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Xi Jiping, equilibrista entre Trump y Putin

Sobresalen, con más y menos dientes afilados, tres lobos en el planeta. Con guerras (Ucrania e Irán) no resueltas pese a las declamaciones, todos los caminos (lo han demostrado Trump y Putin) parecen conducir a la China de Xi Jinping.

Por Laura Bicker (BBC)

Niños vitoreando: listo. Guardia de honor militar: listo. Disparos de cañón y banda de música: listo. La bienvenida que recibió Vladimir Putin a las afueras del Gran Salón del Pueblo fue prácticamente un reflejo de la recepción que se le ofreció a Donald Trump la semana pasada.

Dos visitas presidenciales de gran trascendencia, con apenas unos días de diferencia, es precisamente la imagen que Xi Jinping quiere proyectar al mundo: hablar con todo el mundo, sin estar atado a nadie.

Para China, estas visitas son prueba de que, debido a su enorme economía y a su recién adquirida influencia diplomática, todos los caminos conducen ahora a Pekín. «La nueva era de los asuntos mundiales está menos centrada en Occidente», afirma Samir Puri, del King’s College de Londres.

«China posee un gran poder latente en el escenario mundial, pero no necesariamente lo utiliza de la forma más directa para resolver conflictos; en cambio, su estilo consiste en intentar aprovechar su influencia de manera más gradual».

La imagen era sorprendentemente similar: Xi se mostraba seguro de sí mismo en el centro de atención mientras ejercía de anfitrión. Pero las motivaciones políticas de ambas visitas eran muy diferentes.

Putin, que ha visitado China más de 20 veces, parece mantener una estrecha relación personal con Xi. Sin embargo, la guerra en Ucrania y las sanciones occidentales lo han llevado a depender en gran medida de Pekín, que ahora es el principal socio comercial de Rusia y su mayor cliente de petróleo y gas.

Esta alianza ha sido desigual desde hace tiempo, y hoy quedó patente. Las conversaciones concluyeron con más de veinte acuerdos en materia de comercio y tecnología, pero aún no se ha aprobado el paralizado gasoducto ruso que Putin lleva años impulsando. Una extensa declaración conjunta tampoco arrojó resultados significativos.

«Tanto China como Rusia se necesitan mutuamente, pero es evidente que Rusia necesita a China más que nunca en el escenario mundial», afirma Zheng Runyu, del Centro de Estudios Rusos de la Universidad Normal del Este de China en Shanghái.

«Dado el contexto internacional actual, una estrecha cooperación con China es sumamente importante para Rusia a la hora de afrontar muchos de sus retos actuales».

El líder chino parecía tener una posición ventajosa al negociar también con el presidente estadounidense. Unas relaciones comerciales más sólidas con el resto del mundo y el dominio de China en minerales de tierras raras y manufactura avanzada le han otorgado influencia. Ante la imprevisibilidad de Trump, Pekín se encuentra ahora en igualdad de condiciones con Washington.

En sus conversaciones con Trump y Putin, Xi se enfrentó a líderes inmersos en guerras costosas que se han prolongado más de lo previsto. Para Trump, la guerra en Oriente Medio se ha convertido en una crisis global que ha hundido su popularidad en su país. Para Putin, la invasión de Ucrania, que ya lleva cinco años, ha aislado a Rusia y ha tenido consecuencias devastadoras incluso para su propia población.

En ambos casos, también parecía evidente que ahora China tiene el poder de marcar la pauta y las condiciones de cómo quiere participar en el escenario mundial.

Se trata de un giro extraordinario para un país que, hace apenas cinco años, parecía estar al borde del aislamiento diplomático.

Sus fronteras se cerraron debido a una pandemia que el entonces presidente Trump había calificado de «virus chino». Las relaciones con Occidente se habían deteriorado drásticamente en medio del auge de la llamada diplomacia del «guerrero lobo», en la que los diplomáticos chinos y los medios estatales utilizaban una retórica agresiva para silenciar a los críticos occidentales.

También crecieron las críticas internacionales por las graves violaciones de derechos humanos en Xinjiang y el creciente control de Pekín sobre Hong Kong, y los gobiernos occidentales impusieron sanciones y controles a las exportaciones de productos chinos. China respondió con contramedidas.

Sin embargo, cinco años después, China se ha reposicionado como un centro indispensable de la diplomacia y el comercio mundiales. En lugar de ser tratada como un problema que contener, China se ha convertido en una potencia con la que dialogar.

Pekín ha moderado su estilo diplomático, probablemente al reconocer realidades incómodas. La desaceleración económica exige una mayor inversión y comercio exterior, lo que requiere relaciones estables. Su excesiva confrontación también estaba acercando a Washington a importantes socios comerciales de la región, como Corea del Sur, Filipinas y Vietnam.

Pero el momento también es crucial. Desde que Estados Unidos eligió a Donald Trump, China ha restablecido sus lazos con Australia, Canadá y el Reino Unido, todos aliados clave de Estados Unidos. Líderes mundiales, incluidos los de Canadá, el Reino Unido y Alemania, han recibido con los brazos abiertos a Pekín para cerrar acuerdos con la segunda economía más grande del mundo.

Durante la última década, Xi le ha prometido a su pueblo que trabajaría por «la gran revitalización de la nación china», y esta última semana ha sido una increíble muestra de propaganda interna: el líder chino parecía el hombre que todos quieren conocer.

  • Fuente: BBC; texto de la corresponsal en China

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