Cultura Sociedad

El agente topo, una lectura sensible sobre olvidar y ser olvidado

Al cierre de esta edición, la producción chilena -entre la ficción y lo documental -, competía por el Oscar, como única representante de América Latina. La soledad, el paso del tiempo y el vacío.

Por Diego Moneta (Agencia Paco Urondo)

El 19 de febrero de 2021, luego de pasar el año previo por el Festival de Sundance, El agente topo se estrenó en Netflix. Llegó tras una serie de galardones y nominaciones: compitió en los Premios Oscar en la categoría a mejor largometraje documental contra con Mi maestro el pulpo, del cineasta Craig Foster; Campamento extraordinario, del estudio de Barack y Michelle Obama; Collective, sobre un escándalo de corrupción rumano y Time, que sigue la lucha de una mujer por liberar a su pareja de prisión. El agente topo fue la única representante latinoamericana presente en la entrega. 

Sergio Chamy es un viudo de 83 años contratado por Rómulo Aitken, detective privado, para infiltrarse en un asilo de ancianos. Deberá investigar si los residentes son o no maltratados, según sospecha una clienta que tiene a su madre en el establecimiento, para lo cual será entrenado y pasará dentro tres meses como agente encubierto. Esa es la premisa de El agente topo, escrita y dirigida por la chilena Maite Alberdi, y a su vez coproducción de la nación sudamericana con Alemania, España y Holanda. 

Antes de avanzar con el análisis, una pequeña digresión: Aitken acumula una serie de graves denuncias. Primero y principal, violencia de género a su ex pareja; luego, vínculos con el narcotráfico; finalmente, se lo acusa de haber colaborado con la Dirección de Inteligencia de Carabineros durante la dictadura de Augusto Pinochet. Sin dudas una cuestión que opaca lo exitoso que es el documental.

Los primeros minutos narran el proceso de selección y entrenamiento de Sergio, que constituye lo más divertido del film y una carta de presentación inmejorable para generar curiosidad y empatía. Cuando uno se da cuenta que lo que ocurre es real, ya se produjo la identificación. Con una banda sonora al estilo James Bond, el protagonista aprenderá a usar las funciones de un celular, anteojos con microcámara de vídeo y hasta una lapicera que saca fotos, mientras el equipo de Alberdi comienza a registrar la cotidianeidad del lugar. La residente a supervisar es Sonia Peréz, pero Sergio no la identifica de manera rápida, lo que a su vez le permite forjar vínculos con el resto de los presentes en el hogar San Francisco.

La escritora Claudia Piñeiro, conmovida

El agente topo se convierte en un documental de observación de los residentes, en su mayoría mujeres. Nunca se intenta forzar situaciones, sino que incorporan hasta sucesos imprevistos durante el rodaje. El proyecto se adapta a las personas reales y termina siendo una lectura sobre la soledad. Maite Alberdi ya había realizado este tipo de acercamientos en otros dos films: La Once, sobre las conversaciones de una amistad a través de las décadas, y Yo no soy de aquí, que narra a una mujer de casi noventa años con olvidos recurrentes. 

Ese hecho le permitió acceder a la residencia San Francisco. “Mi registro era algo que los residentes veían todo el tiempo” contó la directora. El ritmo reposado permite las reflexiones que el protagonista lleva a cabo al final de cada jornada, a modo de reporte de situación. Todo surge de forma natural, como si fueran inquietudes de Chamy que sirven narrativamente y harán que cada una de las historias de aquel lugar formen parte del film. Desde la experiencia cotidiana se plantean grandes problemáticas sociales como la soledad, el olvido, el paso del tiempo y el vacío. 

Compañerismo, angustia, amabilidad y amor, sin golpes bajos

El agente topo retrata a sus protagonistas de una manera diversa. Los adultos mayores que necesitan trabajar, los que buscan permanecer activos y los que ya están aislados. Una que se quiere casar y otra que extraña al hijo. Olvidar y ser olvidado, un tema que atraviesa toda la narración. Una película arriesgada, en la que incluso el protagonista pidió irse el primer día, por temor a transformarse en uno más, y fue convencido por los hijos. Chamy tiene una actuación notable, con gestos y detalles impresionantes.    

A medida que el film abandona su premisa de partida aparecen en escena momentos de compañerismo, angustia, amabilidad y hasta de amor, a partir del encuentro de esas personas en soledad. Sin golpes bajos, se traslada de lo divertido a lo tierno. La sensación que recorre toda la obra es que aumenta la expectativa de vida pero no el deseo de vivir.

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