Literatura Toque Hache

Para vos, Abbott

Juan Hacha era un hombre bonachón. Y soñador. De los que sueñan cuando duermen y concretan sus sueños una vez que se despiertan. Algo recurrente rondaba su mente. Tenía suerte: había varios espejos en la familia.

Dedicado a Ana

Noche estrellada del 25/26 de abril 2015

Juan Hacha era un hombre bonachón. Y soñador. De los que sueñan cuando duermen y concretan sus sueños una vez que se despiertan. Algo recurrente rondaba su mente. Tenía suerte: había varios espejos en la familia. La esposa, Sol Spada, encendía fogatas de ilusiones igual que hábilmente Juan prendía con leña (“tomada prestada” a un vecino cordial) el fuego para sus exquisitos asados, que compartía con amigos y hermanos del alma.

El hijo más pequeño, Pipín Hacha, le aportaba muñequitos de agua, débiles en apariencia pero potentes después de sumergirse en H2O. La más grande, Ágata Hacha, lo acompañaba en silencio. Observaba todos sus movimientos. Y terminó siendo la llave perfecta que abrió la puerta a una de las metas que prohijaba desde la cuna.

Es que Juan Hacha se sentía prisionero en la gran ciudad. Anhelaba espacios verdes y camperos. Buscaba tranquilidad y armonía para disfrutar los fines de semana. Como diría el poeta, lejos del mundanal ruido.

En la búsqueda de ese paraíso, exploró Luján, detrás de la Basílica bendecida por Francisco, y unos barrios cercanos a San Miguel del Monte. Pero algo le decía que nada conseguiría hasta que Ágata, pichona de intelectual con dotes de escritora precoz, le diera una señal.

Así, buceando por San Miguel del Monte y su imponente laguna, le llamó la atención un pueblo con calles de tierra y una pulpería que antaño frecuentaban criollos bondadosos y a la vez pendencieros. Se perdió entre gente amable, atravesó una tranquera y se topó con un terreno con el pasto crecido que parecía rechazarlo. Él y su familia pensaban seguir de largo, pero Ágata, intempestivamente, pidió bajar del auto, salió corriendo y arrojándose contra el piso, aplastó la hierba con su espalda. Y, mirando al cielo, con los brazos extendidos en cruz, exclamó: “Esto es para vos, papi”. “Esto es para vos, Abbott”, gritó cómplice Juan Hacha. Supo, entonces, pleno de felicidad, que ese era el lugar para que todos pudieran seguir creciendo… y seguir soñando…

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

1 comment on “Para vos, Abbott

  1. Patricio Pedro Downes

    Maravilloso relato. Cerca de los pagos donde nací, Cañuelas.

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