Piedad, por favor, piedad

“¿Por qué? ¿Para qué? ¡Cómo!”, éstas son algunas de las primeras expresiones que nacen de un título tan asimilado a la religión. Pero poco tiene que ver con la devoción y la misericordia religiosa. Extraemos la piedad del diccionario bíblico para recuperarla y convocarla a lo no ficticio, a lo que nos mueve a todos en un hilo, a la propia humanidad, desinteresada de los beneficios sectarios.

Joaquin Paganetti (2)

Para que quede claro, todos somos la humanidad. Cada unu de nosotrus somos parte de una misma especie. Pero distintos códigos y realidades conviven en este universo humano, infinito por el desconocido límite de sus capacidades y heliocéntrico por tener al amor -el Sol-, quieto, en el centro del universo.

Esta pequeña asimilación astronómica con el accionar de estos seres inquietos del planeta Tierra nos hace reflexionar muchas cosas. Entre ellas, la idea del amor como centro de todo.

Vivimos gracias a… el otro. Vivimos por culpa de… el otro. Somos hoy debido a… el otro. ¿Cuándo dejará de meter la cuchara? ¿O será que esa incógnita –el otro– es la que proporciona la hoya para alimentarse?

El otro reparte, juega, preocupa, desarrolla pero por sobre todo preocupa. Los conocidos sentimientos, junto a su pareja más leal, los pensamientos, representan todas esas alteraciones que podemos tener a lo largo de una vida o de un mismo día.

¿Por qué se comporta como lo hace? ¿Para qué le sirve ser tan malo/ bueno? ¡Cómo es capaz!“, son, ahora, algunas de las incógnitas que podemos ejecutar al momento de tratar con algún ser humano famoso en nuestro círculo social, que sorprende gratamente o no. Es parte de las relaciones sociales, analizadas por Max Weber y autores que intentaron develar la importancia del poder en todo esto. ¿Influye lo mismo un padre que un vagabundo?

El vagabundo vaga por doquier. Camina, entorpece, hace todo lo que puede para sobrevivir. Hace lo que su clase le permite. ¿Las clases sociales se eligen o se las reciben pasivamente? Dudas que hoy no queremos encarar, porque hay un tema latente: la piedad.

¿Para qué sirve esta palabra tan vagamente usada por la multitud de los pueblos con caracteres provenientes del catolicismo? 1. Ayuda a reflexionar sobre las palabras que usamos, ¿por qué decimos las cosas que decimos, siendo a veces tan cliché, como el mismo título de este artículo? 2. Hace que veamos en la religión católica una fuerza de poder que ha tomado el centro de nuestro universo para apropiarse de la humanidad, para generar un dogma escrito y hablado. 3. Utilizar la piedad, sin sufrir en el ínterin doctrinario y añejo, para la propias relaciones humanas.

la piedad
Obra de poder: La piedad, de Miguel Ángel

El otro se comporta “mal”. Puede saturarnos en determinadas ocasiones. Algunos modos de ser inquietan a la gente. Es distinto a nuestro ser. Otra educación, otra vivencia y por sobre todo, otros sentimientos y modos de actuar se han incorporado a su estar continuo. Pero la piedad, la comprensión, la conocida empatía, son las cosas que nos permiten convivir. Conocer y reconocer. Experimentar, preocuparse, sufrir y aprender del otro lo que es: sus limitaciones y sus pensamientos. ¿Cuál es el problema? Que los pensamientos son rotativos, van cambiando. Sin embargo, mantienen una base. Un piso construido en la niñez, en la crianza. Eso es a lo que hay que tenerle piedad. Porque muchas cosas no podremos comprender en los grises del camino de la historia. Pero la piedad sirve como herramienta de unión y comprensión, en una humanidad plural y diversa, con un solo objetivo: el de la humanidad misma. Vivir, en un universo con millones de realidades distintas, pero con un mismo centro.

 


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