«Por desgracia, la aporofobia (termino que aportó al español y que significa el rechazo al pobre), ha existido siempre, está en la entraña de los seres humanos, es una tendencia universal», declaró la escritora y filósofa Adela Cortina a BBC Mundo.
En una entrevista, señaló que hay formas de convivencia y organizaciones políticas y económicas que «potencian» más la aversión al inmigrante mendigo o indigente que otras. «No rechazamos a los extranjeros si son turistas, cantantes o deportistas de fama», aclaró.
La filósofa ejemplificó: «los inmigrantes y los refugiados son mal acogidos en todos los países, incluso algunos partidos políticos ganan votos cuando prometen cerrarle las puertas».
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«Tratamos con mucho cuidado a las personas que pueden hacernos favores, ayudarnos a encontrar un empleo, ganar unas elecciones, apoyarnos para conseguir un premio, y – consignó -, abandonamos a las que no pueden darnos nada de eso«.
Al explicar por qué los humanos son aporófobos, explicó que la antropología evolutiva enseña que somos «animales recíprocos», esto es, «estamos dispuestos a dar a otros, con tal de recibir algo a cambio, sea de la persona a la que han dado, sea de otra en su lugar».
Se trata de un fenómeno biocultural de sociedades contractualistas.
Adela Cortina, de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas de España
«Pero cuando hay personas que parece que no pueden darnos nada interesante a cambio, las excluimos de este juego de dar y recibir. Esos son los pobres, los excluidos», agregó.
Tras calificar de «excelente» que los poderes político y religioso no estén unidos, ya que eso facilita el pluralismo, indicó que la pertenencia a un credo «sigue siendo una fuente de vida y de sentido para muchas personas y grupos sociales».
Sobre el cristianismo, indicó que efectivamente apuesta por todos los seres humanos y el cuidado de la naturaleza, con una opción preferencial por los pobres, para que puedan salir de su condición desfavorable y ascender socialmente.
«El mensaje del papa Francisco – destacó -, es expresión de lo que se ha llamado la Carta del Reino, las bienaventuranzas del Sermón del Monte, y así lo recoge su reciente encíclica «Fratelli Tutti«.


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