Literatura Vida

Las vueltas de la vida

Suele pasar. A veces, en los lugares más insólitos, nos encontramos una y otra vez con los mismos personajes, por mera casualidad. No los buscamos, pero ellos aparecen ¿O aparecemos nosotros? [...]

Arnaldo Paganetti

Suele pasar. A veces, en los lugares más insólitos, nos encontramos una y otra vez con los mismos personajes, por mera casualidad. No los buscamos, pero ellos aparecen ¿O aparecemos nosotros?

Alguien como yo, quizá un poco paranoico – aunque, vaya a saber, esta época de espías cibernéticos, hay situaciones que dan para todo -, me cruzaba frecuentemente, en distintas calles de la ciudad y en horarios disímiles, con un periodista de muy buenos lazos con la embajada China en Buenos Aires.

¡Hoy lo volví a ver a fulanito!“, repetía en la redacción de uno de los tantos sitios donde trabajé como periodista. Para ser sincero, no lo consideraba un “servicio”. Y los que tenemos ya algunos años, sabemos que en el pasado los “informantes” estaban al lado nuestro y que suministraban partes a distintos organismos de las fuerzas de seguridad dedicados a “inteligencia interna”. Tan es así, que  uno se preguntaba “si menganito era el acreditado del diario en el Ejército, o el acreditado del Ejército en el diario”. A uno de ellos, lo vi con mis propios ojos cuadrarse ante el feroz represor, general Antonio Domingo Bussi, en la etapa dictatorial.

 


 

Este introito, no tiene nada que ver con lo que voy a relatar a continuación. A raíz de una filmación española “Toc, toc”, que hace referencia a los trastornos obsesivos compulsivos (una obra teatral se exhibe en Buenos Aires a sala repleta desde hace varios años), uno de mis nietos adolescente, se encandiló con un intérprete en apariencia tranquilo, pero dado a irrumpir con insultos irrefrenables sin previo aviso, tras lo cual se disculpaba y explicaba que era producto de una enfermedad.

Ese papel  lo interpreta en la película, Oscar Martínez, ganador de “La Copa Volpi” en el Festival de Venecia, en 2016, por su papel protagónico en “El ciudadano ilustre”.

A propósito, le referí entonces, el pasado fin de semana, que cuando vivía por Parque Centenario, en la década del ´70, solía observar mientras corría, a un Oscar Martínez jovencito, casado por entonces con Cristina Lastra (hoy vive en pareja con Marina Borensztein), acariciando y dando de comer solitario, a gatitos que vivían en el entorno del Museo de Ciencias Naturales.

oscar
Oscar, en su papel de TOC TOC

Una pequeña anécdota, insignificante salvo para mí. Me quedó grabada esa imagen cariñosa de Oscar Martínez, quien ya incursionaba en el teatro, hincado y mimando a las mascotas abandonadas entre los yuyales.

Sucedió que este viernes 18 de mayo, luego de que el mentado actor, sobresaliente también en varias obras, entre ellas uno de los capítulos de “Relatos Salvajes” que tan bien describen la histeria y la historia de los argentinos, Joaquín, mi nieto,  salió a trotar como lo hace habitualmente por los bosques de Palermo, un oasis en medio de la ruidosa ciudad de Buenos Aires.

¿Qué sucedió? Mientras se desplazaba por Libertador y Tagle, se topó con un hombre vestido con equipo de gimnasio oscuro y anteojos negros, que terminaba de hacer su ejercicio diario. Se lo notaba agotado y con el rostro hecho un tomate. Se sorprendió Joaquín al reconocer al artista, de 68 años, que pocas horas antes había visto por Netflix. Y, espontáneamente, exclamó: “¡Oscar!”. Sin poder disimular su fatiga y sorpresa, Martínez, se bajó los lentes y lo miró con desconfianza de soslayo. “Sos un capo, Oscar”, lanzó mi nieto, sin poder contener su alegría. En ese momento, Martínez,  relajó sus músculos faciales. Y le respondió con una sonrisa, levantando a la vez uno de sus pulgares en señal de saludo y aprobación.

Más de 40 años pasaron entre un episodio y el otro. Y dos generaciones, por esas cosas del destino,  reconocieron a un compatriota, en actitud de ciudadano común y corriente. Afortunado, por su talento y laboriosidad, en medio de la “maldita grieta” que nos dificulta construir puentes, como le gusta instar al papa Francisco.

 


Leer más notas de Arnaldo: Un Vargas Llosa, recargado, a favor del liberalismo y en contra del populismo

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