Internacional Opinión

La disputa estratégica tecnológica entre EEUU y China

Sobre la guerra en Medio Oriente y la situación estratégica global, Rosendo Fraga, se refirió a las empresas que compiten por dominar el control de robot humanoides. Se viene una transformación militar, con Argentina alineada a EEUU.

Por Rosendo Fraga (Infobae)

El Pentágono ha dado un nuevo paso en la creciente confrontación tecnológica entre Estados Unidos y China. Washington amplió la lista de empresas que considera vinculadas al aparato militar chino e incorporó a algunos de los nombres más importantes de la economía asiática, entre ellos AlibabaBYD Baidu. La medida tuvo un efecto inmediato en los mercados: las acciones de estas compañías registraron caídas tras conocerse la decisión.

La lista, creada por mandato del Congreso estadounidense, identifica a empresas que, según el Departamento de Defensa, mantienen vínculos con el Ejército Popular de Liberación o contribuyen indirectamente a la base industrial de defensa china. El Pentágono sostiene que Pekín impulsa una estrategia denominada “fusión cívico-militar”, destinada a aprovechar tecnologías y conocimientos desarrollados por empresas aparentemente civiles para fortalecer sus capacidades militares.

Entre las nuevas incorporaciones figuran también la farmacéutica WuXi AppTec, el fabricante de robots RoboSense y las empresas de semiconductores ChangXin Memory Technologies y Yangtze Memory Technologies. La respuesta china llegó pocas horas después. El vocero de la cancillería, Lin Jian, acusó a Washington de generalizar el concepto de seguridad nacional y aplicar una “represión injustificada” contra las empresas chinas, exigiendo que Estados Unidos “corrija sus prácticas equivocadas”. Las compañías afectadas rechazaron las acusaciones y negaron cualquier vínculo con actividades militares. Se amplía así la disputa estratégica entre las dos mayores potencias del mundo hacia el terreno de la tecnología avanzada, con consecuencias todavía difíciles de prever.

China está avanzando rápidamente en la fabricación de robots humanoides a escala industrial. Beijing y Washington aparecen como los principales polos de competencia en un mercado que algunos estudios proyectan en varios billones de dólares para las próximas décadas.

Estados Unidos mantiene ventaja en determinados segmentos de inteligencia artificial, particularmente en el desarrollo de los sistemas que actúan como “cerebro” de estos dispositivos. Pero China aprovecha su enorme capacidad manufacturera para avanzar en la producción masiva. Un ejemplo es Matrix Robotics, con sede en Shanghái, que presentó su robot humanoide Matrix-3, de aproximadamente 1,70 metros de altura y equipado con manos capaces de realizar movimientos complejos. La empresa informó haber recibido cerca de mil pedidos y sostiene que podría entregar hasta cinco mil unidades durante este año.

Musk junto al robot Optimus en una fábrica de Tesla

Paralelamente, Elon Musk – que ha realizado el mayor lanzamiento de acciones en Wall Street de sus empresas – ha reiterado que Tesla busca producir su robot humanoide Optimus a costos significativamente menores que los actuales, con el objetivo de masificar su utilización. Detrás de esta competencia tecnológica aparece también una dimensión estratégica. Tanto Estados Unidos como China consideran que la combinación entre inteligencia artificial, automatización y robótica puede transformar profundamente las capacidades militares del futuro.

La posibilidad de incorporar sistemas autónomos cada vez más sofisticados sugiere que la llamada “guerra robótica” podría constituir una de las próximas etapas de la evolución militar.

Al mismo tiempo se acentúa la fragilidad de la tregua establecida para avanzar hacia una negociación que aparece cada vez más incierta en Medio Oriente. Estados Unidos lanzó el 9 de junio una serie de ataques contra Irán después de que el presidente Donald Trump afirmara que fuerzas iraníes habían derribado un helicóptero de combate Apache estadounidense en el estrecho de Ormuz. Trump sostuvo que la respuesta debía ser “fuerte y contundente”, mientras que el Comando Central de Estados Unidos confirmó las operaciones posteriores al incidente. El helicóptero cayó cerca de la costa de Omán durante una patrulla y sus dos tripulantes fueron rescatados con vida por fuerzas estadounidenses.

Según medios iraníes, se registraron explosiones en la provincia de Hormozgán, incluida la isla de Qeshm. Por su parte, el canciller iraní Abbas Araqchi advirtió que las Fuerzas Armadas de su país no dejarán “ningún ataque ni amenaza sin respuesta”, mientras otras fuentes oficiales negaron haber realizado operaciones ofensivas en la zona durante las últimas veinticuatro horas. Más allá de las versiones contrapuestas sobre el incidente, la nueva escalada militar vuelve a poner en duda la posibilidad de alcanzar un acuerdo que permita consolidar el alto el fuego y avanzar hacia una solución negociada del conflicto.

Trump insistió con un acuerdo cercano para los próximos días, casi con urgencia. Pero la tregua sigue sin frenar estos limitados choques militares.

Al mismo tiempo se acentúan las dificultades de Europa y la OTAN para coordinar respuestas comunes frente a los desafíos militares actuales. La guerra de Ucrania ha puesto de manifiesto la creciente importancia de los drones, cuyos vuelos e incursiones cerca del territorio de países aliados han generado preocupación en los Estados del flanco oriental de la Alianza.

Los problemas no se limitan al plano operativo. Desde el punto de vista estructural, parece haber fracasado el proyecto conjunto impulsado por Francia, Alemania y España para desarrollar un sistema de combate aéreo de nueva generación. El FCAS – por sus siglas en inglés – estaba valuado en aproximadamente cien mil millones de euros y era considerado el mayor programa militar europeo de las últimas décadas.

Iniciado en 2017, acumuló retrasos, diferencias industriales y disputas sobre la distribución de responsabilidades entre las empresas participantes, hasta derivar en una suspensión de hecho. Esta situación constituye un revés para los esfuerzos de Europa por desarrollar capacidades estratégicas propias. Paralelamente, el programa GCAP, impulsado por Reino Unido, Italia y Japón a partir de la integración del proyecto Tempest con iniciativas japonesas, aparece como la principal alternativa para el desarrollo de un caza de nueva generación.

La OTAN ha sufrido en pocas semanas dos fracasos claros. Por un lado, por primera vez un presidente estadounidense en ejercicio, Donald Trump, no asistió a una cumbre de la Alianza Atlántica, al encontrarse su país involucrado en una guerra con Irán. Por el otro, quedó paralizado el programa de armamento más ambicioso concebido por Europa en las últimas décadas. Ambos hechos ponen de manifiesto las crecientes dificultades de coordinación estratégica dentro del bloque occidental.

En este contexto mundial, el gobierno argentino firmó dos acuerdos con los Estados Unidos para ampliar la cooperación logística y tecnológica. El Gobierno lo considera un paso más en el fortalecimiento del vínculo bilateral y estratégico con Washington a través del área de Defensa, que adquiere gran dimensión y amplitud hacia el futuro. Uno de los acuerdos apunta a fortalecer el apoyo logístico y mejora la interoperabilidad entre las Fuerzas Armadas de los dos países. El otro tiene como objetivo central la incorporación de Argentina a un mercado digital internacional de sistemas aéreos no tripulados (UAS) y de contra-medidas contra estos dispositivos (C-UAS). En conjunto, se trata de un paso decisivo en la política de alineamiento con los Estados Unidos.

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