Amor Filosofía

Amar, nuestro factor común

Al ser tan diversos pero con una misma condición universal, se hace irresistible no pensar en algo que nos una a todos. La libertad, los procesos políticos históricos y [...]

Por Joaquín Paganetti


La humanidad puede ser vista como un conglomerado enorme de dilemas y contradicciones. Sin embargo, aquellos que nos empeñamos en analizarla y darle un marco –que luego será sustituido por otro marco ya que nos encontramos en permanente movimiento y transformación– para poder comprender mejor lo que somos, nos gusta buscar un factor común.

Todos, en algún momento, hemos sido y podemos ser filósofos. Algunos lo fueron durante 2 minutos, otros durante media hora y otros tantos se mantienen en el callejón sin salida de las preguntas sin respuesta (o quizá, con respuestas, ubicadas al otro lado del paredón que no llegamos a ver).

Al ser tan diversos pero con una misma condición universal, se hace irresistible no pensar en algo que nos una a todos. La libertad, los procesos políticos históricos y el progreso tanto en familias pequeñas como en una sociedad entera se dan por causa de un interés común y un fin. Ahora, ¿existe el factor común que revele la fórmula para entender a la humanidad?

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Un mundo propio y ajeno al mismo tiempo

Definitivamente, el amor es un sentimiento más fuerte que el vodka. Un poco con humor, un poco enserio, es así. Es que la gente que nos rodea vive y se levanta cada día con distintos objetivos, responsabilidades y sueños, pero con la misma capacidad de sentir y empatizar o no con el otro.

Entonces, si el amor es universal y “obligatorio” –ya que nadie puede escaparse de los pasillos afilados y suaves del mismo-, convivir con la idea de que dependemos no solo de lo material si no que también de lo que piden nuestras emociones es algo que aprendemos desde muy jóvenes.

Las desilusiones y los encantos son la primer muestra de amor que puede recibir nuestro cuerpo. Un cuerpo que se mueve según el estado de ánimo, de motivación personal y de cariño de sus allegados. Aquello conforma una pequeña paz en nosotros que nos mantiene en una línea común, pero sumamente diversa, ya que, cuestionándonos un poco la rutina diaria, ¿cómo puede ser que haya un humano para todo?

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La tecnología más valiosa está en nuestra esencia

Es difícil comprender cómo en cada localidad del mundo hay quien provee alimentos, quien trabaja la tierra, quien educa en las escuelas, quien salva vida en los hospitales y quien comercializa productos en el mercado. Nuestro mundo está armado tan perfectamente imperfecto que tiene más sentido de lo que pensamos. Una línea de cuestionamiento existencial es el de la vida y otro de la vida humana.

La Vida nos da esa condición de igualdad, mientras que nuestros antepasados conformaron una historia en la humanidad con tal magnitud que podemos convivir en un mundo con más de 7,000 millones de personas y contando. Es decir, el factor común, además del pensar y el sentir que adquirimos al nacer, aparece en la diversidad de cosas, causando una contradicción, absolutamente humana.


Leer más notas del autor: La rutina de siempre

Escritor, fundó Humanidad el 2016 a sus 15 años de edad. Actualmente estudia abogacía en la Universidad de Buenos Aires y dirige el medio.

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