Literatura

Incendio en Arredondo

Barrer las cenizas de un edificio en llamas donde los consorcistas discuten sobre el aumento de las expensas y otras injusticias, desvela al joven cuentista Agustín Groppo.

Por Agustín Groppo

Levitando entre las paredes retumba el sonido de la alarma. El edificio Arredondo está en llamas, el timbre suena sin pausa y se escuchan gritos desde la planta baja. El perro permanece en silencio, inmutado y me mira. “Que raro todo esto”, pienso al levantar mi cabeza de la almohada. Vaya a saber dios cuanto tiempo llevo acá tendido.

No tardan en bajar los del sexto piso. Aparentemente, la alarma se disparó en el séptimo. Ahí vive un señor cuyo apellido es Anakrainsh; todo el séptimo piso es de él.

Me pongo mi jogging más cómodo y bajo. Las viejas y los viejos ya andaban amontonados en la entrada del edificio. Con una mueca, aviso al encargado que no tengo ningún interés en discutir sobre el aumento de las expensas. No lo tengo hoy bajo esa situación de incendio; me parece una real locura.

Anakrainsh sigue sin aparecer.

—¡Escúchenme! — advierto gritando y despavorido —¿¡cuándo piensan ir a buscar a Anakrainsh!? —, nadie responde; sus caras siguen aguardando los turnos para pronunciarse sobre el aumento de las expensas.

No tarda el humo en encontrar la manera de inundar cada uno de los pisos del edificio. Solo resta la planta baja. La reunión no parece sufrir la más mínima advertencia del calor o del fuego asesino. No hay señales de Anakrainsh tampoco. Todo me parece un misterio.

La señora Román pide la palabra: — A mi me parece injusto lo que hacen con Ricardo. — Por su parte, Ricardo pide la palabra — Y a mi lo que hacen con la señora Román. No me parece en absoluto — Al fin y al cabo, nadie se pone de acuerdo en este lugar.

Ya pasaron unas horas y acá siguen discutiendo. El edificio entero ya está en llamas, ya es tarde; creo que a esta altura es práctica y físicamente imposible que alguien pueda sobrevivir. Me dan ganas de fumarme un pucho.

Sinceramente, esta historia creo que va a terminar acá. Anakrainsh sigue sin bajar de su piso; por su parte, la señora Román se puso a barrer las cenizas del humo que acarician la planta baja, creo que lo hace como protesta frente a la falta de compensación por todas las “injusticias”. Me queda Ricardo, confío en él para fumar ese pucho que tanto deseo.

Ya en la vereda viendo a la gente muerta desfilar con sus papeles en la mano, apurada y cargando con las espaldas encorvadas, Ricardo me tira muequeando — Seguro se trata de otras expensas — sonríe y entra al edificio, estimo, para seguir debatiendo eternamente con el resto de la vecindad sobre las injusticias de la señora Román. Al verle pienso: “no sé si será feliz haciendo esto; al menos, creo que así Ricardo lo cree; al menos, creo que así se siente vivo aún estando muerto; al menos, aún incendiándose Arredondo todos los días”.

1 comment on “Incendio en Arredondo

  1. Relato brillante de Groppo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s