Reflexión

Envejecer, un regalo libre de tristezas

Desde su reducto en la costa atlántica, el periodista Jackson escribe sobre el significado de envejecer. Las arrugas, apunta, son señales que nos recuerdan donde han estado nuestras sonrisas.

Por Ernesto Jackson

Envejecer es un regalo que nos da la vida, leí por ahí. Y me digo con toda la pasión que me acompaña, que tengo los años que tengo…¿Y qué? Escucho reflexiones y las hago mías : sumar canas y cumplir el tiempo orbital que el planeta tierra tarda en dar una vuelta completa alrededor del sol, debiera ser siempre un motivo de alegría. De alegría por estar aquí, con todo lo que ello supone, desperfectos mecánicos del auto, por ejemplo, en un viaje regular a la costa Atlántica.

Las arrugas nos recuerdan dónde han estado las sonrisas. Tendríamos que ser agradecidos por cada uno de los períodos de 365 días recorridos. Sirven – disgustos al margen -, para compartir momentos con aquellas personas a las que más queremos y construir con nuestra presencia, en lo posible, un mundo mejor.

Cuando los pliegues en nuestros rostros comienzan a aparecer – sigo leyendo -, nos hacen tomar conciencia de lo efímero y fugaz que es el tránsito terrenal: un soplo, como dice la letra tanguera. Con frecuencia, esto nos hace sentir incómodos y molestos. Y aquí es donde retruco: no hay que preocuparse ni entristecerse.

Es más. Me interpelo: ¿cómo es posible entrar en estado de melancolía por cumplir 50, 60, 70…? Muchos dicen que es por miedo de que, al sumar experiencia por el paso del tiempo, perdemos capacidades. Porque pensamos en la vejez como un castigo, de manera peyorativa y humillante, cuando en realidad es simple – y airosamente -, haber superado las distintas etapas y los escollos presentados en el milagro, diario, de despertarse y ver la rosada luz del día. Ver amanecer, en mi caso, viendo brillar la estrella solar en Pinamar.

Cada año es una medalla. Una oportunidad para atesorar recuerdos, para hacer nuestros los instantes, para soplar las velas con fuerza y orgullo.

Y, sobre todo, para poder celebrar con burbujas, junto con los seres que nos rodean. Verse, palparse, sentirse plenos. Felices como Manuelita, cuando vuelve a encontrarse, siempre rozagante, con su tortugo, que la espera en Pehuajó.

Repito: no lamentemos ir cumpliendo ciclos. La creación es un don que nos da la oportunidad de disfrutar. Es el único presente que no recibiremos dos veces. Por eso, en sí mismo, es maravillosamente consciente.

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