Opinión Sociedad

La construcción de nuevos paradigmas

El embajador Raimundi, dijo que existe un dilema entre "un orden neo-fascista" y un camino pacifico, multipolar, articulado culturalmente, con presencia estatal.

El embajador argentino ante la OEA, Carlos Raimundi, afirmó que en la 75° Asamblea General de la ONU, celebrada hace un mes, quedaron reflejados dos rumbos mundiales: por un lado, “el de los puros mercaderes, el de la imposición, el choque de civilizaciones y la competencia entre laboratorios”; y por otro, “el de la necesidad de renovar instituciones perimidas, la cooperación, la organización de la convivencia entre la sociedad y el Estado y la vacuna como bien social universal”.

En la última de las direcciones, en un extenso artículo publicado en La Tecl@ Eñe, ubicó al presidente Alberto Fernández y al papa Francisco.

Humanidad reproduce sólo los corolarios del análisis de Raimundi, titulado como la encíclica Fratelli Tutti:

Igualdad de derechos (“es inaceptable que alguien tenga menos derechos por ser mujer”), abolición de la pena de muerte (“la pena de muerte es inadmisible”) y diálogo de cultura contra el choque de civilizaciones (“la relación entre occidente y oriente es una necesidad mutua indiscutible”), son otros tópicos políticos abordados por la Encíclica.

Pero lo fundamental es englobar en un todo el espacio geopolítico en el que el pronunciamiento papal se ubica, lo haya buscado o no.

Con antelación a la propia pandemia, el mundo avanzaba hacia una concentración descomunal de la riqueza, y por lo tanto un ensanchamiento igualmente descomunal de la indigencia. De la mano de la sobre-explotación de la tierra y de la producción animal que derrochan energía y provocan emanaciones lesivas de la salud del planeta. Y sobrevino el covid-19.

            El covid-19 nos deja algunas enseñanzas:

  1. Si pudimos sobrevivir con un nivel de consumo muy inferior al que traíamos, quiere decir que no consumíamos según nuestras necesidades (porque está demostrado que necesitábamos mucho menos), sino que el sistema nos obligaba a consumir según el requerimiento de la tasa de ganancia del capital
  2. La detención de actividades industriales importantes demostró que es factible mejorar las condiciones ambientales. Las catástrofes provenientes de huracanes y ciclones, inundaciones, sequías e incendios producto de la deforestación, corresponden a la inercia anterior.
  3. Quedó demostrado que la retracción económica no se debió al ausentismo de empresarios, sino de trabajadores. Es el trabajo el que genera capital, y no a la inversa. Cuando no hay trabajadores, no hay ganancia empresaria. Cuando los empresarios desertan, los trabajadores se ponen las empresas al hombro, las autogestionan, y generan capital.
  4. La extrema necesidad de acudir a la tecnología digital disparó la concentración de recursos en manos de los grandes servidores. Esto los sitúa en una posición de privilegio para dirigir a una parte importante de la humanidad, tanto desde el punto de vista económico como intelectual, siempre y cuando la política no establezca instrumentos de regulación y democratización.
  5. La pandemia ha extendido la sensibilidad social hacia dos valores reñidos con el capitalismo globalizado, como lo son la solidaridad y el protagonismo del Estado. Queda claro que por mayor que sea el esfuerzo personal en resguardo de nuestra salud, si no contara con la reciprocidad de nuestros conciudadanxs, carecería de resultados. Es decir, necesitamos de la solidaridad de las otras personas para sostenernos, y ellas necesitan de la nuestra. En cuanto al Estado, nadie esperaría que un emprendimiento personal de cerveza artesanal nos provea de respiradores, anticuerpos u otros insumos sanitarios. Es al Estado al que se asigna esa responsabilidad, es decir, acudimos a una revalorización de lo público, lo estatal.
Raimundi, embajador ante la OEA, reivindica con firmeza al Presidente y al papa Francisco

Este conjunto de factores nos ubica en un contexto favorable para la construcción de nuevos paradigmas que guíen tanto el mundo productivo como las relaciones interpersonales a medida que se vayan disipando las fases más agudas de la pandemia. Pero ese proceso no es automático, sino que, insisto, depende de la voluntad de intervención de la política, de su liderazgo ético y pedagógico.

Del otro lado, se está gestando una corriente político-social muy peligrosa. Un “pandemónium”, en términos de Jorge Alemán. Una derecha que abreva en la ruptura de lazos sociales provocada por la fragmentación de partidos y sindicatos, ayudada por el repliegue al individualismo y el debilitamiento de lazos sociales que causan el teletrabajo y la educación a distancia, intensificada por la cultura de lo desechable y la respuesta de impacto que nublan la reflexión profunda, crítica y analítica, y exacerbada por la atmósfera de malestar, angustia, agravio y resentimiento que estimulan las redes sociales más usadas.

A las puertas de Brandemburgo, en pleno Berlín histórico, se movilizaron conjuntamente libertarios y neonazis. Los que creen que el Estado debe desaparecer, junto a quienes en nombre del Estado justificaron crímenes horrendos, unidos por el común denominador de cuestionar el orden político-estatal y la existencia de un sujeto social organizado.  

La izquierda, las fuerzas populares, tradicionalmente orientadas a cuestionar el orden social, somos hoy las que intentamos sostenerlo, tomarnos de un manojo de postulados que guarden cierta coherencia. Azorados cuando vemos marchar a quien enarbola una consigna, codo a codo con quien propala la consigna contraria, nos cuesta obtener una explicación a semejante paroxismo.

Hasta ahora sólo encuentro la siguiente: se trata de sembrar el caos, para justificar la aparición del orden neo-fascista que Steve Bannon está auspiciando. Esta vez no encarnado en Estados, sino en grandes conglomerados monopólicos, dispuestos a asumir la gobernanza mundial.

Francisco, el gobierno argentino y otros líderes mundiales, que los hay, marcan el camino alternativo de la paz, la articulación de culturas, la multipolaridad y la estatalidad”.

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