Two people seated in a cluttered office watching soccer on a small television
Cuento Literatura

Hay partido en la oficina

Ramírez descubre la pasión futbolística de su jefe. Tras ello surge una reflexión sobre la inutilidad del fervor por aquel deporte, aunque algo se oculta detrás de ello.

Por Ramírez

Cargado de papeles -cosa anticuada ya, pero no dejan de ser importantes para nosotros los abogados- entré al despacho de Rómulo, mi jefe jefesísimo. Allí lo encontré junto a Remo, el director suplente del bufete. Y vaya si aquel título no es el mejor para describir lo que estaban haciendo.

Estaban sentados en un sillón viendo el partido de Argentina contra Uruguay en no se qué copa. Que la escena estaba en orden, eso seguro. No había ni cerveza ni papas fritas o picada, razón por la que exprese:

-«¡Acá hace falta un buen jamón!».

Ambos me miraron con cara de «¿y este estúpido de dónde salió?». Inmediatamente recompuse mi postura, haciendo al final del movimiento un leve agachamiento de la cabeza.

-Vengo a dejar unas novedades.

Luego de la aburrida explicación judicial, me retiré del despacho y me encontré con Charlie. «¡Viva la empresa!», expresó apenas me vio. «¡Viva la empresa!», le respondí.

-No entiendo el fútbol… esos gritos de desesperación, la emoción por algo de lo que no participaste. Está bien, se supone que te alegras por tu país, pero en realidad son varios tipos corriendo una pelota. Y los que se divierten son ellos, ¡no vos! -dijo indignado Charlie.

Al principio hice unas muecas como dándole la razón, pero enseguida me desdije. «¿Estás cuestionado el jefe?», le pregunté de mal modo.

-Te estaba probando… muy bien, nos vemos la próxima -dijo con una sonrisa orgullosa y se retiró silbando.

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