Opinión Política

¿Todos unidos, haremos concesiones?

Las peores consecuencias tras las el 14N, no se produjeron por una serie de razones expliciitadas por el consultor Fara. Problemas sobran. El acuerdo con el FMI y la conflictividad social son algunos de ellos.

Por Carlos Fara (Perfil)

Hoy, dentro de un mes, se cumplirán 20 años de la caída de De la Rúa y del final de una etapa que había comenzado hace 30 años con la convertibilidad como gran mantra para terminar con la inflación en un país inflacionario. Dos décadas después la Argentina sigue con el karma de abultados índices de precios que parecen difíciles de controlar si no es con el ancla dólar. Esta carrera alocada en las góndolas, fue uno de los factores que pusieron de mal humor a la mayoría social y concluyeron con una derrota del Gobierno en las urnas, el domingo pasado.

Dado que –número más, número menos– se daba por descontado un triunfo opositor, las preguntas periodísticas de la semana precomicio iban más dirigidas a la poselección: ¿qué iban a hacer Alberto y Cristina?, ¿se produciría una nueva crisis en el oficialismo?, ¿habría nuevos cambios en el gabinete? Las peores advertencias no se produjeron. ¿Por qué?

  • Ayudó la mejora del resultado del Frente de Todos, sobre todo en provincia de Buenos Aires. Eso cambió el ánimo interno, le permitió concluir al Presidente que era un “triunfo”, y distendió un poco la relación con Cristina, ya que ella afirma en la intimidad que, si Guzmán hubiese reaccionado a tiempo, no habrían perdido. El propio ministro Ferraresi se lamentó públicamente de no haber tenido 60 días más.
  • La crisis pos-PASO fue demasiado grande y los desgastó a todos. Quizá Cristina haya tomado nota de que, si se desdibuja Alberto, ella no queda inmune. Téngase en cuenta que el 41% del electorado bonaerense cree que éste es el gobierno de Ella vs. el 15 % que piensa que es el gobierno de Él (el 42% opina que es de los dos).
  • Alberto ya se había bancado la crisis de septiembre. Pero, ¿qué pasaba si ella volvía a la carga con más condicionamientos? ¿Corría el riesgo de que hubiese ruptura real teniendo en cuenta el acto de apoyo anunciado por la CGT y los movimientos sociales? Ahora ya no lo sabremos, pero la presión tiene un límite aún con los más apocados.
  • Si Cristina volvía a pedir cambios, ya no había mucho para modificar de relevancia. La opción hubiese sido mover a Kulfas, Moroni y/o Guzmán. Con la eventual negociación del FMI por delante hubiese sido un “jaque”. Ella “es loca, pero no come vidrio”: astucia para los detalles no le falta.
  • Cristina es muy hábil. “Alberto ¿querés un gobernador? Que vaya Manzur, aunque a mí no me guste» (ya lo tiene entre ojos a causa de que lo hayan excluido de los procesamientos judiciales por el Plan Qunita). «¿Querés a Guzmán? Que se quede, a ver qué hace. ¿Te quejás de que me meto demasiado? Entonces no me meto”. Por eso, ella no fue el domingo y casi se llamó a silencio para que no le echen la culpa de nada. Claro, todos saben que sus silencios son ensordecedores.
  • Se va a levantar tormenta. Sin acuerdo con el FMI va a ser imposible generar alguna certidumbre económica en la plaza local y controlar el valor de los diferentes dólares. Hay poco resto para eso. Ergo, perdida la elección, es hora de ordenar variables haciendo concesiones desagradables, como sucedió pos-2013 (repasando: devaluación, arreglos con el Club de París y Repsol, conflictos en el Ciadi, holdouts). Pues, para dar malas noticias, mejor que pongan la cara Alberto y Guzmán. Después vemos.
  • La situación actual económica y social es mucho peor que la de 2013, sumado al hecho de que el entonces Frente para la Victoria ganó a nivel nacional, deteriorado, pero lógicamente el impacto mayor fue la derrota frente a Massa en provincia de Buenos Aires. De modo que hoy hay menos margen para jugadas de riesgo.
  • Todos unidos ¿triunfaremos? La ruptura formal del Frente puede ser uno de los mejores caminos hacia la derrota en 2023. Por lo tanto, la caída en esta elección legislativa es un buen incentivo para que nadie saque los pies del plato. Eso sí, si no hay primarias dentro de dos años la política de contención se puede volver muy compleja. Por consiguiente, mejor no hacer olas. La plaza de todos fue en esa línea.

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Cristina solo mueve fichas con carácter resonante. O dicho de otra forma, no da puntada sin hilo. Por lo tanto, no puede reaparecer públicamente como simple comentarista de la realidad. Si hace algo, debe tener consecuencias que realineen el escenario a su favor. Cuentas por saldar con Alberto no le faltan. El tema es que ve amenazada su capacidad de definir los designios del FdT y hasta acá no tiene alfiles de fuste: Alberto deteriorado y poco querido por ella, Kicillof desdibujado, Máximo con mala imagen y nula proyección, gobernadores sin suficiente perfil. Por lo tanto, eso requiere paz mental, tiempo y reflexión profunda.

Alberto lo más probable es que seguirá con su estilo “una de cal, una de arena”. Abre diálogo, pero fija límites. Quiere arreglar con el Fondo, pero lanza advertencias de resistencia. Quiere dar señales de moderación, pero apoya una nueva reelección de los intendentes bonaerenses. El problema es de matriz: al haber sido ungido como argamasa, es difícil que se convierta en ladrillo de la construcción. Su rol –y en eso ayuda mucho su personalidad– es la de mantener unidas las piezas del puzzle. No la de ser una de ellas. En una situación de estabilidad macroeconómica y normalidad global podría haber sido más efectivo. Pero ninguno de esos dos factores de contexto está presente. Hacer un ajuste sin ser líder y con una matriz variopinta suena poco promisorio.

En el oficialismo hay quienes creen que con éste 9% de crecimiento anual, el año próximo se empezará a notar con más fuerza la recuperación y así irá cambiando el humor social de cara a 2023. El bolsillo es la víscera más sensible, pero la clave es la percepción sobre el propio bolsillo. Si no, ¿cómo se explica que en años de crecimiento como 1997, 2013 y 2021 el oficialismo de turno perdió su elección legislativa?

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