Sociedad

Oda al recreo

Reflexión de Laura Lewin sobre la funcionalidad de los recreos y los cambios que podrían beneficiar tanto a alumnos como a docentes.

A continuación, Humanidad comparte una interesante reflexión de Laura Lewin, autora y consultora en temas de gestión educativa, encontrada en el diario La Nación, específicamente en la nota “El futuro. 12 cambios que se vienen en educación”.

Por Laura Lewin

Desde siempre se vienen barajando los mismos horarios de clase y de recreos, cuando, en realidad, los tiempos de los niños, ya no son los mismos. El recreo es la oportunidad perfecta para recargar energías y descargar tensiones. Pero, claro, no es mucho lo que se puede hacer en 10 minutos.

Convengamos en que un aula con alumnos que no se concentran, se distraen o no se escuchan no es demasiado productiva. ¿Y si pensáramos en alternativas? Clases más cortas y recreos más largos pueden sorprender a cualquier docente y directivo. Cuarenta y cinco minutos de clase, seguidos de quince minutos de recreo, arrojan resultados increíbles: alumnos más enfocados, más atentos, más energizados, y contenidos mejor consolidados. Pero ¿para qué sirve el recreo? Tiene muchos beneficios, además de brindarles a los alumnos la posibilidad de hacer una pausa:

  • Desde lo socioemocional: los chicos, a través del juego, aprenden a comunicarse, a negociar, a competir, a manejar la frustración de un partido perdido, a resolver problemas, y mejoran su creatividad y la imaginación.
  • Desde lo recreativo: los chicos pueden correr, jugar y moverse, lo que los ayuda a liberar tensiones y a reducir el estrés.
  • Desde lo físico: moverse, además de ser bueno para la salud, ayuda a los procesos cognitivos. Hay que moverse para aprender mejor.
La fórmula de la atención: clases más cortas, recreos más largos

Pero, además, los recreos ofrecen opciones para el aprendizaje. Organizar “recreos activos” puede ayudar al colegio a organizar y capitalizar este momento de ocio tan importante. Pero, claro, si desde hace siglos seguimos teniendo los mismos patios, ¿en dónde queda la creatividad?

A través de estaciones preestablecidas, los chicos pueden elegir “rincones” de juego: desde algo más deportivo (fútbol, vóley o escalar paredes), pasando por algo más cognitivo (juegos de mesa), hasta una estación de baile, música, coreografía o una de construcción (con maderas, por ejemplo). Los patios inclusivos capitalizan el espacio y el tiempo de recreo y resultan geniales para aquellos niños que necesitan más ayuda para integrarse, ofreciendo un abanico de opciones.

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