Literatura Sociedad

Isabel Allende y el por qué de su feminismo

Desde el kindergarten, viendo los padeceres de su madre y otras mujeres, la escritora se alzó contra el machismo. Fragmento de Mónica López Ocón, en Tiempo Argentino.

“No exagero al decir que fui feminista desde el kindergarten, antes de que el concepto se conociera en mi familia. Nací en 1942, así es que estamos hablando de la remota antigüedad. Creo que mi rebeldía contra la autoridad masculina se originó en la situación de Panchita, mi madre, a quien su marido abandonó en el Perú con dos niños en pañales y un recién nacido en los brazos. Eso obligó a Panchita a pedir refugio en casa de sus padres en Chile, donde pasé los primeros años de mi infancia. (…). A muy temprana edad me di cuenta de que mi madre estaba en desventaja con respecto a los hombres de la familia. Se había casado contra la voluntad de sus padres, había fracasado tal como se lo habían advertido, y había anulado su matrimonio, única salida disponible en ese país donde no se legalizó el divorcio hasta el año 2004. No estaba preparada para trabajar, no tenía dinero ni libertad y era el blanco de la malas lenguas, porque además de estar separada del marido, era joven, bonita y coqueta.”

Con estas palabras comienza Mujeres del alma mía. Sobre el amor impaciente, la vida larga y las brujas buenas, el último libro de la bestseller chilena residente en California Isabel Allende, que acaba de aparecer en Argentina.

Esta vez, sin embargo, no se trata de ficciones afiebradas para las que parece haber tomado prestada la máquina de hacer milagros imaginativos de García Márquez, sino de un libro en el que cuenta su historia a la par que su relación con el feminismo.

Pero además de Panchita, su madre, por el libro desfilan muchas otras mujeres ligadas a ella de maneras muy diferentes: la agente literaria Carmen Balcells o escritoras como Virginia Woolf o Margarete Atwood. También celebra la irrupción de MeToo y reflexiona sobre temas como la pandemia y el amor. Además, entre las páginas de prosa intercala algunos poemas que hablan de la mujer, desde Sor Juana Inés de la Cruz a Violeta Parra.

Poemas de Sor Juana Inés de la Cruz (en la imagen) y Violeta Parra, en “Mujeres del alma mía”

Su enojo visceral contra el machismo nació al ver la situación de subordinación en que se encontraba su madre, pero también las empleadas de su casa.  

Fue expulsada a los seis años de una escuela de monjas alemanas, aunque considerada la situación desde el presente, la autora tiende a pensar que se trató más de la condición de madre soltera de su madre que de su resistencia a aceptar imposiciones con las que no concordaba. De manera inútil su madre le rogaba que fuera discreta, pero la pequeña Isabel no aceptaba sometimientos. “No sé de dónde has sacado esas ideas – le dijo cierta vez su madre -, vas a adquirir fama de marimacho.”

Esta última palabra, hoy casi desterrada del vocabulario, era común en esa época y se utilizaba no para designar el lesbianismo como podría pensarse, sino para marcar a las mujeres que no se ajustaban al ideal femenino dictaminado por la sociedad patriarcal. Hay que reconocer que en algo no se equivocó su madre: Isabel adquirió fama, pero no lo hizo por su actitud disidente respecto de lo que se suponía que debía ser una mujer, sino porque resultó ser una escritora exitosa.

En el texto, la autora entrelaza datos de su biografía, desde su relación con su madre al amor de su vejez – a través del cual admite que logró un rejuvenecimiento y un impulso nuevo para vivir -, con datos sobre la situación de la mujer en el mundo y reflexiones sobre el machismo que son de su propia cosecha. También se tomó cierta revancha con quien (o quienes) la cuestionaban como escritora, ya que, según parece, sus voces fueron acalladas y no les quedó otra que admitir su derrota cuando ella ganó el Premio Nacional de Literatura de su país.

El libro o parte de él fue escrito durante la pandemia en compañía del amor de su vejez, Roger. Ambos consideraron que la casa que comparten era e refugio ideal para huir del coronovirus.

Como optimista a ultranza que es, Allende afirma que la pandemia era el sacudón que el mundo necesitaba para preguntarse cuál debe ser su rumbo. Está convencida de que seremos mejores cuando termine la pesadilla del virus que hoy comparte todo el mundo. Humanidad se permite ponerlo en duda.

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