Cuento Literatura Violencia

Microrrelatos

Por Lucía Duarte

 

El barrio amaneció con una sonrisa menos. Mientras lee el diario Gabriel le dice a Carla:

—Acá dice que no lo encuentran por ningún lado al Luis.
—Y sí, no quiere ir en cana.
—¿Vos también con eso?
—¿Cómo que “vos también con eso”? ¿No te acordás de las noches en las que no se podía dormir de tanto que gritaba Romi? ¿No te acordás que no salía de casa por días hasta que los moretones se le borraran un poco? Si llamábamos a la policía, el comisario se cagaba de risa y decía “algo le hizo ella a él”.

Gabriel baja el diario. Su expresión facial cambió, ahora está serio. Después de un trago de saliva nervioso lanza:
—Y ahora él le hizo algo a ella.



Mi hija tenía sueños; quería ser abogada porque quería ayudar a las mujeres que son lastimadas por sus esposos. Ella quería darles la justicia que nadie más les iba a brindar. Mi hija quería abrir su propio estudio junto con otras amigas que conoció en la facultad, ya hasta habían comprado un local para hacerlo. Mi hija estaba en el último año de la carrera y le faltaba un final para recibirse. Mi hija tenía 29 años cuando su ex novio la esperó afuera de la facultad para llevársela y nunca traerla de vuelta.



“Perdón, mamá. Perdón, papá. Perdón, abuela. Perdón, abuelo. Perdón, tía. Les juro que no era mi intención. Nunca quise hacer nada para provocarlo, les juro. De verdad. Jamás hubiera querido que esto pase, pero pasó. El tío se metió solo a mi pieza y me tocó mis partes privadas. La profe Rosana nos dijo que eso no se hace y que si alguien nos lo hacía le podíamos contar a ella. Y yo le conté cuando terminó la clase, pero de verdad no quería que el tío vaya preso, de verdad. La tía me mira con cara fea y no fue mi culpa, mamá, te juro. Yo le dije que no, pero él dijo que sí. No podía hacer otra cosa. Decile a la tía que lo perdono al tío pero que no se enoje conmigo, porque no fue mi culpa, yo le dije que no. Yo me siento muy mal por eso, de verdad. Perdoname, mamá. Perdónenme todos.”

Esto decía la carta que Juana le escribió a su mamá antes de intentar ahorcarse en su habitación. Juana tenía 12 años en ese entonces.

Diez años después, su tío salió en libertad por “buena conducta”.



Cada relato es ficticio pero al mismo tiempo representa la realidad de muchas mujeres. Mujeres que sufren este tipo de situaciones, e incluso muchas otras que no he nombrado.

Mujeres vulneradas, mujeres muertas que nunca van a volver. Pero acá estamos nosotras, para tenerlas presentes, para jamás olvidarlas. Ellas son nuestras banderas.

Por Ellas, por Todas.

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