Análisis Política

El 8 o el 22, podrían tener que “ir a cantarle a Gardel”

Con la pandemia pendiendo sobre la cabeza de la humanidad, Argentina recorrerá a partir de mañana, la renegociación con los acreedores externos. El peronismo, un factor indescifrable.

¿Hay alguna presunción de que mañana el ministro Guzmán, por el lado de la Argentina, o los poderosos fondos de inversión, por el otro, tiren del mantel de la mesa de negociaciones y el país caiga en default? Consultas hechas por Humanidad en el peronismo, indicarían que no. Los bonistas deberían acercar una contrapropuesta que Martín, apadrinado por Joseph Stiglitz, se manifestó dispuesto a considerar. Pateó un penal con fuerza, y tiene el aliento del FMI y el Banco Mundial, pese que aclararon, precavidos, que la discusión es una cuestión “bilateral”. Eso sí, esperan que su opinión anticipada tenga peso.

Por ahora, con la pandemia (sanitaria, la más mortífera, pero también, como un efecto mariposa, económica, política, social, anche deportiva), el mundo está patas para arriba. Quedarán en pie los que comprendan y enfrenten mejor el cambio en gestación. Los países avanzados hacen lecturas anticipadas con 20 o más años de anticipación. El bicho les hizo perder capacidades cognitivas y el océano de dudas los atrapó como a todos. Nadie es inmortal ni vive en la plenitud de sus funciones más de 100 años,

Como hábil jugador de truco (Juan Domingo Perón lo era, se reservaba el ancho de espadas si lo tenía, y a una sota la mataba con un caballo), el gobierno peronista de Alberto y Cristina dejó trascender que mañana estará abierto a escuchar nuevas propuestas para reestructurar, reperfilar, o como se llame, la deuda de 65 millones de dólares. El país, esgrime, está en “virtual default” desde la época del beatificado (por Donald Trump y Christine Lagarde), Mauricio Macri.

El peronismo tiene una dinámica propia y caótica. Blande la cesación de pagos, pero al mismo tiempo (Carlos Pagni, señaló hoy apoyado en Jeffrey Sach y el papa Francisco, que el ofrecimiento nacional “es muy aceptable” y podría tener la virtud de evitar “un colapso global”), muestra: capacidad de armonizar al gran predicador oficial, el Presidente, con el silencio estratégico de la vice, mientras las dos torres que se mueven por el tablero se posicionan para más adelante. Son Sergio Massa y Máximo Kirchner. Quizá 2023 (esto es hacer más futurismo), no sea para ellos, sino por lógica para Alberto Fernández, por más que lo niegue: “Si sale de este quilombo, será el mejor candidato”.

“Los medios y la derecha se desviven – contó un asesor que no es fuente de Laura Di Marco -, agitando el eclipse de Alberto por Cristina, cuando puede suceder exactamente lo contrario”.

Veamos: Cristina, reconocida como más ideológica y menos rosquera, “tuvo la valentía, con una mirada histórica, de nombrar a alguien que puede opacarla”. Este es Alberto, quien cuando se pasó a la vereda de enfrente del kirchnerismo, trató de convencer a todos de socavarla. Fracasó y rebobinó. Demostró ser buen peronista, no como Miguel Pichetto.

Y ese traspié (que incluyó el tránsito caótico por la avenida más ancha del mundo, la 9 de Julio, sin llevar a ningún lado), le permitió recuperar a Massa, y alinearlo detrás de la estrategia de Cristina, más propensa a enojarse y golpear la mesa. Se distingue en esto, de Néstor Kirchner. El difunto presidente, cuando el intelectual José Pablo Feinmann, le preguntó en tono de reproche, por qué se juntaba con los barones del conurbano o Hugo Moyano, respondió con su seseo característico: “Si no estoy con ellos, caigo en una semana”.

Alberto es el candidato lógico: al lado sus delfines, Massa y Máximo K

Pragmatismo a la enésima potencia. Libreto que le sienta a Alberto Fernández, siendo más dialoguista y menos hosco que Néstor hasta que se le salta la cadena. También a Máximo Kirchner, quien va ocupando casilleros clave con cuarentones de La Cámpora. ¿Qué significa si no Fernanda Raverta, al frente de la ANSES y Andrés Larroque, como ministro de Desarrollo Comunitario en la provincia de Buenos Aires? Ambos militantes las 24 horas y no CEOs.

El peronismo es capaz de todo. Cristina se puso por encima, con mordazas no precisamente para prevenir el coronavirus. Viene a cuento lo que decía el actual embajador en Perú, Carlos “Chacho” Álvarez: “El peronismo es como un solo perro: cuando ve un trozo de carne, va directo y es capaz de dejar atrás todas sus peleas internas”.

La figura no le cuadra a la izquierda. Sigue discutiendo desde la época de Marx, Lenín y Stalin, hasta hoy, 2020, toda dividida.  El peronismo se olvida con facilidad de las duras rencillas. Lo dijo Carlos Verna en La Pampa, el pasado 17 de octubre y ahora trató a Alberto de “c…”, para luego llamarse a silencio, conversación secreta mediante.

Para seguir con la figura del perro, los que dirigen el peronismo, lo quieren dominar. Pueden pegarle patadas al animal, pero al día siguiente lo sigue teniendo a su lado. Fiel. Leal. Con las salvedades del caso.

La influencia y estrategia de Cristina

Guzmán dijo que la oferta hecha a los acreedores era inamovible. Ayer, alumno avanzado, manifestó estar dispuesto a considerar cualquier combinación de reducción de intereses y capital, extensión y vencimiento del período de gracia, siempre que se respete “la esencia de la sostenibilidad” de la capacidad de pago de la Argentina.

“Podrá moverse algo, pero muy poco”, seapuntó a Humanidad.  Un realista (patriota que reconoce que el peso está por el piso), mostró espanto por la reacción de la derecha argentina que privilegia intereses externos. “Eso no ocurre ni en Estados Unidos”, mencionó e indicó que los intelectuales anti sistema, como Noam Chomsky, no son factores a los que le presten mucha atención los lobbys norteamericanos.

El impuesto a los ricos, uno de los objetivos del gobierno del FdT, se impulsará para dar alivio a las clases bajas y medias. El gobierno tendrá que explicar y convencer a la ciudadanía. Interpreta que es imposible prolongar la inequidad social mucho más tiempo sin que estallen revueltas que serán nada al lado de los “cacerolazos”, repudiados por el intendente del PRO de Mar del Plata, Guillermo Montenegro.

Para poner un broche: a la mesa de discusión de mañana, se va con la idea que nadie quiere tirar el mantel de la mesa. Se orejerán las cartas. Se lanzará alguna. Podría decirse que no hay 8 sin 9 (no existen en el truco, pero sí en el default). Alberto Fernández (con lo que conlleva detrás suyo) quiere pagar. Pero no dudará – se le dijo a éste sitio -, en que si los acreedores amagan con seguir amedrentando, habrá llegado la hora señalada y tendrán que “ir a cantarle a Gardel”.

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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