Economía Política Opinión

No todo está escrito entre el Gobierno y el FMI

El Frente (de Todos) y el Fondo "definen los márgenes de cogobierno", estimó en su panorama semanal Alejandro Bercovich. La dureza con la Argentina, el floreo de Macri y el desastre ambiental en Corrientes.

Por Alejandro Bercovich (BAENegocios)

La negativa del Tesoro estadounidense a siquiera discutir la política de sobretasas de interés que castiga a la Argentina desde que Mauricio Macri pidió diez veces más dinero que el tope previsto por el Fondo Monetario para economías de su tamaño representó una dura derrota para el Gobierno en plena negociación. La mala nueva fue comunicada por el subsecretario del Tesoro para asuntos legislativos, Jonathan Davidson, debido a que un grupo de legisladores de la izquierda demócrata, entre ellos Alexandria Ocasio-Cortez, le había pedido formalmente que atendiera el reclamo argentino para suprimirlas. Pero el pito catalán a la bandera que levantó Martín Guzmán en foros internacionales desde que asumió lleva la firma inconfundible del halcón David Lipton, también demócrata, antiguo número dos de Christine Lagarde en el Fondo y actual jefe de asesores de Janet Yellen.

Los punitorios se aplican a los países que se «sobreendeudan». A la tasa base del 1,05% se agrega al principio un adicional del 2% anual sobre el monto del crédito pendiente que supere el 187,5% de la cuota que le corresponde al país, y desde el tercer año un 3%. Como Macri recibió el 1.110% de la cuota argentina en 2018, desde junio pasado el Fondo cobra un 4,05% sobre el total. Davidson les respondió a los congresistas que su razón de ser es «proteger a los accionistas del FMI contra pérdidas potenciales por la falta de pago de sus préstamos». Es decir, cuidar los intereses del Tío Sam, sus plomeros y sus carpinteros, como advirtió en agosto de 2001 otro secretario del Tesoro norteamericano, Paul ONeill.

Para los plomeros y carpinteros argentinos la penalidad implica un drenaje de U$S 1.600 millones por año solo en intereses, que representan el principal ingreso corriente del Fondo. La magia del interés compuesto va a hacer el resto en cada vencimiento, cuando se capitalicen también los punitorios que pactaron Macri y Nicolás Dujovne y empiece a correr sobre ellos el taxímetro de la sobretasa. De ahí que Guzmán haya convertido al tema en eje de su agenda internacional, aun cuando lo que hace impagable la deuda en el plazo máximo de 10 años que propone el Fondo es su capital.

Sergio Chodos puso la cara por Guzmán ante legisladores oficialistas

El representante argentino ante el FMI, Sergio Chodos, debió poner la cara por todo el equipo económico ante los diputados y senadores oficialistas que ahora enfrentan el desafío de aprobar el pacto en el Congreso pese a la resistencia de Máximo Kirchner y el silencio de Cristina. No le fue bien con unos ni con otros. En la Cámara alta, la reticencia de José Mayans a avanzar a libro cerrado decidió al Presidente a empezar el debate por Diputados. Pero ahí campean dudas más profundas. Y que no se limitan al camporismo sino que se proyectan con sus sombras hacia el sindicalismo, donde la voz conciliadora de Héctor Daer dista de ser hegemónica.

Chodos admitió que nunca le planteó abiertamente al staff del Fondo un plazo mayor a 10 años para la refinanciación, como reclamó CFK y como propuso el mismo Senado en una declaración aprobada por el cuerpo. Eso enfureció a legisladores que habrían preferido una negativa pública del FMI para agitar ante un futuro incumplimiento. Pero no fue todo. Al Congreso llegaron también respuestas no positivas de todas las embajadas europeas y asiáticas a las cuales sondearon para verificar si alguien de Economía había gestionado ante ellas un tratamiento especial para Argentina, en virtud de la excepción que también hizo el FMI con Macri en 2018.

La carta a la que se juega ahora su suerte el equipo económico es el desembolso inicial del programa que aprobará Washington para patear los vencimientos del de Macri. Si además de devolver los casi U$S 7 mil millones que le giraron desde Buenos Aires en dos años y pico el Fondo adelanta por lo menos otro tanto, Guzmán podrá contener internamente las críticas del kirchnerismo. Si no, ocurrirá lo que le advirtió Máximo al Presidente: que en cada revisión trimestral de las metas el país quedará otra vez a tiro de default y a merced de la misma corrida cambiaria que el pacto procura evitar, al costo de renunciar al reclamo sobre la legitimidad de la deuda.

El obstáculo adicional que apareció ahora es el tardío descubrimiento de que los subsidios a la energía no podrán bajar como pide el FMI, del 2,3% del PBI al 1,7%, debido a la disparada del crudo y el gas por la crisis energética mundial. Lo calcularon esta semana Emmanuel Agis Nicolás Arceo, dos exfuncionarios kirchneristas que hoy trabajan como consultores del sector: para lograrlo habría que aumentar el 80% las facturas al 70% de los usuarios. Algo que el propio secretario Darío Martínez les advirtió a los misioneros del FMI que era inviable. ¿Por qué lo incluyeron igual entre las metas? Un misterio. ¿De dónde saldrá entonces el ahorro para bajar el déficit? Otro misterio, quizá más inquietante.

El senador formoseño cristinista pidió conocer la letra chica del acuerdo con el FMI

Poco antes del anuncio del pacto, el 16 de enero, el ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, mantuvo una reunión por Zoom con el venezolano Luis Cubbedu y el resto de los negociadores del FMI. Ahí quedó claro que las tijeras del staff están afiladas para algo más que los subsidios a la luz y el gas. «¿Cómo piensa focalizar los planes de asistencia social?», preguntó en un momento Cubbedu. Recién convaleciente de COVID, Zabaleta replicó: «Nosotros creemos en el enfoque de la ayuda universal, no focalizada». Hubo otro cruce minutos después, cuando el enviado habló de «gasto» y el ministro le corrigió que era «inversión».

Más allá del entredicho, la orden que recibió Zabaleta fue cerrarles la canilla a nuevos beneficiarios del programa Potenciar Trabajo, que cobran la mitad del salario mínimo (hoy, $16.300) y ya llegaron a 1,2 millones. No es solo austeridad. La Casa Rosada procura evitar dos riesgos a la vez: el de financiar movimientos que percibe como enemigos políticos y el de quitarles mano de obra a los sectores que menos pagan. Además, caracteriza que la ayuda se hizo menos necesaria por la reactivación económica. «En noviembre y diciembre mandamos menos fideos y conservas porque estábamos a full con las cajas navideñas y nadie se murió de hambre ni nos vino a reclamar», aducen en Moreno y Lima.

El Movimiento Evita y el resto de los alineados con el anhelo reeleccionista de Alberto coinciden con que una incipiente reactivación de las «changas» y el empleo informal le dieron un respiro al Estado como sostén de los más pobres. En Moreno, el distrito más pobre del Conurbano, cuya intendenta es del Evita, la cobrabilidad de las tasas municipales subió del 20 al 60%. Y la afluencia a sus ollas populares, siempre según sus datos, cayó.

La percepción no es compartida por ONGs caritativas ni por los movimientos opositores, que denuncian que la advertencia de Zabaleta contra sus «extorsiones» fue un aval al desalojo violento de la 9 de Julio que dispuso la policía metropolitana el martes y que su único objetivo es ajustar. El verdadero riesgo es otro: que esa menor afluencia a comedores y ollas populares responda a la inédita inyección de dinero de los últimos dos meses de 2021, cuando la Nación ejecutó más de la mitad de la obra pública de todo el año, según datos de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC). Además de una curiosidad para un gobierno peronista en un año electoral, fue mucha plata que se volcó a la calle de golpe. Y que ahora se va a reducir, aun cuando la inversión total para el año se mantenga.

El otro factor que puede devolver rápido a la gente a las ollas populares es la inflación. Después del fatal 3,9% que cantó el INDEC para enero, la carestía siguió. El Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (CESO), insospechable de la «funcionalidad a la derecha» con la que el oficialismo procura neutralizar toda crítica, estimó en 1,3% la suba de precios promedio de la primera semana de este mes.

Finalmente Larreta, horadado por Macri, pudo viajar a Corrientes para ayudar al gobernador Valdés

La parte que todavía no está escrita del guion son sus escenas finales. En el entorno más inmediato de Cristina dan por hecho que Macri – por estos días de veraneo en la mansión de Joe Lewis -, será candidato a un segundo tiempo en Olivos, como sugiere el título de la autobiografía que escribieron en su nombre Hernán Iglesias y Pablo Avelluto. Le asignan incluso más chances de éxito que a Larreta, a quien acusan de haberse precipitado al anunciar sus intenciones. Esta semana, después de que sus aliados lo dejaran solo en su pulseada con la Nación por los subsidios al colectivo, el intendente recibió más fuego amigo: cuando le pidió a Gustavo Valdés ir a visitar los campos incendiados en su provincia, el correntino se negó rotundamente. «No estamos para hacer campaña con esta desgracia», se explicó después ante terceros.

Los impulsores de la «re» de Alberto, encomendados al éxito del cogobierno con el Fondo y convencidos de que el rebote de la actividad no solo ordenará la macroeconomía, sino también la interna, coinciden, en cambio, con el propio Larreta en que el exmandatario no aspira a volver personalmente al poder. Argumentan que, a diferencia de Cristina, el interés central de su vida no es la política. Y apuestan a que se conformaría con ser embajador en Italia.

Son todas especulaciones. En definitiva, el futuro inmediato de todos ellos ya depende más de lo que ocurra en la calle 19 que en Balcarce 50.

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