Argentina Política

Preocupa más la pandemia que la deuda externa

En el Frente de Todos, donde se reconoce la jefatura de Cristina y la Presidencia de Alberto, se prepara un "plan desarrollista" para cuando se encuentre el remedio contra el coronavirus.

El mundo está patas para arriba. Un curtidor, sindicalista, observó que no habrá definiciones tajantes, mientras no aparezca un remedio y/o vacuna que detenga el embate universal del coronavirus. Sentenció que en la Argentina, pese a los espejos de colores, “están faltando caciques y sobrando muchos indios”.

Con el dúo Alberto-Cristina bailando un tango enredado y continuo, con una correlación de fuerzas desfavorables sobre todo con la potencia hegemónica del Norte, predomina la intención de resistir a los vientos en contra, manteniendo unida la coalición, con Sergio Massa adentro. Debatiendo, sí, pero postergando la resolución de los pleitos internos para más adelante.

En un contexto adverso, dispersos gremialistas y empresarios pequeños y medianos, uno de los secretarios generales de la CGT, Héctor Daer, amigo del Presdente, avanza con tropiezos. Sabe que no cuenta detrás suyo a todo el movimiento obrero y que le deberá dar cabida a Hugo Yasky, aunque limitando su participacion al tema educativo y estatal.

El peronismo es un partido de poder. No desconoce, por lo tanto, que las mayores embestidas del establishment están dirigidas a quien, en los hechos, con el mayor caudal de votos, es la “jefa” del Movimiento. Cristina Kirchner, de a poco, influye tanto en el área judicial (donde hágase lo que se haga, dirán que busca su impunidad) como en materia de deuda con los grandes inversores, a los que ayer Alberto, a través de Infobae, avisó: “No habrá un dólar más”. ¿Simple bravuconada? Al ver, verás, recitaba el fallecido radical César Jaroslavsky. Ya estamos en tiempo de descuento.

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Los trabajadores, aún fragmentados, aplaudieron la nueva ley que impide los despidos y mantiene la vigencia de los convenios colectivos. Son permeables, mayoritariamente, a las adecuaciones tecnológicas inevitables, que cambiarán las modalidades en las prestaciones.

La marea se llevó puesto ya al secretario general de los taxistas, Omar Viviani, que mandó a sus afiliados “a castigar”, en sentido literal, a los chóferes de Uber, en lugar de exigir protocolos acordes con una nueva reglamentación. Se acabó la carrera de “un matoncito” de los muchos que pululan en los sindicatos, atornillados desde hace decenas de años, se escuchó en el Ministerio que manda Claudio Moroni, por decisión de Alberto.

El peronismo, con prevenciones, acepta como razonable el entendimiento entre Alberto y Axel Kicillof, con el jefe de gobierno porteño, en el combate a ciegas contra la pandemia. No dejan de desconfiarle a Horacio Rodríguez Larreta. En las últimas horas le reprocharon la represión del sábado de la policía de la ciudad y prometieron no responder con la misma moneda, utilizando las fuerzas federales cuando se produzcan los “banderazos” programados para el 17 de agosto.

Primero, repiten en la Rosada, hay que salir del acoso de la pandemia. Luego, se lanzará un programa industrial, fortaleciendo el mercado interno y el hecho en la Argentina, con créditos blandos y un modelo desarrollista. No se espantará a los miembros de la UIA, aunque espantarán criterios neoliberales enquistados.

Diálogo por la pandemia, sin acuerdo político

“Si después del limbo en que nos encontramos se derrumba la Patria financiera, mucho mejor”, dijo a Humanidad un colaborador de Daer.

El diálogo con Larreta no confunde: representa a otro espacio político e ideológico. En una videoconferencia, el senador Mariano Recalde, soldado de Cristina, asoció al intendente con la oposición. Hasta lo comparó con otros popes capitalinos como Fernando de La Rúa y Mauricio Macri, que vieron frustrados sus mandatos presidenciales, aunque de manera muy distinta.

El albertismo carretea, pero no despega aún. El intendente “Juanchi” Zabaleta, está juntando cabezas en el distrito porteño, atento a las directivas de su referente dialoguista: esto es, camina “con todos los peronistas adentro”, más ahora que se cierne la posibilidad de que los bonistas encabezados por BlackRock obliguen a serruchar algunas de las patas de la mesa de la negociación.

“La única forma de salir es poniéndonos a laburar, con el empresariado nacional como soporte”, avisó a los metalúrgicos Antonio Caló.

No hay ánimo de revancha en el peronismo – se aseguró -, pero tampoco ninguna predisposición a bajar las banderas para “hacer un trato con el enemigo”.

“Podemos perder, pero no entregarnos. Eso sería imperdonable y Alberto, Cristina y Máximo lo saben”, expusieron desde el Instituto Patria.

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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