Por Andrés Borenstein (Revista Seúl)
La inflación en mayo de 2025 fue de 1,5%. Era un número demasiado bueno y algunos cantaron victoria muy rápido. Luego vinieron meses de aceleración inflacionaria exacerbada por algunos shocks que nadie había visto venir. El petróleo y la carne que, si bien suelen subir en verano, este año tuvieron un alza más pronunciada porque hubo una suba internacional. El Gobierno también fue ajustando precios regulados para bajar subsidios. También jugó la inercia, un tema que el Gobierno decidió no atacar, al menos de manera convencional. Todo esto desembocó en el 3,4% de marzo que generó algunas alarmas, pese a que los fundamentos de la economía no sugieren un descontrol de precios. Dólar estable, salarios que no presionan, cantidad de dinero bajo control.
En ese entorno la aguja marcó 2,58% para la inflación de abril y 2,3% para la inflación núcleo, que es a la que los economistas le prestamos más atención. Ayudaron los precios estacionales que dieron 0%, mientras que los regulados en 4,7% siguen siendo una fuente de inflación. ¿Qué puede pasar de acá en más? Es probable que siga bajando y que perfore el 2% en junio o julio. La baja de abril, más allá de los números duros y puros, fue un alivio en la Casa Rosada. Por más que la gente hoy está más preocupada por la actividad que por la inflación, en cierta forma la credencial intelectual de Milei está más pegada al índice de precios.
Seguimos pensando que se puede llegar a tener inflación debajo de 30% este año, pero si es un poco más no es grave. Los procesos de desinflación nunca fueron lineales. En el corto plazo no habrá más aumentos de combustible. Pero pasados los 45 días, nada se puede saber. La impresión es que hay petróleo caro por un tiempo. Esto ayuda a la generación de dólares, pero puede hacer que la desinflación sea más lenta.
La actividad de abril sigue dando señales mediocres, aunque en mayo las cosas serían mejores. Usamos el potencial porque no hay un solo número publicado. Tasas reales negativas, evolución natural de algunos proyectos públicos y privados deberían empezar a empujar con más fuerza. Esta semana se sumaron nuevos proyectos al RIGI y se aprobaron dos mineros. Ni héroes, ni villanos. Los promotores y los detractores tienen buenos puntos. Nuestra visión: en este momento del ciclo, si los beneficios impositivos sirven como aceleradores, les podemos dar el beneficio de la duda. ¿Cuál es hoy el mayor inconveniente para pensar el crecimiento para adelante? No es el tipo de cambio, no es Wall Street. Es la política. Ahí es donde el Gobierno está más flojito de papeles.
Mientras tanto el dólar sigue estable, el Banco Central compra todos los días, algunos más y otros menos. Si bien algo se aceleró, queda mucha plata del agro por entrar, quedan más de 3.000 millones de bonos emitidos por liquidarse y siguen las emisiones que superan largamente los vencimientos del sector privado y provincial. En esencia, si bien todo el mundo nota que hay inflación en dólares, no parece que vaya a haber un cambio brusco en las próximas semanas. Por otro lado, la inflación se aceleró en Estados Unidos, con lo que alguito de la inflación en dólares es importada. En la segunda mitad del año, es más probable que el dólar acompañe la inflación. Aunque, como sabemos, esto es mes a mes. Puede ser 0% un mes y 5% el siguiente.
Para esta semana hay varios indicadores. El lunes veremos las cuentas fiscales de abril, en donde no habrá sorpresas. El martes veremos precios mayoristas y costos de construcción. El miércoles, el superávit comercial de abril, y el jueves el índice de actividad de marzo, en donde esperamos un número generoso luego del desastre de febrero. No le perderemos pisada a la política porque no hay semana que no haya alguna sorpresita.


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