Cuento Literatura

El rabino y sus tres vacas

Esta historia judía fue rescatada de un artículo del escritor Damián Tabarovsky. El argentino nos comparte este relato que le contaba su abuela Clara. ¿Cuántas vacas entran en nuestra casa y cuántas estamos dispuestos a soportar?

Una familia vivía hacinada en una habitación de tres por tres. No soportaban más la situación y entonces el padre decidió ir a ver al rabino para pedirle consejo. El rabino le dijo: «Pongan una vaca dentro de la habitación». «¡Cómo!», respondió el padre. «Si hacemos eso vamos a estar peor, no tiene sentido». «Ponga una vaca y venga a verme la semana que viene».

Pasó una semana y el padre fue a ver al rabino. «Estamos peor que nunca, la vaca caga en todas partes, no podemos comer, es insoportable». «Ponga otra vaca», dijo el rabino. «¡Qué! Se volvió loco…». «Ponga otra vaca».

A los siete días fue a ver al rabino. «Esto es lo peor que nos pasó en nuestras vidas. La situación es humillante. No podemos más». «Ponga otra vaca». «No, de ninguna manera». «Hágame caso. Ponga otra vaca».

A la semana fue a ver al rabino. «Vivimos en la violencia. Las vacas cagan en todas partes, no tenemos dónde dormir. Mi hija amenazó con dañarse y mi mujer enfermó. Ya la vida no tiene sentido. «Bien», le dijo el rabino. «Saque una vaca y venga a verme la semana que viene».

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Eso hizo. «¿Y cómo están?», preguntó el rabino. «Un poco mejor», contestó el padre. «Al menos pude dormir sentado, ya no parado. Pero todo sigue siendo bastante penoso, el hedor es insoportable y hace semanas que no hablo con mi mujer». «Bien, saque otra vaca».

Siete días después volvió. El rabino le preguntó cómo andaban y el padre respondió: «Ahora estamos bastante mejor. Ya dormimos acostados, pude abrazar a mi mujer, los chicos están bien, hasta comemos rico. La vaca todavía nos molesta un poco pero aprendimos a ponerla a un costado y ya estamos de mucho mejor humor». «Muy bien. Saque la última vaca y venga a verme la semana que viene», dijo el rabino.

Sacaron a la vaca y el padre fue a verlo una semana después. «¿Y qué tal ahora?», preguntó el rabino. «Maravilloso», respondió el padre. «La pieza nos queda grande, cada uno tiene su lugar, comemos todos juntos y nos abrazamos de alegría«.

-Anónimo

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