Argentina Política

Elpidio González, espejo de la política del siglo XX

Apasionante relato, en primera persona, del intendente radical de Avellaneda, tras el retorno democrático de 1983, sobre un yrigoyenista leal y polémico, con claros y oscuros. ¿Sirvió?

Por Luis Sagol (exintendente de Avellaneda)

Los dos grandes líderes populares del Siglo XX en la Argentina, Hipólito Yrigoyen y Juan Perón, con  carisma indiscutible, forjaron así como frenéticas antipatías que llegaron a los agravios más insólitos, adhesiones políticas y personales rayanas con la adoración. 

Casos notables de demostración  de acompañamiento en la acción pública, así como de lealtad en las situaciones difíciles que necesariamente se plantean en ella son con frecuencia señalados. Uno de ellos es el de Don Elpidio Gonzalez.

Radical entusiasta, ocupó varios cargos legislativos y ejecutivos. Fue Diputado Nacional, Jefe de Policía, Ministro de Interior y Vicepresidente de la Nación. 

Marcó en sus gestiones, como señal indudable de su pensamiento, una fidelidad integral a la figura de Yrigoyen, incluso sobre la vinculación  orgánica con su partido. Dio característica semi religiosa a su actividad cívica, colocando en el altar de sus principios la figura del caudillo. Y facilitó la definición que sus enemigos le asestaron: “genuflexo”.

Dos de los cargos desempeñados lo colocaron en terreno polémico. Sus decisiones como autoridad policial, en los terribles sucesos de la Semana Trágica de 1919, han sido severamente criticadas por la represión de los sectores del trabajo, acompañado por la determinación severa del General Dellepiane.

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El otro, por sobre su subordinación absoluta a las indicaciones de Yrigoyen, provocando la ira de su compañero de fórmula, Marcelo Alvear y del naciente antipersonalismo, fue su cometido como Ministro de Interior en los momentos cruciales previos al Golpe de Estado de Setiembre de 1930.

En esos días, Elpidio flaqueó. Llevado, tal vez, por su estima y el deseo de resguardo hacia la personalidad que guió su política, en acuerdo con el Vicepresidente Enrique Martínez y contrariando las advertencias de Dellepiane, Ministro de Guerra, creyó que los sediciosos se conformarían con el reemplazo provisorio de Yrigoyen por Martínez, procurando dar solución pacífica a la crisis. Sabemos lo que le costó al país lo que sobrevino. Incluso a él, que sufrió cárcel y destierro. 

Comenzó entonces, la etapa de su vida que lo redimió y permitió convertirse en ejemplo y leyenda para los que requieren diafanidad en la política.

¿Sirvió Elpidio? La reflexión de Sagol, festejado en Avellaneda

Sin recursos económicos, ganándose el pan como modesto vendedor de anilinas – era abogado, sin embargo – sin casa propia, con riesgo de desalojo porque el ensanche de la avenida 9 de Julio derribó el inquilinato en que residía, rechazó una pensión  que en 1938 le otorgó el Presidente Ortiz. Seguramente hubo en su comportamiento un deseo de expiación por su error. 

En su última aparición pública, participó en la proclamación de los candidatos de la Unión Democrática, en 1946. Como una síntesis de su estilo y de su existencia, hizo su alocución leyendo versículos de la Biblia.

¿Sirvió Elpidio? Sí, porque es un referencia positiva en épocas en las que se debe defender a la política de la regresión de los poderes negativos. Y porque demostró que los humanos no somos perfectos y que no hay verdades absolutas.         

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