Filosofía Vida

Ver o ser visto

El lugar conocido como "calle", acompañado de una dirección determinada, suele ser uno de los espacios donde se generan los pensamientos y las acciones. Mientras caminamos, observamos al resto. O al celular. O nos relacionamos con quien nos acompaña, además de "la calle". Accionamos con nuestro andar, único en la diversidad humana [...]

El lugar conocido como “calle”, acompañado de una dirección determinada, suele ser uno de los espacios donde se generan los pensamientos y las acciones. Mientras caminamos, observamos al resto. O al celular. O nos relacionamos con quien nos acompaña, además de “la calle”. Accionamos con nuestro andar, único en la diversidad humana. Esa diversidad de la que nos asombramos, nos entretenemos y hasta nos inspiramos. La calle nos otorga la posibilidad de ser vistos o de ser un observador con fines múltiples, desde pasar el tiempo hasta realizar un estudio antropológico.

Joaquin Paganetti (2)

¿Cuál es el fin de andar por la calle? Transitar. Transitar hasta llegar a destino. Todos nos movemos, extrañados uno del otro, como si fuéramos desconocidos. ¿Acaso no lo somos? Sí, lo somos, pero algo nos encuentra, algo nos hace aparecer en el mismo camino. Sería muy sencillo descubrir qué es lo que nos une, pero para eso habría que romper la barrera, el obstáculo invisible que pocos suelen corromper, para alcanzar el medio de la respuesta, a través de la socialización callejera.

Para algunos es costumbre hablar en la calle. Para otros no. ¿Por qué tiene que haber unos algunos y unos otros? Porque una diversidad -esa misma diversidad que encontramos en la calle-, se palpita en el conjunto de la humanidad. Sin embargo, es ese mismo conjunto, lo que causa la igualdad. La igualdad y la posibilidad de encontrarnos todos como seres, como humanus, en una misma calle.

Los pensamientos que nacen mientras caminamos, mientras corremos -intencionalmente o no-, en el “espacio público” predilecto para el choque social, parecieran desvanecerse como el humo que luego de un incendio se dirige hacia el cielo, para llegar al mundo eterno, a nuestros recuerdos. Eso sí, la memoria favorecerá mantener activo ese hecho en nuestra mente. Quienes no lleven un anotador o una fuerte convicción de recordar los pensamientos, verán sus reflexiones caídas en el olvido, como un papel arrastrado por el agua hacia una alcantarilla sin filtro.

foto humanidad2

Ver a una persona puede ser como verse a uno mismo. En una vieja situación, en un contexto o en una etapa que suena familiar. ¿Nos causa esto rareza? Probablemente no, porque asumimos que nuestra sociedad vive en torno a ciertos valores, creencias y costumbres, al igual que en instituciones que dejan escapar a pocos de la libertad. La libertad que tenemos al estar adentro, es la que vemos reflejada en el otro que camina frente nuestro. Esa libertad que se pierde luego de una exclusión social, asumida por los seres fuera del sistema. Sin embargo, esos seres nos miran, así como nosotros los miramos también. En ese momento, sea quien sea a quien tengamos en frente, ¿nos atreveremos a socializar? ¿O nos quedaremos observando, siendo observados, hasta llegar a destino? Pareciera que no hiciera falta, porque lo que surja en la calle probablemente quede en la calle. De eso se trata este espacio. De un campo libre para ver o ser mirados. Una libertad que se restringe en el escenario privado, aquel donde, para los observados, suele haber incomodidad ante la presencia del otro desconocido, mientras que para los observadores un banquete de lujo para deleitarse.

¿Será por esto que ciertos miradores buscan entrar en nuestro ámbito -sea a través del celular, la televisión, el internet, la seguridad-, causando la paranoia del observado? Sería imposible saberlo, pues si así fuera tomado el asunto, al horror por el avasallamiento a lo privado causaría una sociedad poco perdurable. Allí están los trucos que el observador, casi como un mago, crea, creó y creará. Un simple entretenimiento en la convivencia humana.

 


Leer más notas de Joaquín: Running: Un comienzo en la carrera por la vida

Periodista y escritor, fundó Humanidad el 2016 a sus 15 años de edad. Actualmente estudia abogacía en la Universidad de Buenos Aires y dirige el medio.

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