Sociedad

El salto en garrocha de un cabecita negra, chaqueño, petiso y peronista

Nadie es la sal en la tierra. Nadie, en algún momento de su vida, no lo es. La frase de Borges, calza en el espíritu “rebelde” y “siempre y feliz y contento” (por más que como todos a veces “llore a solas”), de Daniel Argoitia (sin acento en la i final como escriben algunos diarios),  campeón y récord argentino y sudamericano de salto en garrocha en la década del ´60.

Argoitia, a sus 74 años, tiene una personalidad arrolladora y optimista. Se presenta con orgullo ante Humanidad: “Soy cabecita negra, chaqueño, petiso y peronista”. 

De Tirol, un pueblito cercano a Resistencia, el vasco Argoitia, es un agradecido por las enseñanzas de su madre, una maestra que mantuvo el hogar luego de ser abandonada por su esposo. De pequeño era “un indio”, como cualquier chico del interior: “era un vago, me escapaba de casa para cruzar a nado el Paraná, corría, andaba en caballos robados, saltaba de árbol en árbol y cazaba pajaritos y jabalíes con los chicos humildes que vivían en los márgenes del río. Tuve una infancia plena de felicidad”.

A escondidas, por imperativo materno, estudiaba delicadamente piano y era asiduo concurrente al club Villa San Martín para practicar gimnasia deportiva. “Así ella lograba que saliese de la calle y me dedicase a la acrobacia en colchonetas y cajón”.

Por avatares del destino, éste “bichito” que siempre iba acompañado por un gran perro, Terry, con el que azuzaba a los que lo instaban a pelear, se mudó con su progenitora y un hermano a Buenos Aires y a los 16 años entró en el tradicional club GEBA, donde rápidamente se destacó luego de ganar competencias a “cajetillas y langas porteños soberbios”.

En competencia. Fue record sudamericano con 3,80 metros

Un profesor de Gimnasia y Esgrima, de apellido Benítez, se asombró por los saltos de este “Patoruzito” y se propuso transformar a “un vago de siete suelas” en un campeón. Con tal fin,  le dio conocimientos técnicos a su don natural y luego de hacerlo modelar en la barra, anillas y paralelas lo instó a practicar salto en garrocha. 

“Como no tenía vergüenza ni miedo, muy pronto fui apadrinado por GEBA y empecé a viajar por Sudamérica y Europa”

Practicando en la pista Jorge Newbery de GEBA

Retirado ya como profesor de atletismo, Argoitia, tuvo la fortuna de hablar con el general Juan Domingo Perón, en 1972, en Puerta de Hierro, gracias a la mediación de socios de Gimnasia y Esgrima y del luego ministro Pedro Eladio Vázquez. Ese encuentro, luego de aparecer en tapas de revistas y diarios (El Gráfico, Clarín, la Razón, El Mundo, entre otros) y de ser elogiado por comentaristas y escritores de la talla de David Sbarsky, Diego Lucero y Fontanarrosa, lo hizo ser funcionario en el área deportiva, durante el tercer mandato de Perón (renunció tras su muerte en 1974) y la gestión de Carlos Menem.

Por orden de Perón, participó en la organización de los “Campeonatos Evita y Hombre Nuevo”, donde Diego Armando Maradona hizo su primera incursión, en Embalse Río Tercero, Córdoba, jugando para los “cebollitas” de Argentinos Juniors.

Uno de sus tantos padrinos fue el kinesiólogo Nilo Bonell, de Independiente, ya fallecido. No terminó esa carrera, pero hizo una licenciatura de educación física, lo que después le fue de utilidad en la actividad privada.

Alistado

En diálogo con Humanidad, dejó unas reflexiones para meditar:

  • En el pasado, se dedicaban al deporte (que Perón fomentaba por cuestiones sanitarias y sociales y también para defender nuestras fronteras) los hijos de millonarios o las personas pobres y dotadas que necesitaban recursos del Estado o mecenas.
  • En los deportes, el dinero se lo quedan los dirigentes. El fútbol ya no parece un deporte. Es todo capitalismo. Se progresa por ingesta y químicos de los grandes laboratorios y las empresas hacen publicidad y venden indumentaria para obtener pingues ganancias.
  • Perón era un estadista que hablaba con líderes mundiales. Algunos no lo comprenden aún hoy, como tampoco comprenden a Sarmiento ni a San Martín.
  • Ya no hay más peronistas. Todos los líderes hoy son de cartón. Es el capitalismo: ¡tanto tenés, tanto vales! Por eso el hombre es corrupto.
  • Los argentinos siempre le echan la culpa al otro: a los padres, a los amigos, al gobernador, al Presidente ¿Y qué hay de nosotros mismos? Siempre traté de superarme y no me dejé atrapar por las frustraciones.
  • El deporte es un medio, no un fin. Permite el desarrollo físico, mental y espiritual.
Publicación de una prueba en Parque Chacabuco
  • Los jóvenes son naturalmente revolucionarios… hasta que consiguen empleo y se van a vivir a otros países. No hay nacionalismo en la Argentina, quizá porque somos un crisol de razas.
  • Soy optimista por mi trayectoria individual, pero no como vidrios. Todo lo que hice fue por mi vieja, el espíritu santo y yo mismo.  Era capaz de subir a una pirámide de Egipto.
  • Aprendí de mi madre que hay que ahorrar y esforzarse como las hormigas. Soy como un animal que trabajaba en verano para alimentarse en invierno. Aborrezco el dicho “si no puedes vencerlos, únete a ellos”. Siempre defiendo al humilde y respeto sus derechos. Estoy galvanizado. Si perdiese todo, comería mortadela y viviría bajo un puente.
  • No soy un resentido, pero hoy que me retiré de la política, todo lo que observo me da pena, lástima y me divierte. Solo veo a mediocres e infantiles. Los conozco a todos.

Un disgusto se lo dio la hija que sigue sus pasos, Ariadna, cuando se tatuó parte de su cuerpo. Pero el enojo se le pasó pronto, pues la inscripción que se hizo es su favorita: “Si caes una vez, otras 100, otras 500, no han de ser tus caídas tan violentas ni tampoco, por ley, han de ser tantas”.


Leer más en Humanidad: “Los tatuajes no son una moda, vinieron para quedarse”

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Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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