Literatura Sociedad

JOP, JOP…la barbarie, nunca la civilización

Ahora que están de moda los "azulías" más que los "verdicos", mal que les pese a los Duhalde y Centurión, bueno es releer un fragmento de La Calle de los Caballos Muertos, de Jorge Asís. Metáforas futbolísticas aplicadas a la política.

JOP JOP, los jop jop tenían un intenso miedo acumulativo que se les anticipaba, sabían que en el futuro no podían resistir siquiera una investigación. Tanto pero tanto miedo tenían los positivos héroes que salvaguardaban los privilegios de los plateístas y de los hombres del palco de honor que llegó un momento en que estaban capacitados para reventar a cualquier muchachito abnegado que descubrieran con un banderín de Boca. Ni siquiera alcanzaban a disimular el incalificable miedo a las proclamas enaltecedoras en las que se ponía de manifiesto que estaba en juego nuestro tradicional estilo deportivo de vida. Dirían después para justificarse o cubrirse, que en toda guerra se cometen exageraciones.

Se registraron episodios prácticamente inexplicables que sin embargo algún día lejano, con seguridad tendrán que explicar. Y no solamente por la consabida e indignada presión de la FIFA, sino porque el día menos pensado se van a sorprender porque también cambió la AFA, con la que ya no saben que hacer, sólo corrompen y fracasan, hablan por la televisión y no saben, el tiempo trágicamente se les acaba y comprueban con espanto que están incapacitados hasta para corromperse.

Y será inútil, para colmo tarde, que pretendan proscribir a cualquier nucleamiento interno o a cualquier hincha francotirador y común que aspire a que sea esclarecido hasta las últimas consecuencias el comportamiento de los azulías y de los verdicos durante la lucha antipatotera, en realidad los pobres chacales están inmersos en un drama extraordinario que tiene tantas salidas como el peor laberinto, en primero lugar porque ya demostraron que no pueden ni saben gobernar la AFA, y sobre todo porque no tienen a quién entregársela, algún grandilocuente bobalicón que pueda garantizarles que nunca se sentarán en un tribunal para sus procesamientos.

La hinchada, es cierto, quiere y necesita volver a ver fútbol en paz, pero también necesita, aparte de la fabulosa democracia, justicia definitiva, castigo a los culpables que le dicen. Y eso no, eso caca. Los verdicos tienen la disparatada arrogancia de no querer rendirle cuentas a nadie, pero, aunque se obstinen en negarse, pronto no tendrán otra alternativa que acusarse mutuamente, tal vez como el Segovia y el Ramón, porque la hinchada hierve por saber con claridad cómo fue que destrozaron a cualquier adolescente cuyo único pecado había sido ir, alguna que otra vez, a la cancha.

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Para que no vuelva a repetirse hay que saber muy bien quiénes y por qué chuparon a tantos adolescentes y padres, los aspiraban los transitorios impunes con una terrible manga atmosférica y gigante, se los llevaban al quirófano y les decían cantá, les pegaban entre cinco o seis pesados gloriosos y valientes y le repetían cantá, putísima madre que te reparió hijo de mil puta y vas a tener que cantar, ¿sos hincha de Boca o no? Y por supuesto que el muchacho o su padre podían ser hinchas de Boca, ¿qué tenía de malo?, si la mitad más uno del país es hincha de Boca y hasta ayer nomás podíamos decirlo con tranquilidad, viva Boca, Boca que grande sos, cuanto valés, la vida por Boca que nos da tanta satisfacciones.

Perfectamente el chico o su padre podrían haber compartido con millones de boquenses los cuatro golazos sensacionales que Carlitos García Cambón, le hizo a Fillol, pero no por esos gritos alegres podía saber fehacientemente quién era el Ramón, ni ser su amigo, o su aliado, estaba ahí, en la bolsa, porque Boca Juniors, señor, jop jop, es una gran alianza de clases, es un pacto social, el único pacto social posible que puede establecerse en el país gracias a las tensiones emocionantes del campeonato y del gol, gracias sobre todo al carisma, al fervor.

Sin embargo, lo dijimos, ni los azulías ni los verdicos entendían de matices, ni de fenómenos clasistas siquiera, entonces por eso había que responderle no, señor, yo no sé de qué Ramón usted me está hablando, le digo la verdad, aunque el grosero tecnológico insistiera con sus cables amenazantes y sus piñas, aunque le dijera no te hagas el burro boquense de mierda que te conozco y le mostrara el cablecito de nuevo y lo invitara con prepotencia a pasar a la pileta.

Decíme hijo de puta adónde lo vés al Ramón, adónde para, despreciable show del cablecito en las tetillas o en los testículos. Decime turrito que te reviento, cuánto hace que no lo ves a Segovia, a Molina, agüita y alarida ante la indiferencia de las paredes culposas del quirófano. ¿Cuántos hinchas de Boca conocés?, ¿adónde viven?, y les descargaban otra vez la sublime tecnología y a muchos de ellos se los tiraban envueltos o mareados al señor Aladino, imperturbable el hombre mágico desplegaba su capa negra y con su lámpara fascinante hacía desaparecer hasta los huesos, no dejaba de los desgraciados el menor vestigio, ni una uña ni un gesto, les hacia hasta esfumar los recuerdos y de sus presencias en el mundo sólo quedarían fotografías vanas, que sus madres o esposas remiten a la FIFA o las miran apesadumbradas, habrán comprendido entonces por qué para entender las claves de la guerra del fútbol hay que basarse en la magia y no en la lógica, en la barbarie y nunca en la civilización.

“Lo somos, futbolísticamente” (Jop Jop)

Dirían después los jop jop, con gesto adusto, solemne, soberbios pero en el fondo recagados, se trató jop jop de una guerra sucia, nos hallábamos al borde de la disolución deportiva nacional, en todas las guerras se cometen excesos y los argentinos somos jop jop futbolísticamente derechos y humanos, y ya que hablamos de derechos corrijamos a San Martín, que en realidad el pobre fue un romántico que se equivocó de país para hacer historia, porque la victoria da derechos, qué joder, lo que ocurre en realidad es que tanto San Martín como Sarmiento ya están superados, gloria entonces a la barbarie y muerte y cárcel para la civilización, así que el que pugne por la civilización o la igualdad o la justicia es porque persigue fines, jop jop, inconfesables, ajenos a nuestra idiosincrasia, eso, y a nuestro sentir nacional, jop jop.

Así que en la Argentina la victoria da todos los derechos y al que no le guste ya sabe, ¿desde cuándo la gran puta se les piden tantas explicaciones a los vencedores? Pst, dirán, los vencedores somos finalmente los que siempre escribimos la historia, aunque jop jop, a propósito, los vencedores entienden en general muy poco de literatura, ni sospechan que en el fondo la historia es apenas una novela grande y no saben tampoco que es imposible manejar un país como si fueran personajes porque ellos siempre se rebelan, son los personajes de la novela de la historia los que viven la política y soportan a sus dictadores y en el fondo se recagan en la derrota transitoria, son laureles de sangre y de llanto los que cubren las cabezas de los solapados triunfantes en el mundial del horror, laureles de culpa y absolutamente artificiales que también se pudren junto a las cabezas.

Dijimos que la mitad más uno éramos de Boca, pero teníamos que negarlo, disimularlo. Debimos, dolorosamente, ocultar o desdibujar durante años nuestra condición orgullosa de boquenses del alma, porque los jop jop dueños de las calles nos paraban con prepotencia en cualquier esquina, si no los convencían nuestros documentos o se les antojaba nos llevaban, de muy mala manera nos preguntaban después de qué cuadro éramos.

Respondíamos entonces: no, señor, a mí no me interesa el fútbol. Sabe que pasa, a mí el fútbol no me da de comer, sirve nada más que para alimentar a cuatro vivos, el que a los 18 años no va a la popular es porque se trata de una mala persona, el que a los 35 no está en la platea es porque se trata simplemente de un imbécil, o de un pobre tipo, un cangurazo.

¿Se convencía el jop jop? Aún no. ¿Yo de Boca? Por favor, nada tengo que ver con los bosteros, yo no soy de Boca y mucho menos de corazón, a mí me importa un reverendo carajo que este año desde la Boca no salga ningún campeón o que se vaya al descenso, para mí es lo mismo, yo igual me tengo que ir a ganar el pan.

¿De quién me habla? ¿De Rojitas, Valentim, Tarantini, García Cambón, Motoneta Nardiello? No, no los conozco ni los quiero conocer, bah alguna vez los habré visto de pasada, en la tapa de El Gráfico, mientras esperaba el subte. No, yo nunca compré El Gráfico, señor, y mucho menos Así es Boca, ese pasquín de bosteros descamisados. Yo solamente leo de vez en cuando Selecciones, no se equivoque, ¿cómo voy a gastar plata para ver los colores ficticios de El Gráfico? Pst. De vez en cuando compro Cabildo o Precisiones jop jop para contribuir, respectivamente, con la patria y con el proceso, aunque no puedo negarle que alguna vez escuché hablar de ese chico Tarantini en la calle o en el trabajo, tal vez en el colectivo, no hay nada que hacerle, uno no está exento, pero le aseguro que no presté atención, qué pepino me importa a mí si anda con la Pata Villanueva o no.

De Suñe también escuché hablar, se que es cuñado de un tal Larrosa, pero porque lo leí en una nota de ese muchacho Pagani en el Clarín, ¿se habrá convencido ya? Jop jop. Yo soy afutbolístico, no me voy a arriesgar nunca a que un servidor como usted me coloque el cablecito, le agradezco pero mis pelotas están particularmente cómodas. Gracias, pero tampoco quisiera ir a la pileta, ya me bañé, yo soy muy limpio, señor, metódico, le aseguro que no tengo ningún interés de conocer sus maravillosas virtudes mágicas, no tiene ningún motivo para demostrarme las habilidades de esa lámpara brillante, no tiene por qué tampoco ninguna razón para intentar envolverme en su tan valiosa capota negra, dígale al señor Aladino que se la meta en el…ejem, digo que la deje tranquila nomás oculta en el quirófano. Que haga que se convierta en invisible otro. Yo estoy perfectamente así, visible, responsable de mi cadáver, que Aladino la utilice con alguien que lo merezca.

Acérquese, mire, la verdad que si lo hace desaparecer a ese otro es por algo. Porqué está en la joda. Algo de malo tuvo que haberle hecho al fútbol argentino para que usted le haga poner la lamparita, por supuesto. Pienso: me parece que ya lo tengo convencido, si, ¿lo convenci? Jop jop. De ninguna manera, yo no sé ni quiero saber nada de fútbol porque ante todo tengo que mantener a mi familia, por eso ni mi madre ni mi esposa desfilarán nunca como esas miles de madres, durante ningún jueves de la eternidad, va a ver, jop jop, mi madre nunca se va a poner un pañuelito en la cabeza con mi nombre bordado, no irá a ninguna plaza, considero que a las plazas hay que ir nada más que a tomar sol, llevar a pastorear a las novias y recitarles algún poema de Bécquer, para llevar a los niños, es casi poético ver cuando le dan de comer a las palomas, pero ojo, amigo, protector mio, pero al Parque Rivadavia, al Lezama, a ningún sitio verde donde uno pueda molestarlo.

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