill critica un contexto cultural que impone un relato, pero pierde en el fondo. “La victoria político-cultural de este Proceso es la coronación, a la vez que el disfraz, de la victoria económica de los poderosos, de los que, para seguir haciendo negocios, permanecen callados”, escribe en Estados Alterados.

La transición a la democracia llevó las violaciones de los derechos humanos a un primer plano, pero debajo se escondió lo que el autor define como un “proceso de redistribución regresiva de la riqueza”, en el que la dictadura tomó una Argentina con un 4,6% de pobres y estalló con los gobiernos democráticos que mantuvieron sus fórmulas económicas y dejaron la cifra en el 40%. “Esas tesis que entre 1980 y el 2000 eran disruptivas, ahora son tomadas por los intelectuales y por cierta izquierda”, explica Damián Ríos, uno de los directores de la editorial que recuperó el texto. “Fogwill no hablaba desde la izquierda, pero sus tesis sobre la historia económica reciente de la Argentina son rápidamente robadas por la izquierda e incluso por el kirchnerismo”, resume.

“Por no estar nunca, ni en la dictadura ni en la democracia, del lado de la opinión mayoritaria, es que Fogwill usa, contra la izquierda intelectual mayoritaria, todo lo que ella, en su devenir culturalista en democracia, considera impresentable del materialismo histórico, empezando por el economicismo”, escribe en el prólogo la doctora en Filosofía Silvia Schwarzböck, que desde el análisis de sus intervenciones en la prensa, identifica al escritor como un pensador esencial de la modernidad del país. “Ante una industria de la cultura convertida, entre 1984 y 2000, en la industria de la interpretación, Fogwill quiere seguir siendo el verdugo del pensamiento bondadoso, el marxista de la derecha liberal, el liberal despiadado”.

Un crítico del contexto cultural

El libro cierra una línea de pensamiento política desarrollada por Fogwill entre 1982 y 1984, cuando comenzó a colaborar con El Porteño, pero como el autor recuerda constantemente, estas “son notas sobre literatura”. En 20 columnas que se leen como un ensayo el escritor identifica a poetas “menores de veinte y algo años” que estaban por marcar una nueva época, como Martín Gambarotta o Santiago Llach, elogia a cuentistas como Hebe Uhart, que casi 20 años después viviría un boom tardío, y ensalza por igual a la compositora infantil María Elena Walsh o al escritor Juan José Saer como pilares aún por comprender del siglo XX argentino.

“El libro completa las intervenciones periodísticas de un Fogwill más maduro. No es el petardista, sino uno más agudo, más consciente del lugar que ocupa”, resume Ríos, que con la publicación de Estados Alterados continúa el rescate de parte de la “obra huérfana” del escritor que comenzó en 2018 con los relatos inéditos de Memoria Romana y continuará el próximo año con la novela Urbana, inédita en Argentina.

“No hay mejor mito que la desmitificación”, escribe Fogwill mientras se reprocha no comprender los talleres literarios o defiende el prejuicio y la enemistad: “La literatura, como todo ámbito comercial, necesitaría una inyección de prejuicios, supersticiones, preferencias caprichosas, hostilidades arbitrarias. Porque sin prejuicios, casi no se puede pensar. Y sin enemigos, no se puede pensar”.

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