Editorial Filosofía

Una voluntad, un camino

humanidad.com.ar cobija pensamientos, reflexiones y noticias de adolescentes, inspirados en el asombro filosófico. Esto es, en su amor por la sabiduría y en la búsqueda de respuestas [...]

Por Arnaldo Paganetti


 

BUENOS AIRES –  humanidad.com.ar cobija pensamientos, reflexiones y noticias de adolescentes, inspirados en el asombro filosófico. Esto es, en su amor por la sabiduría y en la búsqueda de respuestas que los ayude a moldearse hacia un propósito, una meta, un ideal.

A pesar de haber superado esa etapa juvenil y de ser visto como alguien estructurado – con bases algo endebles, más próximo a entrar que salir de un closet -, hago mis aportes esporádicos en la página de Joaquín, en función a una dilatada experiencia como periodista.

No sé si buena o mala. Bueno o malo son conceptos subjetivos (más allá de preceptos aceptados universalmente y poco respetados en la práctica), acordes con la preservación del propio ser, el contexto y los condicionamientos puestos por los que fueron mis mayores, en el siglo pasado.

Arnaldo
Arnaldo, Director de Política en Humanidad

¿Qué observo hoy? La educación pública degradada – muchos de mis familiares de clase media mandan a sus hijos a escuelas privadas pagas -, niños y no tan niños en situación de calle, un feminismo fervorosamente creciente, la lucha por la igualdad de derechos, con taras que se esconden pero que están latentes.

Pibes atrapados por la droga y el alcohol, conflictos familiares no resueltos con la debida madurez. Angustias existenciales. Igual que las dudas por el destino de un planeta complejo y tecnologizado. Y contradictorio, ya que contiene multitudes, como sentenció  el poeta y humanista del siglo XIX, Walt Whitman.

No todo es negro – en “Los días oscuros”, se subraya que el primer ministro inglés Winston Churchill, en su encarnizada oposición a Adolf Hitler, se convirtió en perfecto en un instante histórico gracias a lo imperfecto de su carácter -, pues hay muchachos y chicas empeñados en instruirse con propósitos altruistas, encantados con las artes, apegados al cuidado físico o los deportes.

Mens sana, in corpore sano, alienta el lema de un club palermitano, donde como en todos lados hay grandezas y miserias.

mente y cuerpo
¿De qué color es el interior de la humanidad?

Permeable a los problemas de los demás – preferentemente de los más cercanos, pues me caben las generales de la ley en cuanto a egoísmo -, cuando me veo superado por las circunstancias, me atormento en demasía: algunos entuertos no están a la alcance de mi mano para que se resuelvan satisfactoriamente.

¿No le preocupa?”, le pregunta en otra película una y otra vez como su abogado, Tom Hanks, a un espía ruso que tiene que defender en los Estados Unidos. “¿Serviría de algo?”, contesta impertérrito el agente, en plena guerra fría entre los Estados Unidos y la entonces Unión Soviética. El letrado siempre asiente resignado: No. No serviría de nada.

¿Si no soy útil, para que sufro y padezco insomnio?, me interrogo por las noches. El inconsciente es algo inmanejable.

¿Adónde voy con todo esto? A exaltar valores que se observan en el brillo de los ojos y de los gestos de los muchachos/as con motivaciones que iluminan su tránsito por esta vida.

A sacarme el sombrero – que no uso -, ante una aguda Julieta Mora, que exalta la fe y la tarea evangélica a favor de los pobres del padre Mugica, asesinado por la Triple A, en la década del 70. Un sacerdote que adhería a los postulados del Tercer Mundo, con la aclaración que estaba “dispuesto a morir, pero no a matar”.

Por el contrario, desprecio a los que lucran con la droga y transforman en sonámbulos a adolescentes con gran potencial afectivo. Apelo aquí a un sinónimo parcial de argentinidad: en el mismo lodo, todos manoseados, como estampó el poeta Enrique Santos Discépolo.

Siempre hay lugar para el asombro. Hace un par de días, se supo que el gran físico Albert Einstein, en 1922, no tenía como recompensar a un mensajero. Por eso, le redactó dos textos cortos, con consejos que, sospechaba, le iban a ser de utilidad a él y a muchos otros.

Dejando al margen que esos escritos en alemán acaban de venderse en un millón y medio de dólares (¡que mercantilismo atroz!), obtuve, al descubrirlos, un alivio espiritual que solo Lucía, una tuitera genial, lo podrá entender en toda su amplitud.

¿Que nos enseñó Einstein, además de su teoría de la relatividad, que tanto desconocemos?

 “Una vida humilde y tranquila – pregonó -, trae más felicidad que la persecución del éxito y la constante inquietud que implica”.

Y agregó, otro parrafito significativo: “Donde hay una voluntad, hay un camino”.

¡Vamos humanidad.com.ar!, pongámonos a andar.  En rigor, a seguir andando.

 

 


Leer más del autor: De las acusaciones a la conciliación

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Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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