Reflexión

¿A quién tenés al lado?

¿Qué significa "conocer" a alguien? ¿Por qué tal persona es como es? El hilo de imperfección de la especie humana perdura y parece que seguirá perdurando, porque ser humano no es nada sencillo.

Nuestros primeros pasos en la vida los hacemos acompañados. Puede que existan casos en los que la soledad haya sido la regla y no la excepción. ¿Pero de qué soledad estaríamos hablando? Probablemente de aquella basada en una ausencia de padres, no de educadores. Porque la crianza no la lleva a cabo únicamente el progenitor o progenitora. Es parte de ella todo aquel que se presenta (voluntaria o involuntariamente) como un modelo ante el niño/a.

Todos y todas recibimos una educación. Desde aquel que nació en una familia tradicional hasta aquel o aquella que se crió en las situaciones más vulnerables y con ausencia de todos los personajes que “deberían” estar al criar a un ser humano. Los seres humanos nos educamos constantemente, siendo quienes nos rodean nuestros principales profesores/as.

En el mundo actual rigen ciertas ideas que dicen qué tipo de personas son “educadas” y quiénes “no lo son”. Si invitamos a un amigo a comer a casa y éste empieza a comer los ñoquis a la bolognesa con sus manos va a haber un gran problema. Con este ejemplo podemos darnos cuenta de cómo pueden chocarnos ciertas cosas de los demás a causa de una sola razón: el tipo de personas que nos crió.

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Algunos educan con el bien, otros con el mal. Algunos educan con la comprensión, otros con la violencia. En realidad, una no es excluyente de la otra. Muchos educan con varias de estas cosas. La clave está en ver cuánto de violento se es y cuánto de amoroso. Aquello termina repercutiendo enormemente en la futura personalidad del joven.

No somos perfectos, y quienes nos educaron tampoco lo fueron, por lo que la línea de imperfección se perpetúa. Acá encontramos la respuesta al por qué los seres humanos somos tan distintos entre sí a pesar de tener la misma condición de humanos: somos educados por seres particulares, moldeados por otros seres que también tuvieron sus propias historias, traumas y resurreciones.

Es justamente luego de la niñez y la adolescencia cuando se acerca la posibilidad de “construirse a uno mismo”. En la adolescencia ya se puede empezar a practicar, pero la adultez trae la independencia en muchos nuevos sentidos y la posibilidad de experimentar otras formas de vida que quizá jamás hubiéramos tenido en nuestro lugar de origen.

Por esto es que se vuelve extremadamente importante saber elegir a nuestros compañeros/as de ruta. Ellos y ellas nos van a seguir educando, con el maltrato o con el respeto. Es cuestión de conocer a la persona y confiar, para luego quizá quitarle nuestra confianza. Porque… ¿hasta qué punto podemos conocer a los demás, sin conocer antes la historia y forma de crianza de sus educadores? Somos lo que hacemos con nuestra vida, pero también somos lo que hicieron con nosotros.