Por Jorge Luis Borges
Los argentinos sienten una admiración ridícula por las cosas que otros ponen de moda. La gente es muy snob. En 1898 nació un baile en los lupanares. Lo llamaron tango. Ninguna mujer se atrevía a bailarlo. Era lascivo, una especie de parodia del acto de amor, con músicas y letras muy obscenas. Sólo lo bailaban los hombres, y en las veredas del arrabal. Hasta que un día, no sé cómo, llegó a París. Y como París lo aceptó, se hizo respetable en la Argentina..
El argentino suele carecer de conciencia moral, pero no intelectual: pasar por inmoral le importa menos que pasar por zonzo. La deshonestidad, según se sabe, goza de la veneración general y se llama viveza criolla.


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