Reflexión

La vida es hermosa

Las olas, los padres, las madres, y la independencia de los y las hijas. Ganar autonomía para poder empezar a ser feliz.

Si hay algo bueno, es que tenemos un mañana. Hoy sufrimos, pero ningún dolor es para siempre. Hay quienes cargan durante toda su vida las misma cosas, los mismos pensamientos, los mismos dolores. Por otro lado, están aquellos y aquellas que eligen tomar la vida por las astas y no dejarse caer en el sufrimiento de otros.

“La vida con los flojos no pelea, pelea con los bravos. Si no, no es pelea, ya te la lleva ganada de entrada”, decía la artista Tita Merello en una entrevista con Antonio Carrizo. ¿Será así? ¿Será que la resolución del problema está en darse cuenta que esto es una lucha? Una lucha contra la muerte y sus espíritus que rondan por la Tierra.

Todos y todas tenemos pulsión. “¡Tómenle el pulso!”, se suele gritar para verificar si hay o no vida. Sí… pero también hay personas con pulsión de muerte. Sujetos que se han dejado llevar por la bronca y el odio, arrastrando consigo todo lo que les rodea, como las olas del mar.

Luchar contra los espíritus de la muerte, no contra la vida

Para que el mar no nos arrastre a lo más recóndito del océano, debemos nadar. Hacer fuerza. Así vamos a lograr salir de ese momento de desolación donde el mañana está tapado por el agua salada. Esa agua que es tan desagradable… ¿vale la pena preguntarse por qué es salada, y no dulce? ¿realmente vale la pena que dediquemos nuestro tiempo en eso, o es preferible usarlo, al menos en un principio, para salir de su dominio?

El proceso de independencia es muy importante, ya sea en la región de un país como en la relación de un padre-madre e hijo-a. Puede sentirse como una atadura, donde el hijo o la hija tiene que luchar para hacer su propia vida.

Luchar, sí, porque vale la pena. Porque, más allá de nuestro presente, la vida es hermosa. Vivir conlleva sus desafíos, y éste es uno de ellos: Independizarse económicamente de nuestros padres, por supuesto, pero por sobre todas las cosas, independizarse mental y emocionalmente. De lo contrario, cuando tengamos que despedirnos de la vida, lo haremos cargando con la bronca y el dolor de otra persona.

Sentir dolor es inevitable, pero si vamos a reconocer esto, tratemos de que ese dolor sea nuestro. Porque por más impaciencia que tengamos, ya no habrá ninguna ola que pueda arrastrarnos con ella.

Escritor y estudiante. Fundó Humanidad el 2016 a sus 15 años de edad.

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