Filosofía Vida

La ambigüedad del vivir

Podemos sentirnos completos, así como vacíos. Felices y tristes. ¿De dónde nace todo esto?

Podemos sentirnos completos, así como vacíos. Felices y después tristes. ¿No será esta ambigüedad propia del ser humano la que nos determina, más que cualquier otra cosa en la vida?

¿Es una ambigüedad o más bien es una reacción ante lo que vivimos? Es que claro, uno no puede elegir estar mal o alegre. Hay personas que trabajan de eso y se llaman actores. Pero en la vida real, lastimosamente o no, pretender ser un actor y dueño de nuestro propio guion es un completo autoengaño.

Aquí el camino se nutre de dos cosas importantísimas. Una de ellas es la seguridad personal, gracias a la cual uno puede decidir y por la que generalmente nos caracterizamos. Ésta puede ser fuerte o débil, pero está, inclusive cuando nos sentimos inseguros. Porque así como la seguridad jurídica sostiene el orden y la lógica de que las personas aceptemos ciertas reglas para ejercer en plenitud los derechos que nos corresponden, la seguridad personal sostiene al interior del humanu.

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La otra influencia es el mundo exterior. Cada relación social y cada contacto que tenemos con los otros nos afecta. Podemos verlo en una escala simple, como lo es quien se pone feliz de haber ganado la lotería (alguien tuvo que haber sacado la bolilla del bolillero, causándole la fortuna a nuestro querido amigo imaginario), así como en una escala compleja, donde la vida de una persona se mantiene con firmes estructuras de vida moderna, como lo es un trabajo bien recompensado, una salud beneficiosa, ambientes sociales en los que divertirse y despejarse, relaciones sociales que lo mantengan lejos de las aturdidoras preguntas existenciales. Todo esto causará un “mundo exterior” muy positivo, en cierto punto de vista. En cambio, quien careciera de todo esto anteriormente mencionado, tendrá la tristeza como copiloto.

Sin embargo, no idealicemos demasiado. Tener un “buen” trabajo, una salud “inmejorable” y una “rica” vida social no garantiza nada. El objetivo de este análisis es justamente poder ver que nuestros sentimientos no son cambiantes y ambiguos por libre elección. Dependemos de la humanidad para vivir. Y fundamentalmente, para sentir.

Escritor, fundó Humanidad el 2016 a sus 15 años de edad. Actualmente estudia abogacía en la Universidad de Buenos Aires y dirige el medio.

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