Literatura

La mujer que amó, ganó y perdió

Relato literario sobre Daniela, una joven que, vacacionando en la costa argentina, conoció a alguien que cambiaría su destino.

Esta triste y motivadora historia comienza en Villa Gesell, Provincia de Buenos Aires. Allí, una muchacha, cerca de los 20 años, conoció a un joven que marcaría su vida muy fuertemente, para bien y para mal.

La “colorada”, como le decían los amigos de Pedro, vacacionaba con sus amigas en el mismo edificio de su futuro prometido. Con el tiempo, Daniela y Pedro se fueron acercando más, y la mujer comenzó a transitar un camino que la revolearía un poco, pero que también la acarariciaría. Ese camino era el amor.

El mar lleva y trae. Lleva y trae.

Los primeros años estuvieron bien. Podía verse desde el principio lo diferentes que eran entre sí. Ella era más sensible, atenta a los detalles, a ser escuchada. Él, un férreo jugador de videojuegos.

Sin embargo, a pesar de lo distintos que eran, hubo algo que prosperó. Es imposible decir qué fue lo que provocó aquella unión. A veces la vida nos soprende y nos acerca personas con las que nunca nos imaginamos estar. Es que si nuestros deseos se cumplieran a la perfección, si nuestra pareja, familia, o trabajo “perfecto” ocurrieran en realidad, estaríamos viviendo un sueño. Porque una cosa es lo que pensamos, y otra lo que sucede en el mundo real, donde algo más allá de nosotros se encarga que nuestra vida no pueda ser planificada al cien por ciento.

¿Quién hubiera imaginado que Daniela iba a encontrar al hombre que le dio sus tres hijos en Villa Gesell, durante un viaje de amigas? ¿Quién? Ella tuvo su historia, sus propias ambiciones y desilusiones, pero nunca pudo saber su futuro. Ningún ser humano puede saber lo que le espera con absoluta certeza. Es cierto que con nuestras acciones podemos moldear nuestro destino, pero hay cosas que simplemente escapan de nosotros, y que aparecen sorpresivamente.

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El amor, en algún momento, terminó. Aquella mujer, tan bella y llena de energía, se convirtió en una adulta con sus propias lastimaduras, aquellas que cargamos todos y todas frente a las adversidades de la vida. El golpe es fuerte cuando la persona que teníamos al lado, sencillamente nos decepciona, porque la conocemos como realmente es, y no como se mostró.

Daniela pasó mucho tiempo en sufrimiento. Por las noches, discutía con sus hijos. No porque estuviera loca. Si no porque, sin saberlo conscientemente, seguía dolida. Aquel amor no fue lo que esperó, y la vida volvió a ser inentendible. Es que el “poder del amor” es tal que nos hace olvidar y sanar. Pero cuando aquello se vuelve en contra, nos hace rememorar las más deprimentes y eternas incógnitas de nuestra existencia.

Todos y todas nos equivocamos. Un error sería no aceptar al error. Si lo aceptamos, entonces se convierte en un acierto. Porque significa que aprendimos. Y Daniela tendrá que seguir aprendiendo, para seguir amando a quienes sí se lo mercezcan, y hacer las paces con lo que la Vida le llevó en determinado momento de su juventud, y que ella aceptó.

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