Opinión Política

Olor a linimento en vestuarios de la oposición

Cargado de ironía, Asís analizó en su última entrega las pretensiones en Juntos por el Cambo. Desglosó, entre otros, los roles de Larreta, Macri, Vidal, Bullrich, Carrió, Manes y Lousteau.

Por Oberdan Rocamora (jorgeasisdigital)

El pentágono estudiado del poder – o del gobierno – cedió posiciones demasiado pronto (Máximo, Axel, Sergio, La Doctora y Alberto). Un gobierno aislado. Peleado. Arrastra una sumatoria de conflictos. Diálogo interrumpido con la oposición. Sin siquiera mensajes de Telegram con la Suprema Corte. Destrozado cotidianamente por los grandes medios. Los errores se amplifican. Los malos manejos se extienden. La tribuna clama por la llegada de Aníbal. Con recursos intelectuales y el atributo del coraje. El secreto consiste en saber atacar para defenderse.
(Consta que sectores descontentos del peronismo planifican imaginarios homenajes para desagraviar a Ginés González García, El Ministro Saludable).

La multiplicada obviedad de los vacunados de privilegio impide tomar con seriedad hasta el cambio de partenaire en la política exterior. El desplazamiento hacia México. En desmedro de Brasil. Pero aquí la cuestión geopolítica sucumbe ante el cuñadito que se adelantó en la fila de la vacuna. Arrebatado, Alberto quiere instalar lo que supone que es gravitante. Pero resulta aplastado por la montonera vulgar de lo accesorio. Sus contradicciones lo disuelven. Lo diluyen. El prestigio del estadista decae. “No da la talla”, confirma la Garganta. Muy cruel. Los que trafican información privilegiada (como las vacunas) confirman que La Doctora (CFK) está más que enojada. Está “desilusionada”.

De ser cierto debe cuestionarse la inteligencia que le reconocen hasta sus enemigos. Significa que alguna vez se ilusionó con el engendro que presentaba en sociedad. Una movida eficaz para ganar. Pero un descalabro anunciado para gobernar. Previsible entonces es que se genere la ilusión rápida de otra alternativa.

Juntos por el Cambio se recuperó en menos de un año. Como si el fracaso fresco nunca hubiera existido. En el remolino se registra el crecimiento de la señora Patricia Bullrich, La Halcona. Animadora principal del pentágono opositor a estudiarse. Patricia supo explotar la ausencia táctica de Mauricio Macri, El Ángel Exterminador. Fue a través de la simbólica presidencia de la Mutual PRO. “Vos mejor no hables, resguárdate, Mauricio, dejame a mí”. También Patricia supo aprovechar la calculada toma de distancia de la señora María Eugenia Vidal, La Chica de Flores de Girondo. Pero la radicalización categórica de Patricia sirvió especialmente para impugnar la moderación de Horacio Rodríguez Larreta, Geniol, Jefe del MaxiQuiosco. Durante el inicio de la peste, Geniol logró consolidarse como líder opositor. Estallaba en las encuestas, acompañado por Alberto y por Axel, El Gótico. El Trío de Tenores ofrecía recitales cada quince días.
A medida que la peste se imponía sobre el coro afiatado de los tenores, se abría el horizonte de Patricia. Crecía con sus declaraciones fulminantes. Con las expresiones multitudinarias de los fines de semana largos. Ideales para ensayar las protestas festivas. Hoy Patricia no vacila en desaprobar la pasiva moderación de Rodríguez Larreta. Se atreve a criticar, incluso, la estrategia sanitaria del ministro Fernán Quirós. Es Quirós la sorpresa que Geniol prepara para encabezar la lista del MaxiQuiosco.

“Halcona”, Patricia Bullrich no deja títere con cabeza

Privilegio que Patricia prefiere reservarse para ella. Como antesala del clavado proyecto presidencial. Pero Rodríguez Larreta ya percibe que el adversario interno que puede soplar la presidencia no es El Ángel. Como también Mauricio se da cuenta que exterminarla a Patricia no va a ser nada fácil. No se trata de la señora Gabriela Michetti, Clavo y Canela, injustamente olvidada y exterminada sin piedad. O del penúltimo exterminado, Marcos Peña, El Pibe de Oro. El objetivo último del Ángel, para exterminar, era precisamente Rodríguez Larreta.

Pero al Ángel le creció una exterminadora posiblemente superior. Patricia “hace política desde el Moisés”, según el enunciado del pensador Picca. Culmina un trayecto sinuoso, iniciado en la adolescencia de la Juventud Peronista de Rodolfo Galimberti, El Mítico. Para ser luego diputada menemista. Y hasta jefa de campaña del peronista Carlos Corach, El Gran Caminador. Ministra, después, del radical De la Rúa, El Traicionable (de cuando era La Piba y se bancó la pendencia con Hugo Moyano, El Charol). O candidata a jefa del MaxiQuiosco con Ricardo López Murphy, sensible gato que se presentaba como feroz bulldog (fue de los primeros exterminados por El Ángel). O con blindaje para ser diputada por la señora Elisa Carrió, La Derrotada Exitosa. Culmina interinamente la epopeya como ministra del Ángel. Y preside La Mutual. Nadie osa reclamarle nada a Patricia. Ni siquiera la adquisición de las lanchitas que no sirven ni para pasear por el río. Cuando la recluida Carrió, que siempre vuelve, se despertó y se dio cuenta que Patricia le había ocupado el territorio, ya era tarde.

La pobre abandonó el plácido retiro para elevar la voz en el delirio, “para beneficio de la República”. Acusaba a La Doctora de envenenar con la vacuna y de hacer negocios con su amigo Putin. Planteó que La Doctora, junto al líder del Movimiento Todos por Horacio, confabulaba para hacerle un golpe de estado a Alberto. Pero Carrió, ya casi exterminada por el Ángel (y por Patricia) se quedaba afuera del pentágono. Para asustar, amaga con ser gobernadora. En la misma condición de los reversibles Cristián Ritondo, El Potro, o Dieguito Santilli, El Bermellón (ambos patean con las dos piernas). Lanzados para la Provincia Inviable, mientras conservan el pequeño aparato en el MaxiQuiosco. O como Jorge Boga Macri, El Primo (que era) Pobre. O como Miguel Pichetto, El Lepenito, que lanza en marzo la Alternativa Republicana y Federal. Fervorosamente apoyado por los Peronistas en Desuso, que son cuantiosos. A Carrió le queda el arsenal mediático de la pólvora mojada. Y el poder del temor que generan sus reacciones en los vértices del pentágono que están adentro. Legitiman las excursiones de Horacio hacia Exaltación de la Cruz. Para contenerla. Escucharla. Ofrecerle diputaciones. Explicaciones.

Cuatro vértices del pentágono opositor quedaron ya presentados.
La Halcona, Geniol, el Ángel Exterminador y La Chica de Flores de Girondo.
El quinto vértice le pertenece al indemne Martín Lousteau, El Personaje de Wilde. Hartos de concesiones, los radicales muestran que aún existen. Que persisten.
En la “centenaria” Unión Cívica Radical ya no se conforman con mojar las medialunas de los cargos. Ni con la succión lenta de los caramelos de madera (ligeramente espolvoreados con azúcar impalpable). Se anotan ahora para ambicionar al cargo principal. La estrategia del indemne Lousteau depende de la interna pasional y folklórica de la UCR, de la Provincia Inviable. Es menos pintoresca que la interna radical de Córdoba, donde Ricardo de Laredo, El Yernito, se enfrenta con los ahora aliados Ramón Mestre y Mario Negri, El Zorro Gris.
Son radicales que quieren ser senadores. Como el ex peronista Luis Juez.

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En Buenos Aires, Lousteau disputa la patriada aferrado a la saga de Los Posse. Son nobles estrictos del condado de San Isidro. Con el aporte relativamente valorable de Enrique Nosiglia, El Coti, que trafica el Encanto del Enigma. La dinastía de Los Posse intenta doblegar a los radicales territoriales de Maximiliano Abad.
En la elección interna de marzo se decide la candidatura presidencial por el radicalismo de medialuna enarbolada. Si la saga de Los Posse se impone, debe anotarse al Personaje de Wilde como presidenciable (para obtener, al menos, la postulación para el MaxiQuiosco). Como así también, acaso, la postulación, en 2021, del renacido Emilio Monzó, El Diseñador que se resiste a ser exterminado.
Si se imponen los radicales territoriales de Abad, tal vez se agoten los amagues de Facundo Manes, Cisura de Rolando. A esta altura, Manes ya no tiene excusas para continuar con el eterno masaje con linimentos. Tiene que salir a jugar.
O quedarse en el vestuario de la neurología, donde siempre es necesario, casi indispensable.

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