Literatura

Secretos que queman los tejidos de la vida

Leer "El último encuentro" del húngaro Sándor Márai (1900-1989), invita a sumergirse en una historia de venganza, con un trasfondo femenino, entre dos amigos que estuvieron más de 41 años sin verse.

Por Susana Mitchell (Infobae)

“Qué quieres de ese hombre? – preguntó de repente la nodriza. La verdad, respondió el general. (…) y ahora se la quitaré”.

¿Quién no se peleó alguna vez con alguien y se alejó hasta no verse nunca más? El autor Sándor Márai lo cuenta en El último encuentro de un modo exquisito, y transporta al lector a un mundo que no es para nada ajeno. En la mañana del 2 de julio de 1899 el General y su compañero de escuela y liceo salen de cacería. Cuarenta y un años y cuarenta y tres días después vuelven a reunirse, en la misma mansión, en la misma mesa, con el sillón de cuero a la derecha. Sopa, trucha, carne poco hecha y ensalada. Un Pommard cosecha 98 y el Chablis para el pescado.

Los personajes de la historia de Marai fueron mejores amigos, se criaron juntos. Hasta que un hecho les cambió la vida para siempre. ¿Qué pasó entre el General y Konrad? El suspenso y la tensión aumentan. El relato pretende – y logra -, mantener en las tinieblas aquel instante en que la amistad entre los protagonistas se quiebra. La novela se parece mucho a un thriller de época y su lectura es fresca, sencilla y ágil. Atrapa y entretiene, quizás un poco más (y mejor) que alguna serie de esas que nos vuelven bobos frente a la tele.

En el reencuentro, en la revancha, el hijo del capitán, de la guardia imperial húngara, está decidido a presionar a su compañero de escuela hasta que confiese: tiene una sola pregunta que hacerle, para la cual hay una sola respuesta “porque los secretos queman los tejidos de la vida, como unos rayos maléficos, pero también te obligan a seguir viviendo (…)”.

“Eso es lo que quiero saber. Todo lo demás son palabras mentiras e imaginaciones: traición, amor, conspiración, amistad, todo carece de importancia en comparación con esta pregunta”, dijo el dueño del castillo de caza en los Cárpatos. Y entonces, en aquella mansión en Hungría, se hizo un silencio parecido a la quietud que precede al huracán. Y sin preámbulos, todo lo conocido hasta ese momento estalló. El lector lo siente. Hasta le falta el aire. Como si fuera el mismísimo General. Igual.

A esta altura supongo que algunos se preguntarán: ¿y la mujer? Bueno, qué decir. Se llamaba Krisztina, usaba un sombrero florentino y un vestido blanco. Ella era todo lo que el orden y la disciplina intenta acallar. Amaba la música, al General y a Konrad.

El último encuentro revela a la perfección el alma humana, sus debilidades y fantasmas y todo aquello que los protagonistas quisieron evitar, pero no. Habla de la existencia, de personas humanas, de sus miedos y miserias. De todo lo que importa y lo que no. Después de todo, queridos lectores, la vida no es otra cosa que una fiesta incierta y desesperada donde la lectura nos mantiene a flote y nos devuelve el espíritu al cuerpo, aun cuando nos parezca que lo hemos perdido todo, como el General…

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