Adolescentes Argentina Editorial

Una noche, alguien pensó en los adolescentes

Nosotros, los jóvenes más pequeñitos, los futuros humanus que ocuparemos los roles de quienes hoy cumplen con sus determinados roles. Nosotros, quienes le daremos continuación al mundo humano, somos, casi siempre, de los que menos se habla. Pero la noche de este último lunes, algo extraño pasó. Un periodista, copado en su forma de comunicar y transmitir distintos tipos de información, involucró en una de sus preguntas a este sector de la sociedad eternamente postergado: los adolescentes.

Joaquin Paganetti (2)

Quitando un poco el dramatismo -que nace así por la seriedad del asunto-, el mundo habla de los adolescentes y nos concede lugares en sitios esenciales para la reproducción de la humanidad. Pero hay algo, al menos desde los medios de comunicación, que no permite hacer de los adolescentes personajes activos y creadores, a la par de los adultos, de las circunstancias en que vivimos. Porque al fin y al cabo, guste o no, nosotros seremos quienes tomemos la posta y continuemos en la cadena de mando de la sociedad.

La cadena de mando de nuevas familias, nuevos trabajos, nuevas relaciones sociales y todo tipo de cosas nuevas que uno se pueda imaginar, pensando que cada acción que realiza un humanu es algo completamente nuevo, ante el incesante funcionamiento de los sentimientos y pensamientos. Es que los roles en las estructuras sociales, los lugares en el mundo humano, no son fáciles de conseguir, no se copian con cada trabajo, cada estudio y cada recompensa efectuada por un otro, con una idea ya instalada. ¿Cierto? 

Cada persona deja una huella en el mundo. Y como tales, por más que nuestra madre sea ingeniera, y nosotros ejerzamos esa misma profesión, la desigualdad en cómo ocurren los hechos y la realidad que ha dejado el otro humano, bien diferente a la realidad que nosotros vayamos a construir, es ejemplo de uno de los principios de la humanidad, que es la diversidad. Sin embargo, puede haber quienes actúen de manera mecánica y programada en cuestiones laborales, personales y/o humanas. A aquel, habrá que hacerle pedalear la bicicleta mágica de la reflexión para que empiece a vivir como su vida lo quiere, no según los intereses externos, que usualmente devoran sueños propios.

adolescen
¿Qué tanto sabemos de nuestra adolescencia?

 

¿A qué va todo esto? A los adolescentes, aquellos que hoy tenemos entre 14 y 17 años, un poco más un poco menos, y que se nos plantean todo tipo de cuestiones existenciales, preguntas personales y problemas causados por nuestra propia realidad. A ese tipo de adolescentes cuesta escucharlo públicamente. Porque la escena mediática, en vez de profundizar y avanzar en sincronía con los sectores de transformación social, ha tomado ciertos discursos, bellos en su apariencia, pero sucios y viejos por dentro, que no dejan de provocar las mismas estructuras políticas, con distintos escenarios de colores.

El caso es que, en la TV, un mundo pequeñito y sorprendente por su alta locura humana almacenada y representada en personajes que trabajan como comunicadores sociales, apareció una pregunta, una voz, que involucró directamente a los adolescentes. Fue en el programa del periodista Carlos Pagni, quien, frente a un entrevistado con conocimientos en educación, analizó la cantidad de egresados por carreras sociales y por carreras orientadas a la ingeniería y a la tecnología.

“¿Qué país va a crecer en el siglo XXI? ¿Uno donde hay más abogados o donde hay más ingenieros?”, le preguntaba Alieto Guadagni, el entrevistado, al periodista.

Sin dudas, la discusión que daba el economista en el programa Odisea Argentina, era profundamente ideológica. Todo normal y tranquilo, hasta que Pagni preguntó: “Viene un chico de 17 años, que está terminando el secundario, y te pregunta qué le conviene estudiar, ¿qué le respondes?”. Geología, contestó el entrevistado.

Economista
Alieto, el invitado de la noche

A partir de ese momento, mis oídos se pusieron a escuchar más atenta y felizmente. Se había involucrado, sin cuestiones de violencia, muerte, problemas con el alcohol y/o consumo de drogas dañinas, a los adolescentes.

Muchos espacios de encuentro, como la familia, la escuela, la pareja o el grupo de amigos son algunos en los que el adolescente externaliza sus emociones y sus sentimientos. Pero en la televisión, en la escena mediática, rara vez se lo pone en el centro de la escena, como individuo que aspira a hacer un mejor futuro –quizá un mejor futuro individual, pero que se convertirá en colectivo, familiar, laboral y social a fin de cuentas, que piensa en su alrededor y que no opta vivir compenetrado, con las redes sociales-, sino que lo hace, quizá, porque no hay otra opción y ya se ha vuelto el celular una “tercera mano”, en este siglo XXI, que le teme cada vez más, en ciertos momentos, a la soledad y a la nada.

Alegremente, la discusión no terminó ahí, y otra voz aportó a la construcción adolescente en el característico programa del diario LA NACIÓN. Marcos Buscaglia, el economista estrella de la noche de los lunes de Pagni, se animó, casi con una decisión de segundos, a opinar sobre la pregunta que el periodista abrió. Muy alegremente para los adolescentes que seguimos Humanidad, recomendó a los adolescentes el camino del pensar y la reflexión. 

“Con respecto a tu pregunta, yo pienso que como está cambiando tanto el mercado laboral, lo que le recomiendo a los chicos es que estudien carreras que les enseñen a pensar. No te digo que no importa qué estudien, sino que lo que importa es que sepan pensar. Lo importante es que piensen y que aprendan a que les enseñen a pensar. Lo van aplicar en muchas cosas distintas a lo largo de la vida“, dijo Buscaglia.

marcos
Marcos, el economista de Odisea

Y así, alguien, finalmente, abrió el abanico hacia con los más jóvenes en el mundo mediático, sin violencia, sin una mirada excesivamente negativa. Algo que puede pasar desapercibido, lleva un mensaje más que importante para transmitir: la importancia y el foco de atención que debe haber en los adolescentes, los adultos del mañana.

 


Leer más notas de Joaquín (17 años): La tranquilidad

Periodista y escritor, fundó Humanidad el 2016 a sus 15 años de edad. Actualmente estudia abogacía en la Universidad de Buenos Aires y dirige el medio.

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