Filosofía Vida Violencia

Las mejores y las peores cosas, pasan

Entender la vida es algo superador a cualquier otro entendimiento. ¿Nos conocemos a nosotros mismos?

Transitar la vida cuesta mucho. Cuesta sentir. Y es eso especialmente lo que nos perturba, a cada uno, en su cierta medida. Sentimos cosas “buenas” y “malas”, según el juicio de valor subjetivo que tengamos. En definitiva, algo nos provoca. ¿Es eso superable? ¿Beneficioso? ¿Destructor? ¿Somos esos sentimientos o somos algo que va más allá de cualquier concepto humano?

Somos vida. Entender el camino, pensando en el mismo como una hoja de ruta que se desvirtúa y se transforma constantemente, es el paso más fuerte. ¿Por qué? Es que alguna razón hay, o no, en que el tiempo “lo cura todo”. ¿Lo cura todo? ¿O es más bien lo que hacemos con el tiempo, lo que transforma nuestro ser?

Cambios permanentes. Eso pareciera ser lo que somos. A pesar de lo sujetados que estemos con algo o alguien, nuestros pasos se dirigen, forzosamente, hacia un único destino: la evolución. Esa evolución que se ha convertido en un discurso tan mentiroso y manipulado para dividir e implementar estos juicios de valores subjetivos, dejando pasar a nuestro lado a quienes considerábamos “civilizados” o “normales”. Discriminando entre “inteligente” y “no inteligente”. Hoy nada pareciera ser normal porque todo luce ser irrisorio, incalculable e impredecible.

¿Llegar a la cumbre más alta, como lo hizo San Martín, es solo una fantasía? La cumbre ya fue trepada una vez y también descubierta. ¿Qué hay luego de la novedad? El aburrimiento, la fatiga, la indiferencia.

Por esto es que hay algunos que deciden, o no encuentran otra razón para seguir adelante. Quedarse en el camino. Perder la “evolución”. Efectivamente dejan de producir rastros, con argumentos que podrán parecer más o menos válidos. Hay otros que se detienen por una mera condición como seres vivientes.

Pero vayamos a quienes ven en el progreso y el futuro una utopía. Las utopías desgastan por ser inalcanzables. ¿Quién quiere algo inalcanzable? O más bien, ¿quién no quiere llegar a la cumbre? Los que dejan su vida en pausa y la ven como algo sin nada más para conocer, para vivir.

Definamos correctamente el sentido de la cumbre. Es que pensar en una posición ubicada en un lugar muy alto nos hace imaginar los típicos conceptos preestablecidos acerca de “lo superior”, “lo distinguido” y “lo importante”.

Entender la vida es algo superador a cualquier otro entendimiento. Conocernos a nosotros mismos es lo que nos va a distinguir del resto, que en primera vista, son iguales a nosotros, pero que llevan un mismo desafío dentro suyo (que es el sentir), el cual desenvuelven de diversas formas. Lo que nos rodea es importante, no porque sea lo inmediato, sino que lo es por su calidad de existencia. Lo que existe nos importa y esto cambia constantemente. No nos dejará de interesar si es que le prestamos atención y le vemos la vida a cada objeto/sujeto que compone nuestro espacio.

A todo esto, la confrontación humana es uno de los grandes actos que llevan a un extremo sentir humano. No practicamos la paz, sino la violencia. No escuchamos, sino que hacemos callar. No entendemos la vida del otro, porque no entendimos la nuestra tampoco.

Extrañamente -o no-, la confrontación nos fortalece, porque nos informa. Transmite un sentir tan básico del humano como lo es el enojo, la tristeza, la bronca, el odio. Todo eso va atado al nivel de violencia que cada ser de esta Tierra recibe y nutre con el paso del tiempo. Todos, inclusive el escritor que escribe esto.

Por esto es que se vuelve tan importante poner en práctica la paz. Y no solo la paz, sino que también el entendimiento de la vida. Lleva tiempo, sí. Pero también mucha individualidad para darle finalmente una mayor fortaleza al colectivo común, llamado humanidad.

Destaquemos que esta individualidad no puede ser solitaria, ya que eso significaría estancarse en el camino. Lo individual se ve transformado por los demás. Solo no se puede, porque en este planeta no hay nada mejor para un humanu que otro humanu. Lo dice el sentir y el propio acto del nacer.

¿Un ejemplo en vida? Conozco la casa de un muchacho, la cual no era para nada pacífica. Sin embargo, en uno de los cuadros de su comedor, colgaba un pequeño papelito que decía: No es difícil de lograr. No tiene ninguna ciencia. Verás que todo es distinto, cuando se tiene paciencia.

¿Será que aprendemos mediante la violencia? ¿Es posible destruir esta idea? Será como no, pero las mejores como las peores cosas, pasan. Transitarlo y entenderlo, cuesta tiempo y sentir.

Periodista y escritor, fundó Humanidad el 2016 a sus 15 años de edad. Actualmente estudia abogacía en la Universidad de Buenos Aires y dirige el medio.

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