Sociedad

“El precio de ser honesto se paga, a la corta o a la larga”

Mirarse en el espejo de Favaloro, quien se suicidó hace 20 años, y dejó una exhortación a no aflojar y seguir luchando contra las injusticias, un cometido para los argentinos de hoy.

El destino – póngale el lector el calificativo – de Argentina se refleja en el derrotero de nuestros grandes hombres y su final. “Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta, tiene su precio. A la corta o a la larga te lo hacen pagar”. A las 14.30 de hace 20 años, unas horas antes de suicidarse con un tiro el corazón, el cardiocirujano René Favaloro, terminó de escribir su carta de despedida, según el registro de la revista El Historiador, dirigida por Felipe Pigna. Su Fundación para la Docencia e Investigación Médica, atravesaba una delicada crisis financiera y lo querían hacer a un costado, pese a todo su prestigio.

Contó Favaloro en esa misiva: “Estoy cansado de recibir homenajes y elogios al nivel internacional. Hace pocos días fui incluido en el grupo selecto de las leyendas del milenio en cirugía cardiovascular. El año pasado debí participar en varios países desde Suecia a la India escuchando siempre lo mismo. ‘¡La leyenda, la leyenda!’”.

“Quizá el pecado capital que he cometido, aquí en mi país – dijo -, fue expresar siempre en voz alta mis sentimientos, mis críticas, insisto, en esta sociedad del privilegio, donde unos pocos gozan hasta el hartazgo, mientras la mayoría vive en la miseria y la desesperación”.

“Todo esto no se perdona, por el contrario se castiga. Me consuela el haber atendido a mis pacientes sin distinción de ninguna naturaleza. Mis colaboradores saben de mi inclinación por los pobres, que viene de mis lejanos años en Jacinto Arauz. Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento – aceptó – como decía Don Ata. No puedo cambiar”.

“Estoy tranquilo. Alguna vez – refirió – en un acto académico en USA se me presentó como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdónenme, pero creo, es cierto. Espero que me recuerden así.
En estos días he mandado cartas desesperadas a entidades nacionales, provinciales, empresarios, sin recibir respuesta”.


“En la Fundación ha comenzado a actuar un comité de crisis con asesoramiento externo. Ayer empezaron a producirse las primeras cesantías. Algunos, pocos, han sido colaboradores fieles y dedicados. El lunes no podría dar la cara”, confesó.


“A mi familia, en particular a mis queridos sobrinos, a mis colaboradores, a mis amigos, recuerden que llegué a los 77 años. No aflojen – exhortó -, tienen la obligación de seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco”

Antes de finalizar con “un abrazo a todos”, Favaloro, reiteró “la obligación de cremarme inmediatamente sin perder tiempo y tirar mis cenizas en los montes cercanos a Jacinto Arauz, allá en La Pampa. Queda terminantemente prohibido realizar ceremonias religiosas o civiles.”

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