Opinión Política

Malvinas, Caja de Pandora con más claros que oscuros

El santiagueño Ernesto Picco, en "Soñar con las islas", afirma que los argentinos no sentimos amor por ellas, sino un deseo, un impulso irracional. Aquí el prólogo de Jon Lee Anderson.

Por Jon Lee Anderson (Le Monde Diplomatique)

La historia es como un túnel con muchas entradas y salidas; tu versión de lo que pasó depende de la ruta que caminaste o, si no la has vivido, de lo que te contaron otros. Y de la posición de uno frente a la historia depende qué detalles son conservados y cuáles abandonados. De la guerra de Malvinas lo que yo recuerdo son episodios fácticos y desprovistos de emoción, como snapshots lejanos de un episodio tan inverosímil como dramático. Un Alexander Haig, el entonces flamante secretario de Estado de Ronald Reagan, presidente de mi país, intentando en vano servir de negociador entre los dos lados de la contienda; el traicionero rol de los franceses, supuestos aliados europeos de los británicos, vendiendo misiles Exocet a la Junta argentina en medio del conflicto; el brutal hundimiento del Belgrano con trescientas sesenta almas argentinas abordo y, acto seguido, el titular iracundo y casi hooligan del tabloide The Sun: “Gotcha”. Que en español puede leerse como “Te tengo”, o “Tomá”.

Para muchas personas en el resto del mundo, el de las Malvinas parecía un conflicto absurdo y fuera de época. Un gunboat war más propio de los siglos anteriores. Pero claro, casi mil personas murieron y miles más fueron heridas. Ni hablar de los daños psicológicos, emocionales y medioambientales, como en todas las guerras.

Políticamente tuvo repercusiones contundentes para ambos países. Para Argentina, por supuesto, la derrota en las Malvinas significó el fin de la Junta Militar que había mal gobernado desde 1976 y libraba una guerra interna en esos años, asesinando a miles de sus propios ciudadanos en nombre del anticomunismo. La paradoja es que fue su casi absoluta impunidad en aquella “guerra” (en la cual habían disfrutado de la silenciosa complacencia de los gobiernos de Thatcher y Reagan) lo que los llevó a probar su aventura nacionalista en Malvinas, y no sólo terminaron derrotados por los ingleses en las islas, sino en el continente también, con la vuelta de la democracia.

Para los británicos, la guerra de las Falkland, como ellos la llaman, también fue un antes y un después. Porque fortaleció a Margaret Thatcher en el poder, consagrándola como la “Dama de Hierro”, asegurando su reelección en 1983, a partir de la cual pudo seguir con su política conservadora y cambiar Gran Bretaña para siempre. Para los nostálgicos de los años en que Inglaterra era dueña de los mares, las Falkland fueron una suerte de Viagra nacionalista. Como un reflejo de eso, en otra portada memorable de The Sun, antes de empezar las hostilidades, el tabloide publicó el titular “Stick it up your Junta”, que podría traducirse como “Métetelo en tu Junta”. O sea, a tomar por culo.

Picco narra un viaje a los orígenes de la Argentina actual

Este libro fascinante y de lectura compulsiva, escrito por Ernesto Picco después de ganar la Beca Michael Jacobs de Crónica Viajera de 2019, es un esfuerzo por conocer y comprender las Malvinas hecho por un argentino nacido después del conflicto. En el acta del jurado –del cual formé parte junto a Daniel Samper Pisano y Sabrina Duque– explicamos nuestra decisión de premiar a Picco por su intención de “sumergirse en la realidad de las islas y contarnos cómo se vive en este pequeño archipiélago perdido en el Atlántico, quiénes lo habitan, qué historias tienen y qué queda de aquella guerra que dejó más de 900 muertos”. Nos emocionó ese cometido, el de explorar un rincón del mundo ampliamente conocido de nombre, pero todavía opacado por muchos claroscuros. Nos parecía que su visión de lo que era una crónica viajera encajaba perfectamente con la visión de Michael Jacobs, el genial cronista inglés de alma hispana en cuya memoria se fundó la beca.

Felizmente, Ernesto Picco no sólo ha cumplido con lo prometido con este relato vívido e inusual, sino que –y quizás sin querer– ha narrado un viaje a los mismos orígenes de la Argentina actual. A su Argentina. Y es, para bien o para mal, la Argentina democrática, estrambótica, de políticas erráticas, de una economía de montaña rusa y de tantas conjuras e intrigas políticas como las Malvinas, unas islas que los argentinos siempre han deseado y que, probablemente, nunca tendrán.

En Soñar con las Islas, Ernesto Picco, argentino de Santiago del Estero, sale en búsqueda del enigma nacional que significa las Malvinas. Cerca del principio del libro, articula la inquietud que lo motivó a pasar varios años de su vida intentando desentramar ese nudo: “Lo que tenemos los argentinos no es exactamente amor por ellas, aunque a veces se lo declamemos. ¿Cómo se puede amar algo que no se conoce? Lo que prima es una especie de impulso irracional: es deseo. Y desconocimiento. Deseamos lo que creemos que son las islas. Lo que hemos aprendido a imaginar”.

¡Qué historión es este! Por estas páginas aparecen una turba de coloridos personajes, desde el navegante imperial francés Antoine de Bougainville y el explorador John McBride al pirata estadounidense David Jewett, pasando por Shackleton y Thatcher, hasta unos marineros peruanos y polacos náufragos en la actualidad. Están los indomables redactores del Penguin News de Port Stanley, ex soldados de larga memoria de ambos lados, hasta exiliados “traidores” de las islas como Alejandro Betts o James Peck.

Cuando viaja a Port Stanley, Ernesto Picco se queda en el Lookout Lodge, un extraño hotel siempre vacío, con aire de escenario de película de David Lynch. En su primer viaje, sale a explorar a pie el pueblo, temeroso de que los kelpers descubran su nacionalidad argentina, y se hace pasar por chileno. A través de este primer viaje y en el segundo, ya con más confianza, y sumando un periplo a Londres y otros por su propia patria, Ernesto Picco nos abre poco a poco la Caja de Pandora de las Malvinas-Falkland.

LEER MÁS:

Con persistencia, curiosidad y una ecuanimidad admirable, el autor disecciona la esencia del reclamo y la idea de las Malvinas. La de los argentinos y la de los británicos. En un surreal intercambio de roles, habla con un joven profesor inglés que es algo así como su equivalente en pesquisas malvineras en Newcastle, y se da cuenta de que, en su voluntad de entenderse, su interlocutor utiliza a menudo el término Malvinas mientras él nombra a las islas por su etiqueta en inglés, Falkland.

Ernesto Picco llevaba hacía tiempo las Malvinas consigo, sin querer. En un momento, recuerda las enseñanzas de sus años escolares: “Cada año dibujábamos y  pintábamos el mapa de las islas y lo pegábamos en nuestras carpetas escolares. En los actos cantábamos la marcha de Malvinas después de ensayarla durante semanas y luego la tarareábamos inconsciente y robóticamente durante varios meses hasta que el efecto se evanescía. Muchos años después, no tengo que hacer ningún esfuerzo para recordar las primeras estrofas: Tras su manto de neblinas / no las hemos de olvidar / las Malvinas argentinas / clama el viento y ruge el mar”.

Soñar con las Islas es una pesquisa literaria, periodística, histórica e intelectual en busca del sentido de las pertenencias, las nociones abstractas de los nacionalismos y las formas en que se construyen. En una escuela de Port Stanley, una docente le explica que la guerra de 1982 no está en el currículo de los chicos de primaria. Para su comprensión de la historia, entonces, no hay otra que la realidad actual, la británica. Por el otro lado, de vuelta en el continente, indaga en las historias de jóvenes militantes argentinos que están organizados para mantener viva la memoria y el reclamo de su país.

Para los ingleses, la victoria en la guerra significó un fait accopmli en cuanto a la pertenencia isleña, algo que se volvió prácticamente inmutable después de la construcción de una enorme base militar de la OTAN. Por ahora la realidad de las Malvinas es una realidad británica. Puede llegar a tener otros aires en el futuro: casi cuarenta años después de la guerra la población –de 1.700 personas en 1982– se ha duplicado, y ahora no todos son blancos kelpers bisnietos de forajidos ovejeros escoceses o ingleses: las islas están llenas de inmigrantes chilenos, uruguayos y africanos. Hay incluso algunos isleños que hablan con anhelos de futura independencia ¿Cómo será esta sociedad en el año 2050 o 2060?

Como buen viajero que es, Ernesto Picco se da cuenta al final de su camino que los claroscuros de las Malvinas son menos oscuros y su revelación es algo así como el tesoro al final del arcoíris: “La verdadera distancia que nos separa a los argentinos de las Malvinas no está hecha de agua, ni de trabas diplomáticas, sino de las historias que nos hemos contado sobre ellas todos estos años”.

0 comments on “Malvinas, Caja de Pandora con más claros que oscuros

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s