Reflexión

Un túnel llamado amor

Conocer a una persona es una de las tantas maravillas de la experiencia humana. Así como cuando decimos "qué linda es la vida" cuando estamos relajados en la playa, el enamoramiento es igual de placentero que los churros con dulce de leche.

Los túneles tienen esa capacidad de sorprendernos. Cuando nos enamoramos de alguien nuevo en nuestra vida, empezamos a caminar bajo tierra. No sabemos lo que nos espera del otro lado. Cuando ese amor termine podremos sacar muchas conclusiones. Tendremos la oportunidad de corregir nuestros errores, alumbrados en la oscuridad. Porque a veces el amor sirve para eso, para conocerse más a uno mismo y seguir adelante, pase lo que pase. Porque nada es eternamente perfecto, y porque la luz siempre va a estar allí.

Que conste que cuando hablamos de “amor” podemos referirnos a distintos conceptos. En mi opinión, hay dos tipos de amores. El primero refiere al amor de la Vida, que podemos ver en nuestros familiares y amigos/as íntimos. Son esas personas que nos vieron nacer, que vemos nacer, o que están con nosotros desde hace ya muchos años. Aquel pareciera ser un amor que realmente merece nuestra confianza, acompañándonos espiritualmente hasta el final. Poco tiene que ver con lo que ocurre en un túnel.

En cambio, el otro tipo surge de una figura que, además de sensibilizarnos, nos erotiza. Nuestra familia nos sensibiliza y mucho, pero no nos erotiza. Quizá a algunos y algunas sí, pero eso ya es tema para otro artículo. No nos desviemos de lo que nos convoca: las ventajas y desventajas de estupidizarse con un desconocido/a. Freud, podes volver a tu tumba, por ahora no te necesitamos.

El amor es como comer churros en la playa

Conocer a una persona es una de las tantas maravillas de la experiencia humana. Así como cuando decimos “qué linda es la vida” cuando estamos relajados en la playa, comiendo unos churros y tomando un licuado de banana, el enamoramiento es igual de placentero que los churros con dulce de leche.

¿Pero qué pasa cuando el churro viene vencido? ¿O cuando no es lo que esperábamos? Al final… no valía la pena tanto escándalo. ¿Quién nos devuelve ahora el dinero? Ojalá uno invirtiera plata para conseguir amor… de esa forma, la desilusión sería menos dolorosa para nuestros corazones. Pero no, el amor exige un solo tipo de cambio: tus sentimientos, pero por sobre todo, tu confianza.

Confiar y entregarlo todo ciegamente puede traer terribles empachos

Confiar en alguien es todo un tema. Es como entrar en un túnel. No sabemos qué habrá al salir de allí. ¿Vale la pena arriesgarse? Y, para algo estamos vivos. Equivocarse está en nuestro ADN. Además, de amor no hay nada escrito… o más bien, no hay ninguna copia objetiva y fidedigna sobre los antecedentes y características psicohumanas de aquella persona a la que dudamos en entregarle nuestra confianza.

De la misma manera en que se invierte en la bolsa, hay que tomar riesgos… para los primerizos en el amor las desventuras suelen ser más fatales, pero con el tiempo todo se va entumeciendo, incluidos los sentimientos.

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