Sociedad

La “bici” como transporte del pasado al presente

Domingo Sagaría, tuvo que viajar de la Argentina a Italia, para redescubrir su gran pasión. Aquí su relato en primera persona, que lo mantiene pedaleando y con la mente volando.

Por Domingo Sagaría (Especial para Humanidad)

De chico pasaba los veranos en Mina Clavero, Córdoba. Allí tenia un caballo, dos hondas: una con horqueta de algarrobo y otra de alambre grueso, un cortaplumas y una cañita para ir a pescar mojarritas en el arroyito que estaba detrás de casa.

Podía jugar y fantasear con todas esas cosas que mis amigos en Capital Federal añoraban. En cambio, yo soñaba con una bicicleta y se la pedí a los Reyes Magos. No me llego! Pero mi padre le regaló una a mi madre. ¡Pelito para la vieja!: con ella aprendí a andar y a reparar los pinchazos por culpa de los espinillos que abundan en las sierras.

Después de muchos años, obligado a cambiar de Continente, almorzando con mi esposa en una Trattoria de Borghetto, a  pocos kilómetros de Verona, vemos llegar en bicicletas, con alforjas, a unos turistas alemanes. Curioso, deslumbrado por esos vehículos a pedal, me acerqué a charlar con ellos. Así supe que venían de Múnich y pensaban llegar a Venecia .
¡Zas! En ese momento decidí comprar una bicicleta. Después de leer catálogos y recorrer negocios encontré “la bici” que despertaría mi pasión por los viajes en dos ruedas.

Subir a la “bici”, empezar a pedalear, sentir en la cara primero el aire, luego la brisa y las piernas que empujan los pedales buscando el ritmo justo. Y la mente, sí, la mente, que se separa del cuerpo físico, la mente que vuela con una sensación indefinible. Estaba lanzado. Dejé la prolija cinta asfaltada, con cruces y bordes señalizados, y me introduje como por un túnel imaginario hacia un sendero de tierra en medio del bosque. Allí se cumplió la transformación. La epifanía de la que habla Murakami.

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De repente, no era adulto. Ni de mediana edad, ni consultor informático. Era el pibe de Mina Clavero que disfrutaba del terreno con raíces . ¡Había descubierto la maquina del tiempo!

Esa “Scott treking” fue mi primera maquina del tiempo. Con ella recorrí el primer Camino de Santiago, unos 850 kilómetros, de Passau a Viena recorriendo el Danubio. Luego llegó la Montague, una plegable que entraba en una bolsa y la podía transportar en avión. Con ésta transité el Camino Portugués y el Camino del Norte de Berlin a Copenhague, de Bolzano a París, unos 1200 kilómetros.

La tercera fue una Scott de carrera que es la que mejor se adapta a los carriles para bicicleta que abundan por Europa.

Mis máquinas del tiempo funcionan con fuerza muscular. Como los años fueron pasando, comenzó a escasear la tonicidad inicial para obtener un viaje placentero. Fue el momento de la e-bike: una batería alimenta un motor que otorga la ayuda necesaria para mantener el encanto de volar, soñando divertido, aún en época de coronavirus, como el pibe de Mina Clavero que llevo conmigo.

1 comment on “La “bici” como transporte del pasado al presente

  1. Excelente relato! Un viaje en el tiempo y las descripciones me hicieron recordar las sensaciones que tenía cuándo andaba en bici!!!!!……..

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