Filosofía Vida

Los procesos del escritor

El escritor vive, al igual que el resto, en un mundo humano lleno de pensamientos, acciones y sentimientos. ¿Cómo son y en qué se transforman los momentos de escritura? ¿En vida, en historia, en recuerdos? [...]

Joaquin Paganetti (2)

El escritor vive, al igual que el resto, en un mundo humano lleno de pensamientos, acciones y sentimientos. ¿Cómo son y en qué se transforman los momentos de escritura? ¿En vida, en historia, en recuerdos?

Ser y estar son dos partes que nos ayudan a situarnos al momento de comenzar un relato literario, una crónica, una noticia o una obra política. Saber dónde se encuentra uno y tener noción real de lo que se es -o más bien cómo se califica lo que hacemos cotidianamente- son ya no requerimientos optativos, sino que obligatorios para quien desea encausar su presente en la escritura.

¿Para qué escribir? Esa puede ser la primera pregunta en un joven u adulto interesado en un arte transversal a las diversas temáticas de la sociedad. Antes que nada, debemos recordar que escribimos todo el tiempo y con constante facilidad. Cuando enviamos un mensaje de texto, un correo, un examen. El constante crecimiento de la necesidad de comunicación y socialización ha generado sociedades activas y necesitadas de la escritura. Quizá, más de lo que piensan.

Escribir y leer son actividades que ejercemos continuamente. El punto, quizá, es saber con qué fin. ¿Qué tipos de procesos de escritura pueden haber en una madre que le pregunta a su hijo dónde está, más que la preocupación y el impulso del mensaje interrogatorio? Para el escritor de vida, ya no se trata de conocer un hecho real, una circunstancia pasajera, sino que de comunicar y transmitir unos pensamientos en un material eterno, los cuales tratarán no ser arrastrados por las olas de la instantaneidad y la espontaneidad.

escritura
Un árbol, un cielo, un suelo. ¿Son acaso ellos eternos también?

¿Qué tan complicado puede ser diferenciar a los distintos tipos de escritores? Es que somos más de 7.000 millones de personas que tratamos de comunicarnos y recibir afectos, emociones y cosas que nos llenen y nos contengan. El problema es la realidad. O las múltiples realidades que nos sobrepasan. ¿Podemos decir que todos los miembros de la humanidad saben escribir? Para una persona que vive en una metrópoli y está acostumbrada a chatear con sus amigos, la respuesta podría ser positiva. Para un hombre que vive en una zona de poca población y con una rutina donde el trabajo es la primera prioridad y la educación la última, quizá el desconocimiento de la escritura sea más grande.

Entonces, llegamos a cierta conclusión en la que escribir puede volverse en una actividad elitista o puede ser una realización masiva y continua.

Acá aparece otro de los procesos del escritor, quizá el segundo: ¿qué escribir? 

Muchos han pensado su vida y la han reconstruido en los textos. Otros, han fingido escribir sin la influencia de su vida. Lo cierto es que nuestros procesos individuales, nuestra biografía reciente y nuestra historia familiar son los recursos más próximos que tenemos para empezar, a lo que yo llamo, nuestra creación de poder.

El amor, la venganza y el drama han inspirado a muchos jóvenes y grandes humanus en busca de realizar su propia obra. ¿Será que la escritura es el arma real para transmitir la realidad humana del contexto y la situación determinada?

Por último, como tercer paso, está la cuestión de dónde publicar y compartir lo escrito. ¿Es necesario que el material sea leído? Parece una pregunta tonta, pero sumamente válida. ¿Por qué lo que escribo debe ser para otro? Es que eso no es así. Lo que uno escribe es lo que uno siente, lo que uno piensa y por sobre todo lo que uno vive. Eso no quiere decir que siempre se sea el mismo, por eso durante los distintos ciclos de la vida cada escritor puede ver sus transformaciones. Porque la escritura, una vez que la llevas dentro, te acompaña para toda la vida. Porque así lo permitió la Vida.

El humano y los hechos que te rodean llevarán tu escrito a las mejores manos. Tus familiares, amigos e inclusive a toda una nación. ¿Aspirar a alguno en particular? El escritor no aspira. Siente, conoce y realiza porque ya tiene un público fiel y predispuesto a embadurnarse en sus creaciones: él mismo. Él, quien quizá no relea ni edite sus propias obras, pero que siente en primera persona, con sus propias manos, el nacimiento de algo nuevo, de un universo entero, de una vida.

 


Leer más notas de Joaquin: Lo que la vida nos dejó

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