Reflexión

Develando el ridículo sentido del llanto

Escucharlos en la calle, en el hogar, en el transporte público. Escucharlos puede causar molestias o alarmas para actuar, para tratar de desarticular la negativa imagen del llanto y construir el hecho que causó el revuelo emocional.

Escucharlos en la calle, en el hogar, en el transporte público. Escucharlos puede causar molestias o alarmas para actuar, para tratar de desarticular la negativa imagen del llanto y construir el hecho que causó el revuelo emocional. Es que los niños y niñas se han de aprovechar, en algunas ocasiones, de esta forma de expresión. ¿Qué sucede a lo largo del tiempo cuando nuestra primera reacción deja de ser ponerse a llorar?

Una de las cosas más sorprendentes de todo esto no se encuentra ni en los factores que lo generan ni en los resultados provenientes luego de dicha manifestación. Lo impactante es la forma de llorar a la que los niños recurren. Extraño planteamiento, ¿no? Pero si prestamos atención al próximo llanto que escuchemos en la vía pública, luego de unos segundos, podremos descubrir la esencia de todo esto.

El llanto no es lineal y tampoco se conforma con algo repetitivo y aburrido, sino que se utilizan distintos tonos y secuencias al momento de utilizarlo. La especial forma en que los bebés gritan y lloran no es algo a lo que aluden muchas personas a causa de la primera molestia que genera. Emprender la acción y entender por qué hace eso el pequeño individuo es la misión más importante.

llanto
Llanto: ¿Capricho o liberación?

Luego de esta introducción a la esencia del llanto y a su grandioso poder -que se debilita con el paso del tiempo y con su “rutinización”-, podemos ver cómo cada humano, luego de su etapa inicial en la vida, va perdiendo la técnica y la naturalización del mismo. Crecemos y ya no nos planteamos la enfatización de nuestras cuerdas vocales luego de que un determinado tono nos canse y así seguir derramando lágrimas con sonido. Dejamos de llorar. ¿Por qué? Por ser adultos. Por tomar más autonomía. Por poseer la posibilidad de “arreglarnos por nuestra cuenta”.

Sin embargo, ¿dónde queda la carga emocional que largábamos en nuestra niñez? Habíamos dicho que el llanto no es un mero método para manifestar necesidades y deseos, sino que también una forma de expresión. Y como todas estas, una carga dentro nuestro sale para decir “adiós” a nosotros mismos y “hola” a quienes nos rodean.

Las personas se manifiestan de múltiples formas con el igual objetivo de compartir algo. La maduración o desarrollo humano lleva a distintos procedimientos, distintas cosas para socializar. ¿En qué evoluciona el llanto? ¿En la angustia? ¿En la insignificancia existencial? ¿En las obligaciones no deseadas? ¿En el silencio? Si la respuesta es esto último, podríamos calificar nuestra evolución como algo ridículo. A fin de cuentas, lo ridículo también es otra enseñanza de la maduración. A los niños nada les parece ridículo, porque esa palabra no existe para ellos. Toman las maravillas de la vida para manifestarse. Los más grandes, con o sin intenciones, reproducen el ridículo que las sociedades humanas crean. Un ridículo que da pie a un llanto en el que, al menos por unos minutos, nos despoje de lo aprendido para ser más bebés que nunca.


Leer más de Joaquín: La tranquilidad

Escritor y estudiante. Fundó Humanidad el 2016 a sus 15 años de edad.

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