El Kremlin convirtió la obsesión de Vladimir Putin por la longevidad en una prioridad de Estado. Lo hace con un programa científico valuado en 26.000 millones de dólares que busca retrasar el envejecimiento mediante terapias génicas, bioimpresión de órganos, xenotrasplantes con mini cerdos y otros tratamientos experimentales.
La investigación del diario norteamericano Wall Street Journal (reproducida por La Nación, de la Argentina) ofrece una nueva lectura de una escena que, en su momento, pareció apenas una rareza de micrófono abierto.
Durante un desfile militar en Pekín, Putin fue captado mientras le decía al presidente chino, Xi Jinping, que los seres humanos podrían alcanzar la inmortalidad mediante el reemplazo de órganos (NR: en rigor, de los escuchó hablar de vivir hasta los 150 años). Según el periódico, aquella conversación no era una excentricidad aislada entre dos líderes envejecidos, sino una alusión directa a una iniciativa impulsada desde el Kremlin para convertir la lucha contra el deterioro físico en uno de los grandes proyectos científicos de Rusia.


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